Laza saca la cara más salvaje del Entroido con el Luns Borralleiro
Por la mañana, la localidad verinesa se llenó de barro y trapos volando con la Farrapadan
Con la puesta de sol, llegó la batalla de hormigas y la Baixada da Morena

260216FDV_Brais Lore (231633542) / Brais Lorenzo
En un mundo que busca mancharse cada vez menos las manos, adentrarse en el interior ourensano con la certeza de acabar embarrado o en medio de una lluvia de hormigas enfurecidas parece un plan controversial. Pero para las miles de personas que cada año se desplazan hasta la comarca de Verín exclusivamente con este fin, esta fiesta es única e irrepetible.
La Praza da Picota del concello de Laza estuvo un año más a rebosar para disfrutar del Luns Borralleiro. Después de que los peliqueiros regresaran a su casa en la jornada anterior con el Domingo de Estrea, ayer llegaba el turno del día grande del Entroido en la localidad, y ni los vecinos ni las multitudes de visitantes que llegaron para conocer esta Festa de Interese Turístico se lo quisieron perder.
El alboroto llegaba ya de buena mañana, cuando el primer trapo repleto de barro y agua acabó en la cara de un entroideiro para dar inicio a la Farrapada. Poca protección era poca para poder esquivar las lameiras, o por lo menos para que no acabaran en vestimentas que realmente importara ensuciar.
Chubasqueros de plástico, trajes EPI, el legendario conjunto «de ir vendimiar e desbrozar» o, directamente, ir en bañador, fueron varias de las opciones escogidas, pero visualizar una vestimenta sin marcas marrones se antojaba más difícil que encontrar una aguja en un pajar: todo Laza y visitantes acabaron completamente embarrados, incluidos políticos o reporteros, que recibieron a mayores algún que otro guiño de las protestas por el acuerdo contra Mercosur en forma de pegatina.
Entre barro y barro, emergieron por las calles de la pequeña localidad verinesa un conjunto de asnos con niños a sus cuestas, y acompañados de maragatos (imitaciones de «mala calidad» de los peliqueiros con un andar cansino y arrítmico) como parte de la Xitanada dos Burros, que marcaba el fin de la batalla enmarrada. Tocaba reponer fuerzas entre cocido, bica branca y unos chupitos de xastré (el licor local) para el broche final de la jornada.
Con el arranque de la puesta de sol, la vaca de madera conocida como la Morena llegó a A Picota acompañada de toxos, cobelleiros y, cómo no, las estrellas del Entroido: hormigas rociadas con vinagre y mezcladas en tierra que llevaban una segunda ronda de lanzamientos entre amigos, enemigos y desconocidos. Tras la batalla, una ración de cachucha con pan, repetición de xastré y verbena con doble orquesta puso el punto final a la fiesta más salvaje del Entroido.
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