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Una plaza vacía en el corazón del parque de bomberos de la ciudad

El veterano Benito Barroso, que llegó al parque con la inauguración de las instalaciones en 1993, se despide tras más de tres décadas al servicio

El parque de bomberos despidió a Benito Barroso.  | |  CEDIDA

El parque de bomberos despidió a Benito Barroso. | | CEDIDA

Ourense

Después de más de tres décadas de servicio, uno de los rostros más veteranos del Parque de Bomberos de Ourense cuelga el traje. Este fin de semana los bomberos despidieron a uno de sus pilares, Benito Barroso se jubiló tras 33 años de servicio ininterrumpido cuya trayectoria es, en esencia, la historia del propio parque actual, ya que su incorporación coincidió exactamente con la inauguración de las instalaciones en 1993. Entró con 28 años, formando parte de una promoción de 13 personas que estrenaron el edificio que hoy sigue siendo la base operativa de la ciudad.

Para Barroso, el parque no ha sido solo un lugar de trabajo, sino un segundo hogar. El régimen de guardias de 24 horas fomenta un compañerismo que, según explica, «llega a ser incluso más cercano el trato que con familiares porque al final compartes mucha vida y muchos momentos emocionales», relata al recordar esos ciclos de un día de trabajo por tres de descanso que han marcado su ritmo vital durante tres décadas y que ahora «mirando a la inversa» reconoce que «echaré de menos».

Echando la vista atrás, el veterano destaca que el servicio ha experimentado «una transformación profunda» en cuanto a formación, materiales y seguridad. Sin embargo, la esencia del bombero asegura que no ha cambiado en sus más de 30 años de experiencia, «lo importante sigue siendo la vocación, que no falta».

Entre los puntos más gratificantes, «los rescates con desenlace positivo, que de esos ha habido muchísimos, ya sea en incendios, accidentes de tráfico o intervenciones en el río», en el lado amargo, «se quedan los accidentes con resultados fatales que se irán con nosotros a la tumba», asevera Barroso.

En la memoria de Benito, y en la de todo el cuerpo, hay una fecha que marcó un antes y un después: octubre del 96. En la intervención de un incendio en las galerías Víacambre falleció el bombero José Blanco Rodríguez. «Aquello nos dejó a todos los compañeros en shock, nadie lo ha olvidado. La parte positiva es que fue un serio punto de inflexión para mejorar de forma clara los medios y la seguridad de los efectivos».

Nuevos tiempos, nuevos retos

El tipo de emergencias también ha evolucionado. Barroso señala que, «últimamente, es muy frecuente el auxilio a personas mayores que viven solas y no responden a las llamadas de sus familiares, lo que obliga a los bomberos a acceder a las viviendas. Es la intervención que más veces realizamos si hacemos un balance anual».

Por ello, a pesar de las mejoras tecnológicas, Benito no oculta su preocupación por el futuro del servicio en Ourense. Advierte sobre la falta de personal, «la plantilla actual cuenta con unos 56 efectivos cuando debería rondar los 70 para garantizar la cobertura de una segunda intervención simultánea con plenas garantías, en ese sentido es necesario reforzar personal porque está bien la formación y cada vez tenemos mejores materiales, pero el papel humano es innegociable».

Que llegue ese refuerzo al parque es su último deseo antes de iniciar un nuevo ciclo. Ahora que atrás quedan las tensiones y las guardias interminables, «quien va a tener que adaptarse va a ser mi mujer, conciliación familiar diaria, vamos a poder vernos todos los días», apunta.

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