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Juicio

Una mujer acusa en Ourense de estafa a su amante, que tiene otras condenas: «Llevo seis años en un infierno, decía que me iba a arruinar la vida»

La perjudicada cifra en 156.000 euros el dinero que entregó al acusado bajo distintos pretextos. Al principio confiaba en él y lo creyó, hasta que se vio «presionada». Él niega el engaño y atribuye esta denuncia a «despecho»

El acusado, F. A. I. P., en el juicio celebrado este miércoles en la Audiencia Provincial de Ourense. | IÑAKI OSORIO

El acusado, F. A. I. P., en el juicio celebrado este miércoles en la Audiencia Provincial de Ourense. | IÑAKI OSORIO

Javier Fraiz

Javier Fraiz

Ourense

Con condenas a sus espaldas por fraudes, F. A. I. P. fue juzgado este miércoles en la Audiencia Provincial de Ourense, acusado de estafar 156.000 euros a una mujer con la que llegó a tener una relación de amantes tras comenzar como amigos en Facebook en 2019. La mayoría fueron entregas en mano durante tres años. «Le creía porque éramos pareja. No me imaginaba lo que sé ahora», dice ella. «A finales de 2022 ya no tenía más dinero que darle. Pero cuando le decía que menos tenía, más me presionaba. Decía que se lo iba a contar a mi familia, que me iba a arruinar la vida y que iba a negar todo», relata la perjudicada, que denunció en febrero de 2023. Sigue a tratamiento de salud mental por estos hechos. «Es una situación que no logro superar, por la falsedad, el engaño y la traición psicológica, emocional y económica. Llevo seis años en un infierno».

La acusación particular solicita seis años de prisión por una presunta estafa agravada. Atribuye «engaño y manipulación» al acusado. El peligro de que él desvelase a la familia de la mujer que estaba teniendo una aventura causó «una situación de desesperación y estrés» a la víctima, dice la letrada. Sostiene que F. A. I. P. «abusó de la relación personal» que había entre ambos. Reclama la devolución de los 156.000 euros —al igual que la Fiscalía—, y propone una indemnización a favor de la víctima de 22.000 euros, por daños morales. El ministerio público solicita 3 años de cárcel.

Al encausado, un protésico dental que durante 17 años ejerció en un laboratorio, le constan condenas por fraude. En 2021 fue penado en Lugo, con su conformidad. En Ourense ya han recaído en su contra dos sentencias. En mayo de 2025, el Penal 1 le impuso 2 años por engañar a dos hermanas tras prometer arreglos bucodentales y supuestas inversiones en negocios o alquileres. En febrero de 2025, la Audiencia lo condenó a 3 años por estafar a un matrimonio con el que forjó una amistad, haciéndose pasar por socio de una clínica dental. Esa resolución fue confirmada por el TSXG en mayo de 2025. La acusación particular cita este caso para pedir la aplicación de la agravante de reincidencia.

En el juicio de este miércoles, F. negó el engaño. Alega que el dinero que recibió de la mujer, en un momento en que él estaba en el paro, se limitó a pocos miles de euros que le devolvería. Según su versión, era para pagar planes en común.

F. A. I. P. atribuye la denuncia a «despecho». Según su versión, la perjudicada «no estaba segura de estar conmigo, tenía miedo de perder a su marido y a su hijo», y actuó tras enterarse por la prensa de que él tenía causas judiciales. La defensa cree que la mujer se movió por «venganza» tras la ruptura.

Ella lo desmiente: «Cuando lo denuncié dijo que la retirara porque tenía otro juicio y, si no, lo llevarían preso», declaró. El hijo de la mujer, que llegó a hablar por wasap con F. tras destaparse el engaño, corrobora este hecho, y añade que el acusado le reconoció el fraude. «Yo estaba nervioso y tenía miedo porque tenía antecedentes de Lugo, pero no había hecho nada», defiende el acusado.

La fiscal, durante el juicio.

