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Religión

155 curas en activo en Ourense y 735 parroquias: «Para muchos vecinos, la misa es la oportunidad de verse»

La escasez de sacerdotes en la diócesis obliga a simultanear la atención de varias iglesias. Tomás Delgado, de 68 años, es uno de los religiosos 'multiparroquia': administra con otros dos religiosos 16 templos en la comarca de A Limia: «La vocación no se agota, me siento útil». Dan servicio en los lugares más afectados por la despoblación: «Hay gente que me dice: ‘Mientras pueda, venga, porque, si no, cerramos el templo’»

Tomás Delgado, vistiéndose con la ropa sacerdotal, en la sacristía de la iglesia de Xinzo.

Tomás Delgado, vistiéndose con la ropa sacerdotal, en la sacristía de la iglesia de Xinzo. / ROI CRUZ

Javier Fraiz

Javier Fraiz

Ourense

En la diócesis de Ourense, un territorio eclesiástico que se extiende por 5.281 kilómetros cuadrados y en el que residen 260.000 personas —la parte noreste de la provincia, fundamentalmente la comarca de Valdeorras, pertenece al vecino obispado de Astorga—, hay un total de 735 parroquias estructuradas en 12 arciprestazgos. A pesar de las nuevas vocaciones, el número de curas en activo cae y manda el envejecimiento en un colectivo con una dedicación laboral que se alarga durante varias décadas, por vocación y también por necesidad, con una elevada media de edad en una de las cunas europeas de la longevidad, como es Ourense. En la diócesis hay 230 sacerdotes, pero uno de cada tres ya se ha retirado del trabajo. La cifra de curas en activo es de 155 actualmente.

Entre los 230 sacerdotes el 37,8% —un total de 87 religiosos— supera los 75 años. Hay 46 sacerdotes que se encuentran en la franja de 76 a 85 años, mientras que 41 han alcanzado edades aún más avanzadas, entre los 86 y 95 años. En el grupo de 66 a 75 años se encuentran 40 curas en la diócesis, más del triple de los que componen la nueva generación: 12 curas tienen entre 25 y 35 años.

Hay 27 religiosos que ejercen como sacerdotes y se encuentran en la franja de los 36 a los 45 años, mientras que un total de 38 curas ourensanos tienen entre 46 y 55 años, y hay 26 con edades comprendidas entre los 56 y los 65 años. La etapa vital que para la mayoría de la población implica la fase de descanso después de la vida laboral, y la entrada en el estado de jubilado, es todavía un tiempo de actividad para los sacerdotes, siempre que la salud lo permita.

Tomás Delgado Gándara (A Canle, Lobeira, 1958) sobrepasa las cuatro décadas en activo en el sacerdocio. Con 68 años es uno de los curas ‘multiparroquia’ de la realidad ourensana actual. La escasez de curas obliga a simultanear la atención de varias iglesias. Con dos compañeros, Tomás se encarga de la administración de dieciséis parroquias en la zona de A Limia. Recorre hasta 300 kilómetros al mes para cubrir la distancia entre los distintos templos en lo que presta actividad pastoral y litúrgica, con una actividad especialmente intensa durante los fines de semana. El martes es su único día libre, y solo si sea posible, porque la celebración de las exequias de un funeral va por delante del descanso.

«La vocación no se agota», asegura este religioso. «El trato con la gente y con Jesús son las principales motivaciones. Te sientes útil. La labor del sacerdote es una de las más gratificantes», valora Tomás.

El sacerdote Tomás Delgado, en el exterior de la iglesia de Xinzo, este jueves.

El sacerdote Tomás Delgado, en el exterior de la iglesia de Xinzo, este jueves. / ROI CRUZ

«Mientras podamos, queremos seguir atendiendo todas las parroquias»

Tras su ordenación como sacerdote en 1982, la parroquia de Canedo, en el municipio de Ourense, se convirtió en su primer destino. «Después fui al servicio militar, al regresar estuve en la parroquia del Sagrado Corazón, pasé ocho años como padre espiritual y formador en el Seminario Mayor y, en 1995, llegué a Xinzo», recuerda.

Hace treinta años, entre él y otro cura se ocupaban de dos parroquias. Ahora un equipo de tres asume las dieciséis. «Dos de nosotros estamos siempre y uno viene los fines de semana a apoyar, porque uno de los compañeros que está por la semana tiene que acudir a Calvos de Randín, donde se ocupa de once parroquias», describe Delgado. Su relato aporta otro ejemplo de la organización actual de los curas para dar abasto.

En algunos templos, la afluencia de feligreses es más numerosa que en otros, con varias decenas de fieles en las eucaristías, como sucede en la iglesia principal de Xinzo. En otras parroquias de zonas más rurales y con menor población, hay misas en las que puede haber 10 o 15 personas. A Tomás no lo mueve la cifra, sino sentir que presta servicio en todos los lugares, incluidos los que han ido perdiendo habitantes de forma clara.

«Nuestra idea es que, mientras podamos, queremos seguir atendiendo todas las parroquias», subraya. En algunos templos, «si la gente no va más, es porque no hay más gente. Algunas parroquias son muy pequeñitas», ilustra el religioso, que da muestra sobre la situación demográfica del rural.

Tomás Delgado, en el altar de la iglesia de Xinzo.

Tomás Delgado, en el altar de la iglesia de Xinzo. / ROI CRUZ

«Antes lo raro era no ir a misa; ahora, lo raro es ir»

Acudir a la iglesia brinda a muchos vecinos la oportunidad de hacer vida social, además de practicar su credo. Sirve para mantener abierto y conservado el templo, que es el icono del patrimonio cultural de los pueblos, también el inmaterial. «Hay gente que me dice: ‘Mientras pueda, venga, porque, si no, cerramos el templo’», comparte Tomás. «Para muchos el día de misa es la oportunidad de verse, charlar, poner ropa de domingo, y visitar a sus difuntos», recuerda.

Con su experiencia de cuatro décadas con la sotana, el sacerdote Delgado ve un cambio sociológico evidente entre los practicantes. «El gran problema es que la juventud se ha alejado bastante de la vida parroquial, por el ritmo de vida y también por su estilo de vida», opina. «Antes lo raro era no ir a misa; ahora, lo raro es ir».

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