Enseñanza desde la etapa de bebés
Ourense tiene un pequeño ‘campus’ en la universidad que educa desde los 0 a 3 años de vida
En una zona verde a la que el ruido llega atenuado, a pocos metros de la biblioteca universitaria y de las facultades de Derecho, Empresariales o Turismo, los ciudadanos del mañana se forman, desde los primeros pasos, en la escuela infantil Concepción Saiz, que ayuda a la conciliación de madres y padres que trabajan en el campus universitario de Ourense, así como de otras familias del barrio y de la capital de As Burgas

Educadoras infantiles, con varios alumnos de la escuela Concepción Saiz Otero, del campus de Ourense. / IÑAKI OSORIO

«Desde el momento en que nacemos vamos evolucionando. Para mí la etapa educativa de los 0 a los 3 años es fundamental, porque las personas somos como una planta: empezamos a crecer y a adquirir valores, tanto los que se aprenden en casa como en la escuela». Roxana Rodríguez es la directora, por segundo curso consecutivo, de la escuela infantil Concepción Saiz Otero, un pequeño cole diferente, por su ubicación especial: en pleno campus universitario de Ourense, en una zona tranquila entre la naturaleza que permite, cuando el tiempo acompaña, trasladar al exterior las actividades educativas y de ocio.

La escuela infantil del campus y, detrás, las facultades del Edificio Jurídico Empresarial. / IÑAKI OSORIO
La escuela infantil, gestionada por una empresa adjudicataria bajo la supervisión de la Universidad de Vigo, ofrece soluciones de conciliación para el personal que trabaja en las facultades, así como a las familias del barrio y de zonas próximas, con un horario de funcionamiento que se adapta a las necesidades de los hogares. El 17 de marzo terminó el plazo de matriculación para el nuevo curso: de las 41 plazas existentes solo queda alguna, de momento, en el primer aula, la de los bebés. La clase para los menores de hasta un año tiene 8 plazas, 13 en el tramo de 12 a 24 meses de vida, y 20 en el aula de los niños y niñas de 2 a 3 años.
La Concepción Saiz, un recurso en funcionamiento desde hace más de una década, en unas instalaciones de arquitectura vanguardista y diseño bioclimático —la piel exterior de madera fusiona el edificio con el entorno verde del campus—, funciona durante once meses al año, de septiembre a julio, ambos incluidos, de lunes a viernes, excepto los festivos. La escolarización en este centro permite escoger entre la modalidad completa, desde las 10 a las 13 horas y de 15.30 a 18; durante toda la mañana, de 8 a 15; media jornada matinal, de 9 a 13 horas; o media jornada por la tarde, de 15 a 20 horas. Hay la posibilidad de solicitar una hora, a mayores, de acogida o de permanencia, según la situación de conciliación de las familias.
«Se crea un vínculo»
«Somos una pequeña gran familia, con mucho contacto con los hogares. Esta es una escuela pequeña, en la que todos los niños nos conocen a todas, aunque la misma profe está con los niños y niñas durante toda su etapa, desde los 0 a los 3 años», expone Roxana. Cuando termina esta fase —el siguiente ciclo en la educación infantil es ya en el colegio, en los niveles de Cuarto a Sexto—, «te entra una nostalgia, es muy emotivo, hay incluso lágrimas porque los has visto evolucionar y resulta muy satisfactorio ver cómo se van, siendo ya unas personitas, al cole de mayores, como lo llaman ellos», transmite la directora. «Se crea un vínculo», confirma.

Niños y niñas atienden a las profesionales durante la lectura animada de un cuento. / IÑAKI OSORIO
Educar a los ciudadanos del futuro, formar a los niños desde corta edad, es un trabajo de vocación. «Esta etapa se ve como de cuidar y de guardar, pero aquí se viene a aprender, la educación infantil en la etapa de 0 a 3 es muy importante. Siempre me llamó la atención poder enseñar a niños y niñas desde que son pequeñitos. A estas edades se crea una base muy importante», explica Roxana, que comenzó en esta escuela del campus como educadora, una faceta en la que continuó hasta el curso pasado. Ahora, además de ejercer la dirección, es docente de apoyo.
«Ves la evolución que van llevando, los avances que van logrando y que aprenden divirtiéndose, jugando, explorando y experimentando, la metodología que empleamos aquí. Cuando llegas a la clase de los 2 a 3 años, cuando se acaba la etapa aquí, te emociona comprobar todo lo que han logrado en estos años, aunque sigan siendo pequeños», valora Roxana.
La plantilla de profesionales está integrada por tres educadoras en aula, dos que son personal de apoyo y una trabajadora de la cocina, que elabora el menú a diario. Este es el único servicio que se paga, dado que la escuela es gratuita para las familias, como el resto de las guarderías privadas, cuyo coste financia la Xunta de Galicia. A mayores, en la actualidad, en la Concepción Saiz hay tres jóvenes en su periodo de prácticas, que comenzaron hace unos días.
Aprendes con ellos realmente, no solo es cuidarlos, sino también enseñarlos
Dedicarse al cuidado y la formación de los menores de cortas edades es una elección laboral que, en el caso de muchas profesionales, nace de una vocación temprana. «Desde que era pequeña siempre he tenido en mente estudiar educación infantil», cuenta Rafaela Queiroz, de 22 años, que está comenzando la fase de tres meses de prácticas —500 horas— en la escuela del campus, el punto formativo que pondrá el broche a sus estudios en el Ciclo Superior de Educación Infantil. Después accederá a la universidad y cursará el grado de esta especialidad.
«Antes dudaba entre la educación infantil y primaria, pero tras haber empezado las prácticas y, con el ciclo en sí, me decanto por infantil», completa. «Se me pasan muy rápido las horas, volando. Aprendes con ellos realmente, no solo es cuidarlos, sino también enseñarlos», destaca. «Paciencia, vocación y que te guste el trabajo», apunta, son las cualidades fundamentales. «Hay que tener cariño con los niños, saber cómo actuar con ellos, las palabras que dices y, sobre todo, que te guste lo que haces».
Coincide en la apreciación, desde los años de experiencia, la directora de la Concepción Saiz: «Tener empatía, vocación, cariño, paciencia y mucho amor».

Un parque infantil en un espacio de la escuela, anexo al aula. / IÑAKI OSORIO
La escuela infantil fue pensada para facilitar la conciliación de personal de la universidad, pero también están matriculados niños y niñas de familias ajenas al campus. «Nosotras nos sentimos privilegiadas del entorno en el que trabajamos y nos encontramos. Tenemos la suerte de estar en el campus y salimos mucho a hacer actividades de manipulación, de experimentación, de observación. Incluso llevamos a los niños de excursión en primavera y verano. Nos sentimos muy felices de poder tener contacto con la naturaleza y de que los niños puedan salir y experimentar», resalta la directora.

La escuela infantil está en una zona verde y tranquila del campus de Ourense. / IÑAKI OSORIO
Tres de las profesionales de la escuela infantil del campus son, además, madres. Es una experiencia vital que marca la diferencia al trabajar en este sector. «Ayuda, porque ves las situaciones como madre y como educadora, entiendes mejor lo que te dicen las familias», añade la directora.
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