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Mayores

El pequeño geriátrico que es la casa de una gran familia

Una veintena de personas autónomas de edad avanzada vive en la residencia pública de Cornuval, en O Carballiño, donde el trato cercano y estrecho propicia una conexión especial entre las profesionales y los usuarios. «Somos un equipo y ellos llaman a esta residencia su casa. La atención es más directa y personalizada. Se genera un vínculo. Te cuentan sus problemillas y sus enfados, pero también sus alegrías»

Un grupo de personas mayores del centro de Cornuval, junto a la directora.

Un grupo de personas mayores del centro de Cornuval, junto a la directora. / IÑAKI OSORIO

Javier Fraiz

Javier Fraiz

Ourense

En el salón de la residencia pública de personas mayores de Cornuval, en O Carballiño, las obras de la ourensana Trini Vidal riegan con varios colores la estancia, y multiplican el chorro de luz que cruza los ventanales, incluso durante los días grises que han caracterizado las últimas semanas. Las pinturas de tonalidades vivas reflejan el espíritu vitalista y creativo de esta mujer, exmodista de 87 años que se formó en pintura en la universidad popular de Ourense, tras jubilarse. «El arte es lo que más me tira. Me ayuda a pasar el tiempo. Me gusta coser, pintar, también me encanta la narración», describe. Es una de las residentes en este geriátrico pequeño, que da la impresión de ser una casa para una gran familia. Los usuarios son personas autónomas, consideradas válidas por la administración. Residen en el centro pero pueden salir y muchas acuden a O Carballiño para pasear, hacer compras, tomar algo.

Profesionales del geriátrico de Cornuval. | IÑAKI OSORIO

Trini Vidal (d.), con otra residente y la directora del centro, junto a una de sus pinturas. / IÑAKI OSORIO

Desde hace cinco años, Cristina Tato es la responsable de la dirección y administración de este recurso público, en funcionamiento desde 1989 y con 24 plazas asignadas para personas entre un grado 0 y 1 de autonomía. Las habitaciones son compartidas para dos usuarios, aunque amplias. La luz natural llena los cuartos. Todas las estancias se extienden en una sola planta baja, no hay escaleras que dificulten los desplazamientos, y la fachada principal del edificio, conectada con una zona exterior ajardinada, sitúa O Carballiño al alcance, a una vista panorámica.

«El perfil de usuarios que más abunda es el de personas de entre 80 y 90 años, la mayoría de la zona», introduce la gestora. La convivencia entre los profesionales y los residentes en un centro de estas dimensiones favorece la familiaridad, el trato cercano, y que no solo se conozcan por sus nombres, sino que conozcan detalles de las vidas de los demás que contribuyen a generar afectos y confianza.

Se forjan vínculos en un espacio que no es simplemente un recurso sociosanitario, sino también un hogar. «Hay mucha proximidad, estás con ellos a diario y existe cariño. Ellos se sienten más arropados, todos colaboramos, creo que a mí no me ven como una directora. Mi impresión es que se sienten como si estuvieran en su casa, aunque sea a un nivel mayor. Están como en un hotel», describe.

Los residentes reciben la manutención completa en los horarios estipulados —desayuno, café a media mañana, comida, merienda y cena—, y tienen libertad para entrar y salir cuando quieran durante la jornada. «Pueden irse a sus casas unos días y volver. Disponen cada año de 45 días naturales para poder estar fuera. Solo tienen que comunicárnoslo. Los más autónomos van mucho a O Carballiño, algunos salen todos los días, otros van a tomar café, o a la feria..., pero la mayor parte de ellos no sale porque, aunque son considerados autónomos, se trata de personas de más edad que prefieren quedarse en el centro». Para facilitar el contacto con el entorno, el centro tiene un horario de visitas pero apuesta por la flexibilidad.

Los centros públicos, una minoría en Galicia en comparación con el número de plazas que gestionan entidades privadas, aportan como beneficios «contar con personal suficiente y titulado en cada categoría», valora Cristina, además de que la posibilidad de obtener una plaza es mucho más accesible desde el punto de vista económico, porque el copago se fija en función de la pensión y la renta de cada usuario.

El centro público de Cornuval, que cuenta con 25 profesionales en la plantilla —una enfermera en jornada de lunes a viernes, más auxiliares de clínica, subalternos, camareras, un oficial de mantenimiento y los profesionales de cocina—, dispone de una partida presupuestaria para actividades de ‘Lecer Activo’, como el bingo semanal que guía una animadora, y la jornada semanal de gimnasia, además de celebraciones festivas ligadas a las tradiciones del calendario, como el Magosto o el Entroido, así como la organización de reuniones mancomunadas entre centros de las provincias de Lugo y Ourense, impulsadas desde el año pasado para promover quedadas, excursiones, comidas y baile.

