Universidad
Las carreras técnicas, el reto a afrontar en cuanto a brecha de género en el campus de Ourense
Los de ingeniería e informática son, con diferencia, los grados con menos mujeres matriculadas, con menos de un 30% de media
La UVigo, la universidad gallega en la que menos ingenieras se matriculan

Un grupo de estudiantes repasan apuntes en el Campus Auga / Iñaki Osorio
A vísperas del 8M surgen los debates y reflexiones sobre si se ha avanzado cara a una igualdad de género en los diversos sectores de la sociedad, o queda trabajo por hacer. El universitario no es una excepción, y analizar los matriculados y matriculadas en las facultades una buena forma de saber si, a la hora de elegir carrera, sigue habiendo prejuicios que marquen una brecha de género. En Ourense, la respuesta a esta pregunta va por capas: en el número total de estudiantes, los resultados muestran una paridad casi perfecta (un 55,51 % de mujeres frente a hombres), pero esta teoría se desmonta cuando se analiza al detalle.

Las carreras técnicas tienen grandes problemas al atraer mujeres a la matriculación / Simón Espinosa
Los datos de matriculados frente a matriculadas en el campus son esclarecedores: las carreras de Ingeniería tecnologías e informática presentan a día de hoy aulas claramente masculinizadas. Durante el último curso 2024/2025, los cuatro grados universitarios de esta vertiente tuvieron un 26,71 % de matriculación femenina de media, o lo que es lo mismo, en sus cursos hay una mujer estudiante por cada tres hombres. Echando la vista atrás, el dato no mejora, pues respecto al curso 2015/2016, el aumento de presencia de alumnas fue de un 6,2%, es decir, avanzó menos de un punto porcentual por año académico. ¿Qué sucede entonces para que los números globales sean igualitarios? Que otras ramas de la educación presentan en contraparte una matriculación femenina mayoritaria. Es el caso de Ciencias de la Salud y Educación y Trabajo Social, que en los últimos 10 cursos no han bajado de una matriculación media del 79% de mujeres, y en algunos años ha sobrepasado el 85%. Las tres ramas restantes son las que presentan, al menos en cuanto a cifras, una igualdad de género patente. Se trata de Servicios y empresa, Sociedad y ciencias jurídicas y Ciencias, que a lo largo de la última década no se desviaron de entre el 40% y el 60% de matriculación femenina, el baremo en el que se considera que no existe una brecha de género.
Alma María Gómez, profesora del Departamento de Informática, señala que estos datos concuerdan con el instinto de auxilio que se le presupone históricamente con el género fememino, pues «vemos que en ciencias da saúde ou a educación hai profesións e carreiras feminizadas, porque moitas veces se fala de que as mulleres tendemos cara os coidados, e vemos estas saídas como preferentes». Sin embargo la docente considera que este mismo cariño por el otro se puede aplicar en los grados técnicos, a pesar de ciertas ideas preconcebidas: «A min gústame destacar que coa tecnoloxía tamén se pode coidar, a pesar de que se pense que estas carreiras son frías ou illadas á sociedade, algo que non é para nada certo. Por exemplo, algo tan simple como un reloxo intelixente pode facer que unha persoa maior alerte no momento dunha caída. Aquí tamén traballamos cos servizos hospitalarios facendo ferramentas que, por exemplo, axuden a detectar un cancro cando se fai unha endoscopia. Iso mellora a vida da xente e non coida só a unha persoa, senón a todas as que empreguen un programa ou ferramenta que desenvolvamos», apunta.
Ingeniería informática, la tarea pendiente
Si se analizan estos datos de matriculación por carreras, las cifras no distan de lo que reflejan las ramas, pero sí permiten ver aquellos grados en los que hace falta algo de trabajo adicional. Este es el caso de Ingeniería Informática, que durante los últimos 10 años ha sido la carrera más masculinizada del campus. El porcentaje de mujeres matriculadas apenas ha alcanzado el 15%, por lo que en sus pupitres no llega a haber una alumna por cada cuatro alumnos, algo que sí se consigue en Ingeniería Aeroespacial o Inteligencia Artificial, sus dos «perseguidoras» en cuanto a cotas bajas. Gómez vuelve a apuntar a la percepción social sobre dicha profesión como la causa del problema: «Cando se fala da informática, vaise moito á idea desas series cunha persoa solitaria tecleando. Iso non é a realidade, o traballo de informática faise sempre cun equipo multidisciplinar coa que vas tratar de detectar o problema e deseñar unha solución en conxunto e acordándoa co resto de persoas». Señala también que la poca presencia femenina puede ser la que frene la llegada de nuevas alumnas por una cuestión de inercia, pues «moitas veces as familias ou as propias rapazas, cando van a matricularse, poden ter certo medo e pensar ‘Como me vou meter nun mundo tan masculinizado?’ Eu traballei tempo na empresa privada e nunca tiven un problema de sexismo ou diferenciación por xénero, é un entrono moi accesible e moi claro para nós», explica.
En cuanto a evolución, la diferencia de porcentajes en una misma carrera a lo largo de los años no es abultada en la mayoría de las carreras de Ourense, pero hay una que marca la diferencia, y en un aspecto negativo. Hablamos del grado en Ingeniería Agraria, que ha bajado significativamente en cuanto a presencia de mujeres. En 2015, las alumnas suponían el 48% de la clase, marcando una clara paridad, pero en el último curso académico, la cifra no ha superado el tercio: hubo 539 hombres y 105 mujeres. Alma admite que este descenso es algo conocido por los docentes y debatido en varias ocasiones. En este caso, creen que «o tema de que se chame ‘Enxeñería’ é algo que bota para atrás ás familias e as propias alumnas, que cando ven unha titulación con ese nome percíbena como máis difícil ou inaccesible». Su teoría cuadra con el hecho de que esta carrera no pertenece a la rama técnica, si no a la de Ciencias, y el resto de su rama (Ciencia y Tecnología de los Alimentos y Ciencias Ambientales) presentan una mayoría de mujeres en la matrícula. Además, la titulación agraria tiene una gran parte de contacto con la naturaleza: «É o que antes se coñecía como peritos agrícolas, e aparte diso, é unha carreira moi bonita na que tratas de proporcionar a situación idónea para que os cultivos se dean da mellor maneira, deste xeito tamén se pode interpretar como un coidado», señala.
Bajo ratio en campus
La poca presencia de mujeres ingenieras no es un reto único del campus de Ourense, sino uno nacional. El Observatorio de la Mujer Ingeniera en la Industria Española señala que la brecha de género en las carreras STEM (Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas, por sus siglas en inglés) «sigue siendo un desafío» en el país, y que de 750.000 trabajadores que hay en la profesión de la ingeniería, el porcentaje de mujeres se mantiene en torno al 20%, un dato similar al que presenta la ciudad de As Burgas.

