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Sociedad

Cruz Roja busca ampliar su red de acogimiento familiar en Ourense

El recurso, dependiente de la Xunta, cuenta con 47 hogares, pero necesita aumentar su base para garantizar estabilidad a niños en situación de protección | Tres menores aguardan un hogar temporal en la provincia

Patricia Malvido y Victoriano Fernández con la bebé que tienen acogida actualmente. | ROI CRUZ

Patricia Malvido y Victoriano Fernández con la bebé que tienen acogida actualmente. | ROI CRUZ

Ourense

El proyecto de acogimiento familiar de Cruz Roja, que este año cumple su 30 aniversario, celebró la finalizada semana una charla en la ciudad para ampliar su red de familias acogedoras, un programa esencial para que muchos menores puedan conocer de primera mano una cotidianidad en un hogar estable. Niños y niñas que tienen en común algo: «no están en protección por lo que hayan hecho, sino por lo que los adultos de su entorno dejaron de hacer por diversos motivos».

Así lo explica la psicóloga Sonia López, técnica del proyecto de acogimiento de Cruz Roja en la provincia, que sostiene que son «niños, niñas y adolescentes que llegan al sistema de protección porque la administración tiene que intervenir para garantizar su bienestar». El recurso, dependiente de la Xunta y gestionado por Cruz Roja, busca para ellos una familia ajena, es decir, sin vínculo previo, que los incorpore a su vida cotidiana de manera plena aunque temporal, porque acoger en ningún caso es adoptar. Ese es el punto en el que más hincapié hace la trabajadora para que nadie se cree unas expectativas que no son porque «estos niños tienen padres» y la finalidad del programa es siempre «que puedan regresar con su familia de origen cuando esta reorganice su situación personal, económica o social».

Los números que son caras

En cifras, la actualidad gallega demanda un hogar temporal para 73 menores con distintos perfiles, desde niños muy pequeños hasta adolescentes, pasando por grupos de hermanos o menores con necesidades especiales. En Ourense el dato se reduce: a día de hoy son tres los pequeños que necesitan una estabilidad mientras su familia biológica no puede hacerse cargo. «Los números son cambiantes, pero la necesidad es constante», resume López.

Para probar su aseveración están los datos del 2025. En el pasado año fueron 34 las familias ourensanas que acogieron a 48 menores dentro del programa. En el conjunto de Galicia, 225 familias atendieron a 301 niños, niñas y adolescentes en algún momento del año.

La red gallega cuenta actualmente con 316 familias acogedoras, pero el objetivo es ampliarla. El deseo es el mismo en Ourense, donde son 47 las familias que abren las puertas de sus casas a uno o varios miembros que saben que no podrán formar un vínculo permanente.

Los números son en realidad nombres. El matrimonio que forman Patricia Malvido y Victoriano Fernández son una de esas viviendas donde uno más no supone una carga sino una absoluta dicha, pese a que haya dificultades. Los ourensanos llevan casi una década dentro del programa y empezaron como suceden la mayor parte de las cosas «por casualidad».

El matrimonio junto a la psicóloga del proyecto, Sonia López. | ROI CRUZ

El matrimonio junto a la psicóloga del proyecto, Sonia López. | ROI CRUZ

Patricia lo recuerda como si fuese ayer, aunque fue en 2017. «Íbamos paseando por el centro comercial y yo vi un stand de Cruz Roja y me paré a ver qué era lo que necesitaban. Él— su marido— no, siguió caminando y me dijo que apurásemos, pero yo vi el cartel ‘ningún niño sin hogar’ y quise saber más». Es ahí donde entró Sonia. Les dio información del programa, pero, además, los invitó a acudir a Cruz Roja para verdaderamente desglosar los pormenores de un proyecto con tanto impacto. Poco tiempo después ya estaban participando en una formación y desde entonces «nunca hemos tenido la casa vacía, no sé cómo sería una casa sin niños», confiesa Patricia.

Los requisitos

Cualquier persona, pareja o matrimonio —con o sin hijos— puede convertirse en familia acogedora, siempre que cumpla una serie de condiciones. La edad mínima orientativa es de 25 años y no existe un límite máximo cerrado, aunque se exige buena salud física y emocional.

Más allá de los requisitos formales, López insiste en tres pilares fundamentales: que toda la unidad familiar esté de acuerdo, que exista estabilidad —económica, relacional y personal— y que se tenga claro que no se trata de un proceso adoptivo. «El proyecto es muy bonito, pero hay que ser conscientes de que existe un proceso de adaptación», subraya, «los niños no conocen a la familia y la familia no conoce al niño. Hay que construir rutinas, normas y vínculos desde cero», advierte.

A ello se suma otro elemento clave: las visitas obligatorias con la familia de origen. El contacto no se pierde porque el objetivo último es la reunificación y precisamente por ello ninguna de las partes sabe cuánto tiempo durará el acogimiento, solo el tiempo máximo: 2 años. Durante todo ese tiempo Cruz Roja realiza un acompañamiento para revisar tanto la situación de la familia de origen como la de acogida y, sobre todo, el bienestar del niño o de la niña.

Huella emocional

Victoriano y Patricia son ya veteranos en esa experiencia. En casi una década han compartido su vida con 15 menores de distintas edades. Aunque al inicio él se mostraba escéptico — «¿Cómo nos van a dar a nosotros un niño?», se preguntaba—, tras las sesiones de formación y el impulso de su hija y su mujer, se ha convertido en lo que los técnicos denominan un «acogedor de referencia». «Todos los niños están loquitos por él», ensalza su mujer que ostenta el mismo título.

Pero la experiencia no elimina el peso emocional. En su caso, han acogido desde bebés hasta niños de 9 años, enfrentándose en ocasiones a «momentos complicados» por problemas de salud o inseguridades afectivas de los pequeños. «Cada niño es diferente, así que cada experiencia también, pero es muy positivo, ves la evolución, cómo su comportamiento se reconduce y cómo ganan seguridad», explican con orgullo.

En su hogar de Ourense, el acogimiento ha involucrado a toda la familia, incluidos sus hijos biológicos y ahora sus nietos, quienes tratan a los menores acogidos «como si fueran sus propios primos». Sobre la duda de ¿es posible hacerlo pese al dolor de la despedida? Ellos lo tienen claro: «Se pasa mal porque aunque sabes que se tienen que ir los echas de menos, pero estamos encantados de que se arregle su situación para que vuelvan con su familia; son lloros bonitos».

Para Patricia y Victoriano, la recompensa es la certeza del cuidado diario: saber que el niño «durmió calentito, cambiado y alimentado». Una labor que, aseguran, «podría realizar cualquier persona con corazoncito».

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