Emprendimiento con hilo y aguja: la historia de Madejas Tejerlo y su apuesta por lo local y lo auténtico desde el interior de Galicia
Iván Argáiz y Fran Vilanova dejaron la estabilidad para levantar un proyecto artesanal desde Ribadavia que combina comunidad, fibras naturales y tintes con historia en tiempos de consumo rápido

Fran Vilanova y Iván Argáiz, fundadores de Madejas Tejerlo / Cedida
En una época marcada por la inmediatez, lo low cost y el consumo rápido y desechable, hay gestos que van a contracorriente. Uno de ellos es sentarse, coger unas agujas y empezar a tejer. Otro, quizá más arriesgado, es convertir ese ritual en un modo de vida. Iván Argáiz y Fran Vilanova, matrimonio residente en Ribadavia, eligieron ambas cosas. Se conocieron en Logroño y, tras un intenso proceso, en 2022 abrieron Madejas Tejerlo, un negocio especializado en hilos y madejas que reivindica el «hazlo tú mismo» como experiencia integral alrededor de la creatividad, el bienestar y comunidad.
«No hubo un único momento», explican cuando se les pregunta por el punto exacto de inflexión. Lo que existió fue una sensación persistente, la necesidad de construir algo propio, coherente con su manera de entender la vida. A partir de ahí, el cambio fue tomando forma como un tejido paciente, punto a punto.
Sus trayectorias anteriores eran sólidas y exigentes. Fran venía del mundo docente y creativo, pero también del ámbito sanitario: trabajó como fisioterapeuta, siempre ligado al cuidado del cuerpo y de las personas. En su caso, el tejido apareció como otra forma de acompañar procesos, una manera de cuidar distinta, más silenciosa, pero igual de profunda. Iván, por su parte, trabajaba en una gran empresa en un puesto de dirección, con mucha responsabilidad y equipos amplios a su cargo. Estabilidad, sí, pero también una presión constante. Ambos compartían la intuición de que querían algo «más conectado con las manos y con los valores».
Queríamos crear algo más nuestro, más conectado con las manos y con los valores
Emprender no fue un salto al vacío, sino una decisión medida. «Hubo vértigo, claro», reconocen. Dejar caminos seguros siempre lo tiene. Pero pesó más la convicción y la idea de crecer sin romper la esencia. «Decidimos ir despacio, sin hipotecar el alma del proyecto». En un mercado que empuja a acelerar, su apuesta fue justo la contraria, construir con tiempo y con sentido.
Madejas Tejerlo se mueve en un sector de nicho, pero ellos lo describen como «un nicho lleno de vida». Porque tejer, insisten, no es solo lana. Es tradición, creatividad, bienestar y, sobre todo, comunidad. Su enfoque va más allá de vender ovillos. Buscan cubrir necesidades reales del día a día de quienes tejen. Piensan metrajes para completar prendas sin gastar de más, cuidan la calidad para que el resultado luzca sin disparar el presupuesto y se apoyan en fibras naturales como el algodón, donde son especialmente exigentes con el tacto, la caída y el rendimiento.
El “hazlo tú mismo” no es una moda pasajera; es una necesidad de volver a crear
También han desarrollado ovillos degradados que facilitan la creación: el color ya forma parte del diseño y acompaña la prenda sin necesidad de técnicas complejas. Y, como parte de esa mirada a lo esencial, incorporaron el tinte natural. Surgió de la curiosidad y del respeto por los procesos tradicionales: plantas, raíces, cortezas, formación, experimentación y paciencia. Para ellos, «el color no es solo estética, es historia y territorio».
Supervivencia del comercio local
En el debate sobre cómo se sostiene el comercio local hoy, Iván y Fran tienen clara su respuesta: la clave está en la experiencia y en el vínculo. Venden online, sí, pero recorren España participando en ferias y mercados para que la gente pueda tocar el hilo, sentirlo, verlo. Ese tú a tú les permite conocer qué proyectos ilusionan, qué preocupa, qué se busca en una madeja. Después, la compra digital llega como una extensión natural de una relación que ya existe.
Su clientela, cuentan, es diversa y cada vez más joven. Muchos han descubierto el tejido como forma de expresión y como espacio de calma; otros llevan toda la vida haciéndolo y encuentran nuevas posibilidades. En el fondo, el «hazlo tú mismo» no sería una moda, sería una necesidad de volver a crear con las manos.
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