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La macrojornada de Entroido lleva las fiestas a casi 50 localidades

Los zarramoncalleiros de Cualedro y los felos de Maceda, con su Baixada da Marela, fueron el máximo aliciente

Ourense

Pocas cosas hay más claras en Ourense que el Entroido se vive al completo desde el primer día y desde primera hora. La jornada que múltiples concellos esperaban como la más importante fue un perfecto ejemplo: casi medio centenar de localidades por toda la provincia tenían programada algún tipo de actividad o celebración, y calles acostumbradas a la solemnidad se llenaron de disfraces, música y bullicio para celebrar la pronta llegada de la primavera.

La tradición vuelve a destacar

Ya desde principio de semana se había colgado el cartel de ‘lleno’ en los hoteles de Xinzo o la ciudad de As Burgas, que un año más acabaron repletos de turistas y locales disfrutando por las calles, pero los máximos alicientes de la jornada fueron, cómo no, la tradición. En este caso, fueron los concellos de Maceda y Cualedro los que sacaron a relucir sus vestimentas y celebraciones ancestrales para llenar de vida sus localidades como en ningún otro momento del año.

En el sur de la provincia, justo en el medio del Triángulo Máxico, Xinzo, Laza y Verín dejaron brillar a otra de las tradicionales máscaras de la zona, los zarramoncalleiros de Cualedro. La figura, recuperada en 2003, le da otro sentido al cobrador de impuestos que años atrás rondaba las casas de la zona, y lo viste con puntillas y pompones, una chaquetilla roja con un bordado a la espalda y una máscara con mitra de color amarillo y adornos florales para que pase nuevamente revista a las casas, pero esta vez en busca de licor café, bica o empanada.

En el Macizo Central, los felos de Maceda volvieron a recorrer la sierra de San Mamede con las trasnadas que les caracterizan, haciendo las delicias de sus vecinos. Ya por la noche fue tiempo de la Baixada da Marela, en la que, esta vez con las protestas de los ganaderos contra Mercosur como estandarte, una cabeza de vaca de madera acompañada de antorchas, harinas y versiones tétricas de los felos recorrieron las calles de un concello abarrotado.

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