La fiscal, durante el juicio. / IÑAKI OSORIO

Le aseguró que era un prótesico de fama nacional y que tenía contactos policiales y judiciales, relata ella

«Era buena persona, educado y decía que era uno de los protésicos más importantes de España», recuerda la víctima. Tras una relación inicial de amigos, su vínculo acabó en una historia de pareja. Ella estaba y sigue casada. «Al principio íbamos a comer juntos y pagaba él, pero poco a poco me fue hablando de negocios», introdujo la mujer. «Decía que tenía parte de una clínica en Ponferrada y quería hacerme socia para tener un buen futuro juntos, con buenos ingresos». Él lo niega. En 2020, la señora comenzó a hacer entregas de dinero al encausado, presunto estafador del amor. Ella fue registrando los pagos en notas, para llevar cuenta.

La mujer, la encargada de gestionar la economía familiar y del negocio, retiró el dinero de los ahorros del matrimonio, de una herencia de su esposo y de las cuentas de la empresa. También pidió un préstamo bancario. «Él venía a mi negocio y le daba el dinero en mano. Otras veces se lo dejaba en un sobre en una cafetería, a su nombre. Confiaba en él», sostiene la perjudicada.

La petición inicial de cantidades para participar supuestamente como socia en una clínica fue solo uno de los presuntos ardides del varón, creen las acusaciones, para lograr la elevada cifra de 156.000 euros. Según la víctima, le pidió dinero para arreglar un piso, para realizar pagos de supuestas multas administrativas y fianzas, para gestionar una subvención dental, y también contactaban con ellas terceras personas —otra parte más de la artimaña— para dar apariencia a lo que él le decía, desde supuestos médicos a una supuesta socia de la clínica

La mujer ha aportado papeles en los que él presuntamente se comprometía a pagar y reconocía cantidades adeudadas. Documentos con firma que a la mujer le parecieron creíbles. En el juicio, F. negó haberlos hecho y rubricado. «Es mi firma pero yo no firmé eso», dijo.

Magistradas de la Audiencia Provincial de Ourense.

Magistradas de la Audiencia Provincial de Ourense. / IÑAKI OSORIO

La fiscal cree que el acusado «fingió» todo para «revestir el engaño de mayor confianza». La defensa considera que la versión de la mujer es «inverosímil» y que su actuación fue «negligente»

La construcción del relato presuntamente ficticio incluía alusiones a las supuestas buenas relaciones del acusado con autoridades policiales y judiciales, incluido algún magistrado mediático. La mujer admite que creyó que era «una persona reconocida», con «amistades importantes». «Había cosas que me cuadraban, hablaba delante de mí con un socio, le escribía y le contestaba, para mí era creíble. Llamaba a mi lado y sentía a la otra persona contestar. Escuchaba eso y no me imaginaba lo que sé ahora», expresó la señora en la vista. La fiscal cree que el acusado «fingió» todo para «revestir el engaño de mayor confianza».

La defensa pide la absolución y califica de «inverosímil» la versión de la denunciante. Considera que no existe en este supuesto un engaño bastante para que exista delito, sino «burdo y esperpéntico», y ve «negligente» la actuación de ella. Por sus conocimientos empresariales, «no es el perfil de una persona engañada por un estafador del amor», considera el defensor que, en caso de condena, solicita al tribunal una pena mínima.

Interpretaciones de las pruebas

Las conversaciones por Facebook y WhatsApp son una de las pruebas de la acusación. El sospechoso alega que un móvil de prepago también lo usaba ella en la relación. Un perito informático de la acusación particular calificó de «altamente complicado» la posibilidad de alterar el contenido de los chats. La fiscal descarta una manipulación. La defensa, en cambio, cuestiona el dictamen así como la falta de «prueba pericial contable y caligráfica» de los escritos de deuda.

«Tanto me presionó e insistió» con peticiones de dinero —declaró la víctima ante las magistradas de la Audiencia—, que también entregó joyas al encausado, algo que él no admite. La mujer asegura que, al principio, las entregas fueron voluntarias, y con la creencia de que recuperaría el dinero. En cambio, en el tramo final, los pagos que hacía al acusado eran «presionada, intimidada y humillada». «Decía que me iba a arruinar la vida y quitar mi prestigio», declaró la mujer. Tres años de presunto engaño la llevaron a una situación límite: angustiada y sin dinero. «No tenía cómo pagar». Después de contar los hechos a su familia y denunciar, el matrimonio tuvo que pedir un préstamo para seguir adelante.

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