Juicio por el derrumbe de toneladas de piedras y tierra sobre el patio del colegio Cisneros: «Fue terrible»
El centro reclama 41.000 euros por los daños en el espacio de recreo y demanda a las empresas por una obra de acometida de gas, posible causa de una fuga de agua y de la caída de un muro
«Queremos que los niños tengan un patio en condiciones. Estaba perfectamente pulido y ahora es rugoso, con pinchos en el hormigón. Cualquier niño puede caerse y levantarse la piel»
Las demandadas niegan culpa o negligencia y apuntan a la compañía del agua

El patio tras el derrumbe y la evacuación de una vecina de una vivienda contigua, ilesa. / BRAIS LORENZO

«Fue terrible, un estruendo impresionante», recordó este martes la jefa de estudios del colegio Cardenal Cisneros en el juicio civil celebrado en Ourense por una demanda del centro educativo contra dos empresas por una obra de acometida de gas para una vivienda, la presunta causa de la fuga, la acumulación de agua y el posterior derrumbe sobre el patio exterior del colegio de un muro de contención y unas escaleras del inmueble colindante. Ocurrió el 1 de marzo de 2023. Pocos minutos antes había escolares en la zona, antes del inicio de la jornada de tarde, pero al ver que la entrada de agua en las instalaciones iba a más los docentes optaron por desalojar y la cautela resultó providencial.
El derrumbe llenó el patio de escombros y la riada inundó con agua y lodo la planta baja de este colegio. Varias familias del edificio aledaño no pudieron regresar a sus casas hasta seis meses después. El patio exterior del Cisneros estuvo casi un año inutilizado. El Concello contrató la ejecución de un nuevo muro. El juicio civil de este martes dirime la demanda del centro escolar, concertado, contra la distribuidora del gas y la contratista de la obra de acometida, a las que solicita 41.000 euros, con base en el informe pericial de un arquitecto, para reparar los desperfectos en el área de recreo. «Queremos que los niños tengan un patio en condiciones. Estaba perfectamente pulido y ahora el pavimento es muy deficitario, rugoso, con pinchos en el hormigón. Cualquier niño puede caerse y levantarse la piel», resalta la jefa de estudios.

El suceso llenó de escombros el patio y de lodo y agua la planta baja del colegio Cisneros. / BRAIS LORENZO
Las empresas demandadas creen que no tienen culpa ni cometieron negligencia —la del gas subraya que no interviene en las obras, que externaliza—, y apuntan a la compañía del agua. Sostienen que saltó el tapón de una tubería de fin de línea que podía tener defectos y que no estaba bien señalizada, ocasionando la salida en tromba del agua y el derrumbe. En caso de que el magistrado las declare responsables, piden que la cantidad se aminore a 13.000 euros, en base al cálculo de otro perito, porque alegan que el estado del patio antes del suceso era similar, y se sigue usando.
«Empezó a salir agua y llamé al encargado para que avisara a la compañía y cortaran. Tardaron en venir, ese fue el problema», según un operario que participó en la apertura de la zanja. Aseguró al juez que desconocían que allí hubiera un final de tubería.
Según los bomberos, la causa de la filtración y del derrumbe del muro fue la obra. La empresa que la ejecutó, subcontratada por la contratista, no está demandada. «El tapón estaba confinado por el terreno y aguantaba la presión. En el momento en que se quitó esa sujeción, el tapón saltó. La fuerza del agua arrastró áridos y colapsó la contención», dijo en la vista un técnico del servicio de emergencias. «Toneladas» de piedra y tierra cayeron al colegio.

Estado del patio en junio de 2023, tres meses después del suceso. / INAKI OSORIO
«El motivo fue el destaponamiento de una tubería de final de línea, una tubería de gran dimensión y presión. El dado de hormigón que calzaba el tapón se soltó y, como consecuencia, hubo un gran vertido de agua, el derrumbe del muro y la invasión en el patio del colegio», describió un perito.
«Las vibraciones» de la obra pudieron «desestabilizar», pero esa tubería de agua de final de línea «no estaba señalizada» con una banda plástica azul, pese a ser «un punto crítico», expuso este perito. Cree que «había un riesgo oculto del que no eran conocedores» los operarios. Las demandadas aducen que, antes de la obra, la contratista solicitó a la concesionaria del agua que informase sobre los servicios que pasaban bajo la acera, pero supuestamente no contestó ni se presentó nadie el día de apertura de la zanja.
Este perito es el autor del informe en el que se basan las dos compañías demandadas para reducir el coste de la reparación. Según el experto, que se fijó en fotografías de la web del colegio, antes del accidente el suelo ya presentaba «fisurado superficial» y signos de «envejecimiento», una solera «con una vida útil agotada, aunque apta para el uso», indicó.

Operativo de los bomberos el día del suceso. / F. C.
Otra perito relató que «si el tapón saltó es que el conjunto de la tubería tenía un defecto; igual el mazacote de hormigón no era suficiente». También considera que el muro de contención «estaba en precario». El incidente, en su opinión, tuvo lugar por «un cúmulo de circunstancias». Esta experta propuesta en el juicio por las demandadas apuntó a deterioro previo en el patio del colegio.
«Es un caso clarísimo de la obligación legal de reparar el daño causado, por acción u omisión», defiende el abogado del centro, Pablo Quintas. «El muro se vino abajo por la obra», zanja. «Nadie pretende hacer un colegio nuevo, sino reparar el patio con unas condiciones de practicabilidad para que los alumnos puedan usarlo en el recreo», subraya.
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