Entrevista | Claudia Jiménez y Nery Sánchez Representantes del comercio justo latinoamericano
«No promovemos una competencia desleal, sino un mercado con hueco para todos»
Los salvadoreños hacen una gira por Galicia para abordar la crisis de sus productos

Nery Sánchez y Claudia Jiménez, en Ourense. / ROI CRUZ
-Vienen a explicar a Ourense la realidad que vive el comercio justo en Latinoamérica. ¿Qué problemáticas y beneficios afronta en este momento?
-Claudia Jiménez: Desde CLAC (Coordinadora Latinoamericana y del Caribe de Pequeños Productores de Comercio Justo) trabajamos con organizaciones certificadas en diferentes países; son 20 países principalmente en Latinoamérica y el Caribe. Damos asistencia técnica a productores y productoras y venimos a explicar las problemáticas y también los beneficios que enfrentan, y desde la parte de Nery, la vivencia. En problemáticas hablamos de cambio climático, de productividad que ha bajado en los últimos años y de temas financieros: si baja la productividad y el cambio climático afecta, muchas veces los costos de producción no se logran cubrir porque se trabaja todo el año, pero la cosecha no ha sido tan grande.
-Nery Díaz: Sí, quizás uno de los problemas es el cambio climático, que ha traído enfermedades para la planta y eso ha afectado la producción. Al faltar producción viene el problema de los ingresos y se hace difícil darle mantenimiento a la planta. Se retrasan actividades, otras no se logran hacer, y eso da como resultado poca producción y eleva los costos.
-La situación que cuenta suena similar a la que llevó al sector primario de Ourense a manifestarse estos meses.
-C: Así es. Los problemas en la agricultura son bastante similares. Algunos cambian según el cultivo, sobre todo por plagas y enfermedades, pero al final eso está haciendo que a nivel mundial los costos de alimentos y bebidas aumenten y al consumirlos también se note. Por eso ya no nos enfocamos tanto en cantidades, porque los volúmenes no se logran producir, sino más bien en calidad: ofrecer productos que no solo estén certificados en comercio justo, sino que contribuyan al medio ambiente, busquen la protección de derechos a nivel social, una vida más digna y que, además, sea un buen café o un buen chocolate.
-La actualidad del comercio viene marcada por el acuerdo de libre comercio entre UE y Mercosur. ¿Cómo influye al comercio justo latinoamericano?
-C: La verdad es que es muy beneficioso, porque la mayoría de lo producido en Latinoamérica se exporta hacia Europa. Además, ha habido cambios en legislaciones europeas, como la de no deforestación y la de debida diligencia, y ahora va a haber una de empoderamiento del consumidor. Para nosotros es conveniente generar conciencia, pero a veces lo difícil es evidenciarlo como se pide, porque los productores ya lo venían haciendo desde antes: reforestar más, no deforestar, porque a quien más afecta es a ellos mismos. Lo complicado es documentarlo de la manera en que se quiere. Y ahí se busca diálogo para encontrar un punto intermedio y que también los países europeos contribuyan a esos costos adicionales.
-Precisamente, las protestas del sector primario fueron motivadas por el rechazo a este acuerdo, pues ven que supondría una competencia desleal para el producto local.
-C: Con la directriz de empoderamiento al consumidor, la idea es que la información vaya en el producto final, por ejemplo con un QR, para que la persona consumidora elija de manera informada. Si quiere uno de origen propio, kilómetro cero, o si busca otro producto que además haga un proyecto social. En comercio justo no promovemos competencia desleal, sino que haya un mercado para todos y que se pague lo que es justo, lo que se necesita para una vida digna de productores y productoras.
-N: Sí, al final quien carga con todos los costos es el productor. Muchas veces nos toca vender el producto al precio que está y eso implica pérdidas. Por falta de ingresos lo tenemos que vender inmediatamente y no podemos esperar para negociar un mejor precio.
-En estos encuentros por toda Galicia, están también conociendo la realidad del comercio justo en España. ¿Están notando similitudes o diferencias en comparación con la situación en Latinoamérica?
-C: Hay algunas problemáticas similares, pero se nota, por ejemplo, en el salario mínimo. En El Salvador el salario mínimo para un productor y lo que reciben realmente son 300 dólares mensuales, y aquí el salario mínimo es más elevado y puede permitir condiciones de vida más dignas. En El Salvador es más una economía de subsistencia, ir al día a día, y sí existe esa brecha económica y social. Pero al final lo principal es enfocarnos en productores pequeños, porque las grandes empresas ya tienen ganancias aseguradas. Si consumimos productos más locales o productos de otros países pero que sean más conscientes y responsables, ya generamos cambio. Y al final quien tiene el poder son los consumidores: si exigen productos con información clara, que contribuyan al medio ambiente y a un pago más justo, eso empuja cómo se produce y cómo se comercializa.
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