Epígrafe
Los sindicatos ferroviarios desconvocan la huelga tras una jornada con incidencias
A los 8 trenes que no circularon por Ourense se le sumaron retrasos y colapsos en los controles
Un Avant a A Coruña retrasó su salida 77 minutos

Pasajeros esperan la llegada de su ten, mientras en la pantalla las frecuencias aparecen canceladas o retrasadas. | IÑAKI OSORIO
Un par de horas con cancelaciones, retrasos e incertidumbre fueron suficientes para llegar a un acuerdo en el Paseo de la Castellana. Los sindicatos mayoritarios desconvocaron ayer por la tarde la huelga ferroviaria prevista hasta el miércoles después de llegar a un acuer-do con el Ministerio de Transportes. El texto ratificado por CCOO, UGT y Semaf contempla un aumento del 40% en el mantenimiento de la red actual y la creación de 3.600 puestos de trabajo adicionales en Adif y Renfe. Sin embargo, el retorno de la normalidad en la movilidad no será total , ya que el Sindicato Ferroviario y la CGT -con una representación notable en Vigo y el resto de la provincia- no lo han aceptado. Esta última asegura que no lo hará «sin un análisis riguroso, profendo y honesto», siendo la propuesta «un parche» que no cambia el modelo. El sindicato defendió que «hacía tiempo que la ciudadanía no respaldaba con tanta claridad» sus reivindicaciones y apuntó a la privatización, la carga de trabajo y falta de protocolos como materias a mejorar.
Acuerdos aparte, los pasajeros que ayer decidieron tomar un tren con parada, origen o destino en la estación de Ourense notaron casi en su totalidad el impacto de la huelga y sus servicios mínimos. Y eso que el contexto de la ciudad de As Burgas no era especialmente desfavorable: Renfé cifró en un 11% la secundación de la huelga, y fuentes de los sindicatos ferroviarios en Ourense lamentaron la poca afluencia a las protestas. Por otra parte, solamente ocho de los viajes programados en el día no circulaban al no formar parte de los servicios mínimos. De ellos, la mitad eran trenes de larga distancia que paraban en A Ponte como intermedio entre Madrid Chamartín y Vigo o a Coruña, mientras que los otros cuatro se repartían entre trayectos a Lugo con graves problemas de modernización en la vía y un regional a Santiago, pasando por O Carballiño y Deza, que apenas reúne cuatro pasajeros en cada frecuencia

N. L.
Colapso de gestión
Sin embargo, la estación de Ourense acabó sufriendo las consecuencias del paro general en el funcionamiento de aquellos servicios que sí computaban como mínimos. La falta del personal habitual en todos los puntos ralentizó los procedimientos de acceso y arranque, obligando a atrasar múltiples convoyes.
El momento más crítico se produjo alrededor de las 12:30 de la mañana, hora punta en la que se apean y suben decenas de pasajeros tanto para ir a la costa como a la meseta. En ese momento, la presencia de un solo operario en los chequeos de seguridad previos a poder subirse al tren provocó que se formaran grandes hileras de personas, llegando la cola al exterior del edificio de la estación, y que pasajeros que se presentaran con más de 20 minutos de antelación para coger su Media Distancia todavía no pudieran acceder al escáner de equipaje cuando llegara la hora prevista de salida de su tren.
Uno de esos casos fue el del Avant 9120, que debía partir a las 12.40 para parar en Santiago de Compostela y A Coruña, pero que no pudo arrancar hasta la 13.00 por el colapso del control de acceso. Cuando encendió el motor, comenzó el segundo fastidio para los pasajeros: tras dos intentos, los operarios descubrieron que no podían iniciar la marcha, pues el sistema de seguridad de la máquina detectaba «un problema desconocido», según cuentan viajeros del Avant. Al no ser capaces de arrancar, el personal del viaje se puso en contacto con el servicio de gestión de Renfe, pero la huelga provocó que también estuviera colapsado. A las 13.21 horas, sin una solución pronta a la vista, comunicaron por megafonía que los pasajeros podrían «salir al andén para estirar las piernas o renunciar al viaje con cancelación gratuita», cuenta Naomi, una de las pasajeras. Tras una hora y diecisite minutos de espera, el tren pudo arrancar, pero para entonces pasara de estar casi lleno a mantener solo seis pasajeros a bordo.
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