La cercanía en el trato, el grado de familiaridad en la convivencia que propicia un número reducido de usuarios, hacen más presentes, si cabe, las ausencias cuando se producen por el curso natural de la vida. «Como en todos los grupos, siempre hay personas con las que tienen más afinidad. Cuando faltan lo sientes», comparte Cristina.

Trini Vidal (d.), con otra residente y la directora, junto a una de sus obras. | IÑAKI OSORIO

Profesionales de la residencia pública de O Carballiño. / IÑAKI OSORIO

Rogelia Iglesias, Geli, es la enfermera y ejerce además como subdirectora de la residencia, en la que lleva trabajando veinte años. «Al ser un centro más pequeño, es más fácil detectar los procesos patológicos que en una residencia grande. Conoces sus hábitos», resume. El contacto diario propicia un conocimiento sobre el estado de los mayores, y favorece que se creen vínculos entre los residentes y los profesionales. «Yo sé de sus familias, ellos saben de la mía, nos preguntamos, nos involucramos más. Notas rápidamente cómo están y qué les pasa. El vínculo es especial. Somos un equipo y ellos llaman a esta residencia su casa, y en realidad es así. La atención es más directa y personalizada».

La enfermera trabaja por la mañana, mientras que por las tardes, durante las noches y los fines de semana la atención recae en las técnicas en cuidados auxiliares de enfermería (TCAE). El médico de referencia para los usuarios es el del centro de salud. «En todo lo que puedo ayudarlos aquí lo hago, para evitar traslados», explica Iglesias. Por ejemplo, en la cobertura de necesidades básicas entre pacientes mayores y con patologías asociadas a la edad, como el control del sintrom, los test mediante tiras reactivas para la detección de infecciones de orina, o la vigilancia de curas, «siempre actuando en coordinación con el enfermero del centro de salud o del hospital de Ourense».

«Hace falta vocación, tener paciencia, escuchar y empatizar con ellos»

Si es necesario que la persona mayor se desplace a la consulta del médico, y aunque sean usuarios considerados válidos desde el punto de vista de la autonomía individual, el centro procura que el residente tenga acompañamiento durante esos trámites. De entrada, se fomenta la involucración de los propios familiares, en el caso de que la persona cuente con parientes y estos, con disponibilidad. Como por regla general las auxiliares no pueden dejar el puesto de trabajo para encargarse de esa labor, siempre que no sea preciso el traslado en ambulancia al centro sanitario, «trabajamos con unos taxistas de referencia, que realizan una labor de acompañamiento y de orientación de las personas, casi como si fueran ellos un auxiliar», cita como ejemplo la enfermera.

Ana Vázquez suma diez años como auxiliar de enfermería en esta residencia pública. «Estoy contentísima, ojalá siga aquí toda la vida, hasta que me jubile», destaca a sus 63 años. «Hace falta vocación, tener paciencia, escuchar y empatizar con ellos», resalta. «Me genera satisfacción personal ver que están contentos conmigo, que algunos me busquen porque se sienten mejor conmigo», cuenta.

«Pasas mucho tiempo con ellos, los conoces, detectas mejor sus cambios», explica esta profesional. «Con casi todos los usuarios se genera un vínculo. Te cuentan sus problemillas y sus enfados, pero también sus alegrías», añade.

La directora conversa con varios residentes, el día del reportaje.

La directora conversa con varios residentes, el día del reportaje. / IÑAKI OSORIO

María del Carmen Pérez, de 87 años, cumplió a principios de 2026 dos años en Cornuval. «La residencia es maravillosa. Las empleadas son muy amables y la comida, estupenda. Todo aquí es número uno», destacaba la señora mientras esperaba a ser atendida por la peluquera. «Aquí el tiempo se pasa relativamente bien, aunque con esta temporada de lluvias un poco menos», decía aquel día.

Es una de las usuarias que reside en el geriátrico y que también aprovecha para salir, siempre que puede. «Voy siempre dos días a la semana a O Carballiño. Voy a comprar cosas, a tomar café, a ver gente, niños, perritos... A airearme, a cambiar de ambiente», relata.

Manuel Vieito, de la misma edad, descansa junto a otras compañeras tras el café de mediodía. Natural de Negreira, reside en Cornuval desde hace unos meses, tras experiencias previas en cuatro residencias. En el centro actual valora el alojamiento, la comida, la compañía. «Muy bien», resume.

Siete años como usuario lleva en el geriátrico público de O Carballiño José Fernández, natural de la cercana localidad de Dacón, en Maside, y a punto de cumplir 81. «A vida aquí é como a queiras levar. Se a queres levar ben, lévala ben e, se non, xa sabes o que che toca», dice el señor con retranca, mientras reposa en una butaca. «Vívese ben, vívese ben e como se pode», comparte, casi a modo de conclusión del sentimiento de la mayoría en el geriátrico, pequeño en cifras, pero relevante en otra medida, la de los lazos creados.

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