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Juicio

Hallan en la víctima ADN de un acusado de violación pero él niega la agresión

La defensa apela a la «duda razonable» de que la mujer transfiriese el perfil genético del varón con una «automanipulación», pero la Fiscalía y la acusación particular no lo ven creíble

«Me dijo que iba a saber lo que era bueno; me quedé bloqueada, no me dio tiempo a reaccionar», relata la denunciante

El acusado por estos hechos fue juzgado en la Audiencia Provincial de Ourense, este jueves.

El acusado por estos hechos fue juzgado en la Audiencia Provincial de Ourense, este jueves. / IÑAKI OSORIO

Javier Fraiz

Javier Fraiz

Ourense

Los análisis del laboratorio confirmaron que en las muestras biológicas recogidas a una víctima en Ourense de una presunta violación había ADN del acusado. Ella lo culpa de una supuesta agresión sexual sufrida en su casa, en febrero de 2022, cuando el varón acudió junto a su ex para recoger los enseres que quedaban en el domicilio tras la ruptura de una relación de cinco años. El encausado niega los hechos y la defensa solicita la absolución, porque incide en la ausencia de lesiones observadas en el examen médico inmediatamente posterior a los hechos, y además apela a la «duda razonable» de una supuesta transferencia por parte de la víctima de perfil genético del varón. Por ejemplo, a través de la mano. El encausado sostiene que la mujer se le insinuó, lo tocó y lo besó. «Una automanipulación» es una explicación «lógica» sobre el hallazgo de ADN, sostiene el letrado. La Fiscalía y la acusación particular no ven creíble esa hipótesis defensiva y piden la condena. Solicitan 12 y 13 años de cárcel, entre otras penas, por los presuntos delitos de agresión sexual y de amenazas.

Tras el presunto ataque contra la libertad sexual de la perjudicada, el acusado le envió presuntamente mensajes de voz por WhatsApp en los que la intimidaba . «Vas a saber qué es ser un hijo de puta»; «busca bien dónde esconderte», le dijo supuestamente. La defensa, que ha aportado al procedimiento una prueba pericial de expertos informáticos, discute la autenticidad de esos audios y subraya que no fueron encontrados en el teléfono del acusado y que él siempre ha negado que los enviase. No obstante, la fiscal incidió en que sí estaban en el móvil de la víctima. La acusación particular recordó que los mensajes fueron reproducidos en 2022 en el juzgado instructor, en presencia de todas las partes personadas, y cotejados después por el letrado judicial.

La relación había terminado en enero de 2022. El día de los hechos, la mujer se encontró con el acusado en un bar de la ciudad y le preguntó si quería recoger los objetos personales que quedaban en su casa. Acudieron juntos en coche y, al llegar, pese a que ella no lo invitó a subir, asegura, «entró en el ascensor conmigo y yo ahí estaba atemorizada porque venía bebido y no sabía cómo iba a reaccionar», relató la mujer ayer en el juicio. Aludió a supuestos episodios de agresividad del hombre asociados al alcohol.

Tras recoger algunos enseres en bolsas, el hombre presuntamente «me cogió del brazo y me llevó a la habitación», dice la víctima. Según ella, su expareja la tumbó de espaldas en la cama, le bajó los pantalones y la ropa interior, y la agredió sexualmente, utilizando los dedos.

«Me quedé bloqueada y no me dio tiempo a reaccionar», declaró la denunciante este jueves, ante los magistrados de la Audiencia Provincial que dictarán sentencia. «Me dijo que iba a saber lo que era bueno», expresó la víctima. Según su versión, terminó resbalándose de la cama y quedó de rodillas. «Me dijo que así me quería ver », destacó la perjudicada. «Se marchó, cerré la puerta y llamé a la Policía», añadió.

Él niega la agresión sexual, y asegura que no tuvo relaciones con ella pese a que supuestamente era lo que ese día pretendía la mujer, que lo rebate. «Se me empezó a insinuar, a dar besos en la boca y meter mano, pero yo dije que no, porque no me interesaba estar con ella para nada», declaró el encausado.

«Mi reacción fue marcharme, pero la puerta estaba cerrada. Le dije que abriese o llamaría a la Policía, y ella abrió. Cuando bajaba por la escalera me insultó: ‘Cabrón’, ‘te vas a enterar de quién soy’», declara el hombre. A su versión une el testimonio de su pareja actual, que asegura que escuchó la secuencia completa, y de la forma en la que la relata el acusado, en una llamada por WhatsApp que él supuestamente mantuvo sin colgar 1 hora y 45 minutos, con el móvil en el bolsillo. «Oí todo lo que pasó. Si fuera lo contrario no estaría con él, porque primero soy mujer», dice la novia.

La defensa confrontó el informe del servicio forense del Imelga con el de un perito que ejerció como médico legal 43 años. La especialista del Imelga indicó que «es poco probable» que una penetración digital como la que relata la víctima cause heridas. En su opinión, el hallazgo de ADN del acusado en los genitales de la mujer «es compatible» con la presunta agresión denunciada. En cambio, el experto propuesto por la defensa considera que «puede haber maneras de que los restos biológicos» lleguen a esa parte del cuerpo. Por ejemplo, tras un «frotado de manos» y una posterior transmisión «autoprovocada». En relación a la ausencia de heridas, el perito afirma que «es muy difícil que no exista ningún tipo de lesión mucosa, cutánea o hematoma, ningún tipo de violencia externa e interna en una relación no consentida». Definió como «altísimamente improbable que no exista ningún tipo de lesión, por poca que haya sido la resistencia».

«Se imputa a la víctima una acusación falsa con una manipulación de pruebas, pero no hay base probatoria alguna, no es creíble», resaltó la fiscal. En cambio, considera que la declaración de la víctima «está avalada por datos objetivos».

Sobre la ausencia de heridas físicas, la representante del ministerio público citó en su informe varias condenas en otros casos de este tipo de agresiones sexuales que no causaron lesiones corporales. La fiscal defiende que la violación fue violenta y aprecia una agravante de parentesco. Además, entiende que las presuntas amenazas deben calificarse como delito, porque fueron expresadas «el mismo día del ataque sexual, cuando el acusado ya había demostrado su capacidad agresiva», razona la fiscal.

La defensa entiende que, en caso de una condena por esta infracción, las amenazas deben catalogarse como leves. El letrado incide en que los audios expresaban «frases genéricas y ambiguas, sin contenido delictivo definido». Además, subraya que la mujer borró más de 200 mensajes mantenidos con el varón, y reitera que la versión de la pareja actual avala a su cliente.

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