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Una niña contó a su profesora que temía por la vida de su madre, víctima de violencia machista

Juzgan a un acusado de maltratar y de violar a su pareja en Ourense por celos: ella sintió que la asfixiaba y le dijo que no quería relaciones y que parase. Él admite que la zarandeó y niega la agresión sexual

La Fiscalía y la acusación particular solicitan 15 y 16 años de prisión, respectivamente, mientras que la defensa propone una condena mínima por malos tratos

El encausado en el juicio, durante la declaración de la víctima, protegida por un biombo. | IÑAKI OSORIO

El encausado en el juicio, durante la declaración de la víctima, protegida por un biombo. | IÑAKI OSORIO

Javier Fraiz

Javier Fraiz

Ourense

«Tuvimos una charla en clase sobre violencia de género y, en el recreo, se acercó a contarme unos hechos ocurridos el día anterior. Dijo que estaba en su habitación y que escuchó gritos y movimientos de muebles. ‘Temo por la vida de mi madre’, me dijo». Una niña, hija de una víctima de violencia machista, acudió a su profesora y compartió con ella su preocupación. «Se la veía muy franca, le di credibilidad, totalmente», expresó la docente ante los magistrados de la Audiencia Provincial de Ourense. Gracias a ese paso, el protocolo se puso en marcha. La Fiscalía y la acusación particular solicitan 15 y 16 años de cárcel, respectivamente, para un acusado de maltratar y de agredir sexualmente a la mujer que era su pareja cuando ocurrieron los hechos, en abril de 2024. La perjudicada sintió que la asfixiaba cuando la cogió por el cuello tras una discusión por celos, y añade que el acusado también la violó aquella noche. Él, que pasó 15 meses en prisión provisional por estos hechos, niega el delito sexual y solo reconoce la agresión física. «La cogí de los brazos y la zarandeé», expresó en la vista, tras culpar a la víctima de una supuesta infidelidad. Según su versión, estaba con el móvil en una página de contactos sexuales. La acusación de la mujer —se escuda él— es una venganza. «Dijo que si cancelaba la boda me iba a hacer algo», dijo el varón, asociando la ruptura a que ella no renovaría el permiso de residencia. La mujer lo niega.

La Fiscalía solicita una condena con aplicación de la agravante de género. «Fue un hecho machista», un episodio de celos como desencadenante, con insultos degradantes y una situación de «maltrato y desprecio de género», considera la fiscal Laura Echevarría, que califica de «erráticas y contradictorias» las versiones aportadas por el sospechoso en este proceso, mientras que el testimonio de ella está «apoyado en datos objetivos».

El acusado y la víctima comenzaron una relación a finales de diciembre de 2023 y, desde un mes más tarde, empezaron a convivir en el domicilio de ella, en el que también residía la hija menor de edad de la mujer. El maltrato y la presunta agresión sexual ocurrieron supuestamente la noche del 13 de abril de 2024. La mujer afirma que la doble agresión se desencadenó por celos. Ella conversaba a través de mensajes con un amigo de la infancia —sostiene—, y él se enfadó y le rompió el móvil, añade. «Poco a poco en la relación empecé a ver celos y agresividad. A veces quería ir sola y él quería acompañarme y buscarme», relató la víctima para aportar contexto sobre la actitud machista que él tenía.

Aquella noche, el acusado amenazó con tirarse de la ventana de la cocina. En su historial constan ingresos por intentos autolíticos. El inspector responsable de la UFAM de la comisaría de Policía Nacional de Ourense manifestó en el juicio que «uno de los parámetros que dispara el nivel riesgo y la posible victimización son las tentativas autolíticas». El «chantaje» emocional «es uno de los perfiles típicos del maltratador», enlazó en su informe el abogado de la mujer, quien recordó que, medio año antes, este hombre fue sentenciado por agredir a su anterior pareja.

La víctima padeció «violencia verbal, física, violencia sexual, de control y aislamiento», según expresaron en el juicio especialistas del Imelga. Las expertas constataron que la mujer sufría «pesadillas recurrentes» sobre el hecho.

El acusado está polimedicado, incluido un fármaco con efectos sedantes, pero la mujer no lo notó adormilado, sino agresivo. Los forenses entienden que el trastorno de personalidad que presenta no afecta a sus capacidades. La defensa pide una atenuante o eximente. Propone una condena solo por el delito de lesiones de violencia de género. El abogado niega que haya pruebas de una agresión sexual y cuestiona que la perjudicada no se refiriese a ese hecho en su primera manifestación policial. Una forense respondió al defensor que «el perfil de víctima ideal hace mucho tiempo que está abolido».

El abogado ve «absolutamente desproporcionada» la solicitud de penas de las dos acusaciones. Él pretende entre 4 meses y medio y 6 meses de prisión por el maltrato admitido. «Siempre ha dicho que él no es un violador», subraya.

Durante la agresión física la mujer sintió que el varón la asfixiaba cuando la agarró por el cuello y le pidió que parase, según relató ante los magistrados. Se sintió «mareada» y, «muy nerviosa» por lo que había sucedido, le indicó que quería ducharse e irse a la cama.

Presuntamente, el encausado la empujó y ella se golpeó con la cabeza y la cadera contra la puerta del servicio, que se rompió debido a ese impacto. La presunta violación vino después. La mujer sostiene que el varón la llevó a la habitación y la agredió sexualmente. Afirma que ella le dijo «muchas veces» y en voz alta que «no», y que «parase», porque no quería tener relaciones, pero él continuó.

«Tenía síntomas de estrés postraumático y marcas evidentes de haber sido agredida», dijo el inspector en el juicio sobre la primera entrevista que tuvo con la mujer.

Al día siguiente de los hechos, habló con su hija y la menor le contó que había escuchado «todo». Cuando la perjudicada estaba declarando en la Policía, el encausado le envió mensajes de voz, escuchados por un agente en ese momento y reproducidos en el juicio, ayer. El acusado reiteró en los audios su petición de perdón, y la instó a que no contase nada. «He vuelto a fallarte otra vez, lo siento muchísimo», manifestó él, una prueba para las acusaciones que refutan la versión de defensa. «Antes de hablar con la niña y con nadie habla conmigo, por favor te lo pido», dijo en un mensaje.

El paso de la menor, su valentía, fue crucial en este caso. En su declaración en la fase de instrucción corroboró que, desde su cuarto, aquella noche oyó a su madre llorar tras la discusión, gritar «no», y a él decirle a la perjudicada: «Levántate del suelo tú sola». La niña también percibió los ruidos que llegaban del baño. «El cuadro probatorio es más que sólido», resumió la fiscal en su informe.

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