Sanidad
175 salvadores de vidas respiran en paz
La Área Sanitaria de Ourense, Verín y O Barco de Valdeorras homenajeó ayer en el Teatro Principal a todos los sanitarios jubilados en el 2025, en un acto que se centró en la evolución del sistema

Foto de familia de los homenajeados, ayer, ante la escalinata de la catedral de la ciudad. | ROI CRUZ
«Bienvenidos a la jubilación, la única empresa en la que ser feliz es el único objetivo». Así cerraba su discurso Florentina Vale Iglesias, una de las 175 trabajadoras y trabajadores del sector sanitario en el área de Ourense, Verín y O Barco de Valdeorras que decidieron retirarse el pasado año 2025. Tras una larga etapa, que en algunos casos superó los 40 años, estos trabajadores incansables recibían ayer su merecido homenaje por parte de la estructura pública con un acto multitudinario en el Teatro Principal.
No faltó detalle para dar un buen «hasta pronto». Un año más, el periodista Carlos Reboreda se encargó de abrir la ceremonia, que en esta edición giraba en torno a los profundos cambios que vivió el sistema de la provincia en las décadas en las que trabajaron estos profesionales. Un documental de una media hora de duración hizo un repaso a la historia de la sanidad ourensana, en la que la transferencia de competencias de Insalud al Servizo Galego de Saúde en 1989 marcó un antes y un después en la carrera de los allí presentes: «Esta reorganización fue un periodo de ilusión, de adaptación y de estructura colectiva. Pasamos de un modelo centralizado a uno más cercano, más nuestro, también más gallego y tuvimos que aprender casi sobre la marcha a integrar nuevas estructuras, nuevos protocolos y nuevas formas de gestión», valoraba Vale sobre ese punto de inflexión.
Del papel a la historia clínica electrónica
Aquel cambio de sistema fue sólo el inicio de una reconversión acelerada que los sanitarios ahora jubilados tuvieron que incorporar a su rutina sobre la marcha, pues como expresaba Florentina, «Hemos pasado de aquella famosa historia de papel a la historia clínica electrónica, de técnicas diagnósticas limitadas a pruebas de altísima precisión, de tratamientos invasivos a procedimientos cada vez más personalizados y cada vez más seguros». Pero aunque la tecnología, ahora sumada a la IA, vaya a generar con el paso del tiempo más recursos que nunca, los sanitarios que ahora pasan su legado siguen teniendo claro que el valor humano sigue siendo irremplazable: «Si algo hemos aprendido es que ningún avance sustituye la mirada atenta, la escucha activa y el compromiso ético de todos los profesionales», expresa Vale.

175 salvadores de vidas respiran en paz
Cuando en 1987 abrió en la calle Ribeira de Canedo el primer centro de salud de la ciudad de Ourense, Juan Fernández formaba parte de la plantilla como enfermero. Cuando en 1995 se trasladó a sus instalaciones actuales, Juan continuó, y así sumando metas, como la de convertirse en coordinador de atención primaria del centro, hasta enero de 2025, cuando prácticamente por obligación comenzó su jubilación poniendo fin a 38 años de trayectoria en el barrio pontino, del que guarda un gran recuerdo: «Quérolle moito ao meu centro de saúde e a toda a atención primaria, a verdade que o considero a miña segunda casa», cuenta. Fernández valora principalmente de las mejorías que ha experimentado el sistema la evolución de la figura del enfermero, que pasó «de ser un auxiliar do médico e facer as receitas ao seu carón, a ter consulta propia».

175 salvadores de vidas respiran en paz
Carlos Revuelta ya había colgado temporalmente la bata cuando en el 2000 representó a Ourense por el PP en el Congreso de los Diputados, pero esa interrupción de cuatro años fue un suspiro en la larga trayectoria que ejerció en O Barco de Valdeorras, tanto de médico como de amigo y vecino. Y eso que las condiciones que existían en el oriente ourensano cuando comenzó en 1988 eran más bien poco favorables: «Hace 42 años prácticamente solo teníamos nuestras manos y un fonendo. Había poquísimo material, pedir una analítica o una radiografía en los pueblos era casi impensable. Gracias a dios, a día de hoy podemos hacer resonancias, TACs o estudios genéticos», comenta. A quien se plantee adentrarse en el mundo de la sanidad, le advierte de que «te da la satisfacción de sentir que has ayudado y que has acompañado a la gente».

175 salvadores de vidas respiran en paz
Maribel Mangana fue la primera celadora que entró en calidad de fija al CHUO, en la década de los 90. Y aunque ayer con su homenaje se acordaba de los tiempos «moi agradables, ata divertidos», no quiso olvidar los momentos más complicados: «Houbo outros que xa non foron tan bos, agora xa é unha liberación. Estamos dicindo que botamos de moenos aos compañeiros, pero o traballo en si non», comenta entre risas con sus compañeras Eli y Celia, también celadoras jubiladas. En su caso, los cambios con el paso del tiempo han ido para mal en cuanto al compañerismo, pues echan de menos la familiaridad que se vivía antaño. Y es que como mujeres en un rol a veces menospreciado, ven necesario «que se reivindique máis o papel da celadora, porque é un eslabón que, se non está, faltan moitas cousas».
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