Intentan alquilar un estudio en Ourense con fotos de uno de Madrid y un DNI robado
La víctima, de 22 años, consiguió detectar el fraude antes de abonar los 1.200 euros que le pedían por «reservar una visita»
La identidad a la que suplantaron para hacerse por propietaria, originaria de Marbella, ha sido avisada por FARO, y presentará denuncia

El número 58 de la Avenida Buenos Aires, en Ourense, donde se situaba el supuesto estudio. / Roi Cruz
«Hola, quería hacer un seguimiento para saber si aún está interesado en alquilar el estudio. Si es así, con mucho gusto puedo enviarle todos los detalles y las fotografías. Por favor, hágame saber si desea que se las envíe. Un cordial saludo». Así rezaba el correo que, sin ningún contexto previo, Daniel, de 22 años (nombre inventado para preservar su identidad) recibió el pasado martes 6 de enero. El joven vigués había estado buscando viviendas del estilo en Ourense el pasado septiembre, cuando le surgió una oportunidad laboral de un momento para otro. Pensó que el correo provenía de alguna de las ofertas que guardó en los portales inmobiliarios, por lo que accedió a que le compartiese la información.
La oferta era cuanto menos interesante: un estudio de 37 metros cuadrados «luminoso y muy elegante» en la céntrica Avenida Buenos Aires por un precio de 400 euros mensuales con todos los gastos incluidos. El importe suponía 20 euros menos de los que Daniel paga actualmente por un piso de las mismas condiciones a 12 minutos en coche de la ciudad de As Burgas, y aunque le hizo sospechar, las condiciones seguían siendo realistas y más que apetecibles. Solo un par de comprobaciones posteriores hicieron que ahora le cuente a FARO la historia de cómo le intentaron estafar con fotos de un piso de Madrid y un DNI robado, y no la vez en la que perdió 1200 euros por reservar una visita.

Una de las fotografías del supuesto piso en Ourense, situado realmente en Madrid, que el estafador envió. / FdV
Se trata del último intento de estafa informática relacionada con el sector inmobiliario, que a estas alturas ya parece analizar pormenorizadamente a sus víctimas. Con las condiciones, la supuesta propietaria envió 11 fotos y comenzó a pedir unos requisitos que, casualmente, Daniel cumplía a rajatabla, pues solicitaba una persona seria para un alquiler a largo plazo: «Para formalizar el alquiler se requiere una fianza adicional de 800 euros, que será devuelta al finalizar el contrato, siempre que no haya desperfectos. Si estás interesado, me gustaría saber si tienes contrato de trabajo, cuántas personas ocuparían la vivienda y durante cuánto tiempo planeas quedarte», eran las realistas condiciones que pedía la «casera».
Aunque en ese punto Daniel todavía confiaba en que la oferta fuese real, actuó con precaución. Le informó de cuanto percibía de media mensualmente y le comunicó que estaría interesado en mudarse cuanto antes si las condiciones eran las descritas, pero exigió una visita presencial al estudio «antes de hacer cualquier tipo de transferencia». Fue en ese momento cuando la historia comenzó a tener lagunas: la supuesta propietaria afirmaba que ahora vivía en Italia, en la ciudad natal de su marido, donde recibía tratamiento por un problema auditivo «que no se puede tratar en España, por lo que hemos decidido instalarnos aquí y disfrutar de nuestra jubilación». Insistía en que las fotografías adjuntadas «reflejan fielmente el estado actual del apartamento», y que el proceso de pago se realizaría a través de la plataforma Booking.com, con la que afirmaba «haber alquilado el apartamento en el pasado, mientras estaba en Italia».