La UVigo, la que menor porcentaje de ingenieras logra reclutar en Galicia / Simón Espinosa
A nivel gallego, el resto de campus de la comunidad autónoma no son una excepción, y también experimentan problemas para atraer talento femenino, aunque a diferentes niveles. Si se analizan como conjunto, la UVigo se queda rezagada en cuanto a presencia femenina en carreras técnicas frente a la USC y la UDC: ambas cuentan con un 31% de mujeres en sus aulas, mientras que la olívica se queda en el 27%. Pormenorizado por campus el dato no mejora,las facultades viguesas se encuentran en lo más bajo de la lista, y superadas por cualquier otra. De las internas, es Pontevedra la que tiene peores números (15,5%), seguida de Ourense (26,7%). Alma María señala que esta diferencia intergalaica está relacionada con las titulaciones que se imparten en cada facultad: «Inflúe tamén o tipo de enxeñería, porque a informática é a máis baixa deste campus pero tamén a mási baixa a nivel nacional, e iso perxudica a outras carreiras de aquí, como Aeroespacial ou Intelixencia Artificial, que presentan mellores resultados. No campus de Vigo, por exemplo, hai moitísimas enxeñerías diferentes e con moitos alumnos, e iso tamén inflúe no cómputo global», explica. Su teoría concuerda con la realidad: la UDC enfoca su oferta en técnicas navales, aeronáuticas o de arquitectura, mientras que la UVigo opta por titulaciones relacionadas con la gestión forestal, agraria o alimentaria.
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