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Universidad

Ourense lidera un proyecto europeo para mejorar la teleasistencia y la resiliencia climática de las aldeas vulnerables

Con una financiación de casi 3 millones de euros, el proyecto europeo Active-N, que lidera la UVigo, desarrollará sistemas de teleasistencia y herramientas digitales, contando con la colaboración de los usuarios finales

Los diferentes investigadores e investigadoras del proyecto, presentes en la jornada de apertura.

Los diferentes investigadores e investigadoras del proyecto, presentes en la jornada de apertura. / Iñaki Osorio

Ourense

La situación vivida en la vaga de incendios del último verano, en la que diversas aldeas de concellos como Monterrei, A Rúa o Carballeda de Avia tuvieron que ser confinados o evacuados, expuso la compleja realidad que vive la provincia. Un territorio marcado por la ancianidad, la despoblación y los núcleos dispersos, en el que al riesgo de soledad, discapacidad o exclusión digital se le suma la exposición a riesgos naturales. Pero estas aldeas presentan otra cara de la moneda: la de comunidades sabias y longevas, que durante siglos han sabido valerse por sí mismas y conocen el paraje natural que les rodea como la palma de su mano. ¿Qué pasaría entonces si fueran estos mismos vecinos quienes decidieran cómo y cuándo les ayudarían de mejor forma las últimas tecnologías en asistencia y cuidados? Es en base a este pretexto que el campus de Ourense lidera una iniciativa pionera, en el que cuenta con hasta 20 socios internacionales de Francia, Portugal o Irlanda.

Se trata del proyecto Active-N, que tratará de reforzar la resiliencia climática de comunidades vulnerables en el Arco Atlántico (el compendio de estados y autonomías a las que baña dicho océano), y que desde ayer y hasta mañana vive en el Edificio de Ferro sus primeras jornadas de trabajo con investigadores de diversos países. De las 20 instituciones involucradas, doce cuentan ya con un presupuesto financiado tanto por fondos europeos como autonómicos, y que en conjunto llega a los 2,88 millones de euros. Como líder de la investigación, la Universidade de Vigo se encarga de coordinar los aspectos científicos y estratégicos del proyecto, en los que están involucrados dos grupos de investigación: Gen, de la Facultade de Empresariais e Turismo; e Historia Contemporánea 1, de Educación e Traballo Social, que lidera la erudita Maribel Doval.

Poner lo social en lo tecnológico

Es ella misma quien explica dónde reside el carácter innovador del proyecto, pues aunque ya se han realizado múltiples trabajos sobre teleasistencia, centrarse en su factor social era todavía una tarea pendiente: «As institucións que participamos neste proxecto vimos de zonas cun marcado envellecemento poblacional, pero tamén por unha mellora notable dos servizos sociosanitarios que en múltiples casos teñen que prestar coidados permanentes. Pero que teñan esta necesidade de asistencia non quere dicir que sexan sempre suxeitos pasivos, e deben seguir tomando decisións sobre as cousas que lle afectan na súa propia existencia», cuenta.

Y es que el consorcio se basa en la creencia firme de que la gestión de los riesgos ambientales y el reto de la exclusión social se debe abordar de manera integrada, y que sólo combinando su lucha se puede lograr un Arco Atlántico más justo y resiliente. Esta sintonía se expresa al darle a las personas usuarias un papel destacado en el diseño de sistemas de asistencia para poder proporcionarles el que les sea más confiable, pero también a la hora de tener en cuenta la sabiduría local sobre zonas en riesgo climático, como se pudo apreciar en la lucha vecinal contra los incendios en Ourense: «Esta xente podería ter axudado moito á hora de localizar roteiros ou sinalar espazos nos que fose máis fácil acceder, e iso é algo que para os sistemas actuais de teleasistencia tamén se poden aproveitar. Queremos que as ferramentas non só controlen ou monitoricen á xente, senón darlle un plus de participación», añade Doval.

Esta primera jornada presencial que se lleva a cabo en el Edificio de Ferro es el pistoletazo de salida a los 30 meses de financiación con los que cuenta el proyecto. Durante esta etapa, se desarrollarán distintos sistemas piloto de teleasistencia o se desarrollarán herramientas digitales de comunicación rápida «sempre contando con usuarios e usuarias finais», incide Doval. Eso sí, para soñar en grande hace falta una base, y a eso se están dedicando estas primeras jornadas, en las que se ha trabajado en definir algo básico pero fundamental como es buscar una definición común de teleasistencia entre países. «Non hai un concepto común nos catro países europeos implicados. As estratexias son diversas, os colectivos aos que van implicados tamén, pero é moi importante armonizar conceptos para poder aplicalos a contextos diferentes», explica Maribel.

Doval afirma que este proyecto consolida a Ourense como referente europeo na intersección entre resiliencia climática, innovación social e gobernanza inclusiva, pero no es la primera vez que se testea en la provincia termal iniciativas de grandes dimensiones relacionadas con riesgos climáticos o envejecimiento o despoblación (la Facultade de Educación salió beneficiaria del programa RuralSilverHubS, y el proyecto FIRE-RES sobre incendios forestales instaló un punto de control en el distrito Miño-Arnoia). Lejos de ser una casualidad, Maribel asegura que la provincia es ya un «living lab», o laboratorio vivo, en el que las instituciones de todo el continente encuentran un banco de pruebas ideal «para desenvolver proxectos, case sempre financiados pola Unión Europea, porque o que está a acontecer agora en Ourense vai ser a realidade nun futuro non tan lonxano de moitos territorios do resto de países».

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