Emprendimiento
De aldea vaciada a destino internacional: el proyecto en el rural de Ourense de Jonathan y Adrián
Los dos hermanos que arrancaron hace dos años la reforma de una bodega en ruina en San Miguel, en Maside, reciben ahora a turistas de medio mundo

Adrián y Jonathan, al inicio de la reforma de la vieja bodega. / IÑAKI OSORIO
Hace apenas dos años, en la pequeña aldea de San Miguel, uno de esos núcleos de la Galicia vaciada, ubicado en el municipio ourensano de Maside, solo había silencio. Hoy, además del sonido del viento y de los pájaros, se escuchan el rodar de las maletas y de los acentos llegados de media Europa , incluso de la cosmopolita Nueva York.
Detrás de esta transformación están Jonathan y Adrián Sotelo, dos hermanos que decidieron convertir, ellos solos y con sus propias manos, una bodega en ruinas de 1900 en una casa de turismo rural. Dado el éxito alcanzado, no descartan, con el tiempo, acometer otros proyectos en este ámbito profesional.
El punto de partida fue inesperado. En agosto de 2024 se hicieron virales después de ganar un premio de 3.000 euros en un programa de la Televisión de Galicia presentado entonces por María Mera. En el plató adelantaron cuál sería el destino del dinero: comprar una vieja bodega en estado ruinoso en el pueblo donde nacieron, para crear su propio proyecto.

El esqueleto de la antigua bodega se ha convertido en esta casa. / BOOKING
Lo que podía parecer un sueño improvisado se convirtió en un plan firme. Durante un año y siete meses no pararon de trabajar. «Tuvimos que recurrir a algunos ahorros y también a la ayuda de nuestros padres, pero lo hicimos todo nosotros: hasta la piscina y la decoración. Y eso que no teníamos ni idea de nada», recuerdan.
El proceso fue tan intenso como autodidacta: consultas constantes, búsqueda de materiales en distintos puntos, viajes por toda Galicia para encontrar las camas exactas que querían... «No tuvimos ni decorador, todo lo decidimos nosotros », recuerdan con orgullo, pese a que ninguno procedía del mundo del diseño o de la rehabilitación patrimonial.
Un pueblo que vuelve a latir
«La verdad es que nos va muy bien en las plataformas de viajes ‘online’; nos está llegando gente, incluso de otros países hasta el pueblo. Vamos, que no descartamos dedicarnos al turismo rural», explican ahora.
Cuando comenzaron la obra, San Miguel se encontraba totalmente deshabitado. «Mientras hacíamos el proyecto éramos aquí los únicos alcaldes», bromean. Hoy, gracias a su iniciativa, el núcleo ha ganado dos vecinos más, y visitantes habituales que son los propios clientes, enamorados de un lugar tan tranquilo como espectacular. «Nos llega gente de los puntos más distintos del mundo. Tenemos no solo de otras ciudades de España y de Europa, también de Nueva York o de Londres».

Una de las habitaciones del alojamiento. / BOOKING
La ocupación, aseguran estos hermanos, ha superado sus expectativas. Han tenido meses completos, incluso en diciembre. «No era solo por el Entroido, como se cree», subrayan, desmontando la idea de que el turismo en la zona sea meramente estacional.
Las valoraciones avalan el esfuerzo: una nota global de 9,8 sobre 10 en las plataformas como Booking, con una puntuación de 10 en limpieza y trato al cliente. «Nos viene gente de Francia, Portugal, de Madrid y también de las islas. Creemos que, además de la tranquilidad y las vistas, influye todo lo que hay en el entorno».
La ubicación juega a su favor. Muy cerca se encuentran las Termas de Prexigueiro, así como otros manantiales en Punxín. La ciudad de Ourense está a poca distancia, y el paisaje ofrece atractivos naturales que seducen a quienes buscan desconexión.

Interiorismo realizado también por los jóvenes. / BOOKING
Adrián, de 38 años, y Jonathan, de 35 —a quien su hermano llama Jonny—, no provenían directamente del sector, aunque sí su padre, del que aprendieron y quien les dejó material. Uno estudió Empresariales y trabajó como comercial; el otro, Informática. Precisamente es Jonathan quien ahora se dedica al cien por cien a la gestión de la vivienda, mientras que Adrián se centra más en la parte constructiva del proyecto.
Hace casi dos años, en plena vorágine de la obra, tenían clara una cosa: «No podíamos estar perdiendo el tiempo, había que permanecer activos y sacar esto adelante». Hoy, con una casa restaurada que suma amigos y clientes, ya piensan en el siguiente paso: «No descartamos hacer más inversiones y volver a restaurar otra casa en ruinas, cuando tengamos un poco más ahorrado».
Lo que empezó como rehabilitación de una bodega abandonada se ha convertido en una historia de emprendimiento rural, arraigo y visión de futuro. En un momento en el que muchos pueblos luchan por no desaparecer, esta aldea está en los mapas de viaje. Tras el vecino que se incorporó al poco de iniciar ellos la reforma se ha sumado otra familia. San Miguel vuelve a latir, gracias, en parte, a la visión de dos jóvenes emprendedores.
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