Un extracto de la conversación por correo electrónico entre el estafador y la víctima / FdV
Las señales rojas del anuncio
Estas dos «señales rojas» hicieron despertar las alarmas de Daniel, que como medida de seguridad, decidió realizar una búsqueda inversa de las fotografías del piso, es decir, introducir las imágenes en Google para comprobar en qué páginas web había algunas similares. El resultado, para su desgracia, no le sorprendió, pues había al menos tres ofertas en distintos portales inmobiliarios que usan las mismas fotos. Todas sitúan el estudio en Madrid: La primera, publicada en la plataforma MyRoom, se anuncia en la Calle Monederos como «ideal para estancias temporales», y pide 950 euros mensuales de alquiler por sus 40 m² «útiles». En la web PortalTop, el anuncio reduce las dimensiones a 31 m², no especifica el barrio de la capital madrileña en la que se encuentran y reduce la cuantía 725 euros. Sólo la última oferta, publicada en Spotahome, parece no mentir, pues tanto el propietario como la casa cuentan con la verificación de veracidad de su plataforma.
A partir de este descubrimiento, Daniel asumió que el anuncio era falso, pero decidió seguir preguntando para observar hasta cuándo se podía deconstruir el estafador o estafadora. Insistió en que no depositaría ninguna fianza hasta ver el piso, y preguntó cómo se le entregarían las llaves de la propiedad una vez alquilada, pues la persona designada para ello podría también enseñarle el estudio. Aún preparado para cualquier respuesta, la nueva salida del timador le sorprendió: para que Daniel pudiese «confirmar quién está detrás de este correo», le adjuntó una fotografía sin ningún dato censurado de un DNI con el mismo nombre que el de la remitente del correo. «Quedé flipando», afirma el joven vigués, que en ese momento decidió dar por terminada la negociación.

El DNI robado que usaron para suplantar la identidad de la propietaria / FdV
Al poner el caso en manos de FARO, este medio descubrió que la persona a la que pertenecía ese documento de identidad era una residente en Marbella dedicada a la administración de empresas inmobiliarias en la ciudad, y se puso en contacto con ella para verificar si se había suplantado su identidad. La mujer afirmó no tener ningún tipo de conocimiento del caso, y solicitó documentación para poder presentar denuncia, lo que hace entender que el estafador empleó un DNI robado o extraviado para intentar alquilar el estudio a Daniel.
En el mismo correo en el que mandó el DNI, el timador volvió a insistir en el alquiler por Booking, y pedía una reserva de 1.200 euros (400 del primer mes más 800 de fianza) previa a visitar el piso de mano de un representante de la aplicación, que se le reembolsaría a Daniel «en ese mismo instante» si cambiaba de opinión. Un procedimiento, que, atendiendo a las propias condiciones de la plataforma, son inverosímiles: el propio Booking.com informa en sus políticas que los reembolsos «suelen tardar entre 7 y 12 días en procesarse», y que las empresas con las que trabajan que ofrecen servicios de atención local «no nos representan, ni suscriben contratos, ni aceptan documentos legales en nuestro nombre». Además, si hacemos una rápida búsqueda en la aplicación, se puede comprobar que ninguno de los alojamientos anunciado en la Avenida Buenos Aires de Ourense tienen la más mínima similitud con las condiciones que se le ofrecieron a Daniel.
Un modus operandi conocido, pero con poca presencia en las pequeñas ciudades
Tal y como se puede comprobar al buscar casos similares, lo más probable es que, de haber aceptado, en enlace que le hubieran proporcionado a Daniel fuese una falsificación de la plataforma original de la que le hubiera resultado muy difícil recuperar el dinero. Y es que este tipo de estafa no es un caso aislado, sino un modus operandi del que tanto medios internacionales como cuerpos policiales de distintos países llevan varios años avisando.
Lo que sí que resulta sorprendente es el destinatario del timo, pues aunque esta práctica es extendida, se suele aplicar en alquileres vacacionales o de estancia temporal, en grandes ciudades donde la agilidad a la hora de reservar apremia, mientras que casos como Ourense, donde gran parte de los alquileres siguen teniendo un alto componente de trato personal, es menos común identificarlos. Las estadísticas así lo demuestran: según datos del Ministerio de Interior, en 2024 se produjeron 1.842 hechos conocidos de estafa informática en la provincia de Ourense, lo que representa únicamente el 0,44% de los delitos cometidos con este tipo penal en toda España. A nivel Galicia, el recuento en este modo de estafa ascendió a más de 20.000 casos, y supuso el 4,85% de los registrados en el país.
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