Muere Chesi, un orfebre de las palabras
El escritor ourensano José María Pérez Álvarez, uno de los grandes autores contemporáneos en castellano, fallece a los 73 años

José María Pérez Álvarez, Chesi, en la Praza do Trigo de Ourense. El casco histórico era su paisaje urbano favorito. / INAKI OSORIO

«Cada palabra posee su textura, su olor, su sabor. Es necesario descubrir la textura, el olor y el sabor de las palabras para que estas tengan sentido, para que no mientan». En sus novelas, la literatura brillaba, el fondo evocaba un paisaje precioso, era un maestro de las frases, un arquitecto de la escritura. En sus libros, como en El arte del puzle, del que procede la cita, José María Pérez Álvarez honraba el oficio de escribir, respetaba la forma, dignificaba el estilo. Uno de los autores ourensanos de mayor talento, un referente generacional nacido en 1952 en O Barco de Valdeorras, ha fallecido esta pasada madrugada en la ciudad de Ourense, con 73 años.
Saramago no escribía para agradar sino para causar desasosiego. Chesi, considerado por Letras Libres uno de los grandes autores contemporáneos en castellano, procuraba quedar satisfecho con el resultado, aunque plantease al lector el desafío de tener que entender, reflexionar y releer, actos que son casi revolucionarios hoy en día, en tiempos de consumo rápido. «Sé que soy un poco cruel con el lector, que lo obligo a ciertos juegos o a estar muy metido en el mundo literario, a ser un lector avezado. Prefiero correr el riesgo de ser un peñazo que escribir cosas muy fáciles. Estoy felizmente resignado a tener pocos lectores, pero con quienes tengo fidelidad. No estoy dispuesto a ceder», esgrimía.
Su literatura permanecerá, como un recuerdo indeleble, como las mejores vivencias. «Cuando alguien se doblega a semejante oficio descubre que nunca será feliz escribiendo y, sin embargo, cede a esa superstición porque es consciente de que, si se dedica a otra cosa, con toda seguridad será más infeliz todavía», afirmaba con sus mejores dotes comunicativas: a través de sus personajes.

Chesi, junto al periodista Paco Sarria, en una presentación. / BRAIS LORENZO
Nunca obedecía a la vanidad de publicar, nunca le interesaron los focos, pero le llegaron. Nembrot constituyó una narración torrencial pero pausada, fundida a fuego lento. El manuscrito ocupó cuatro años de trabajo a Pérez Álvarez, dos de reescritura y otros tres años hasta librarla de contenido superfluo. Lecturas, música y digresiones fueron sedimentando su obra preferida. «Sé que no voy a escribir nada mejor», declaró a este periódico. En la Feria del Libro de Madrid, y con posterioridad en Times Literary Supplement, Juan Goytisolo reseñó esta novela como la mejor de 2003. El director José Luis Cuerda también alababa la literatura de Chesi.
Los callejones de Canella Cega y el Olvido (esos rincones del casco histórico de Ourense transportaban a Chesi a París, una ciudad que amaba), así como las plazas de San Marcial y do Ferro, la calle Lamas Carvajal, el parque Lonia o las plazas de la Victoria y San Martiño son algunos de los espacios de la capital de As Burgas que trasladó del mapa urbano al sentimental, gracias a la literatura. Durante años, este funcionario de Hacienda (el trabajo le alimentaba el cuerpo; la literatura, el alma, sostenía) publicó columnas en FARO DE VIGO. «Puede que la palabra sea uno de los elementos que mejor resisten el paso del tiempo», defendía.
«Chesi fue colaborador de FARO DE VIGO, en la sección 'Ilustres'. Siempre mandaba los textos perfectos, sin una sola errata. Después de varios años, llegué a la conclusión de que era un hombre incompatible con las erratas. Por eso mi sorpresa fue grande al leer una de sus novelas más memorables, Las estaciones de la muerte. Después de frotarme los ojos, lo llamé de forma inmediata, para darle la enhorabuena. Y le comuniqué que por fin había amainado mi frustración de escritor imperfecto. Le había encontrado un pequeño fallo en su obra más redonda sobre el Liceo de Ourense. El protagonista muere y sus compañeros comentan la noticia al día siguiente en el Liceo, que habían leído en los periódicos. Era justo en uno de los dos únicos días del año en los que no hay prensa escrita», recuerda el periodista y escritor Xosé Manuel del Caño, exdelegado de FARO en Ourense y uno de los grandes amigos de Pérez Álvarez en los medios de comunicación.
"Chesi forma parte del imaginario de la literatura del Liceo, donde imaginó una de sus primeras novelas, Las estaciones de la muerte, y la vivió de la mano de aquellos socios que convirtió en personajes reales. Cada vez que bajo la noble escalera del Liceo, miro para atrás y veo a Chesi allí, delante del espejo, sonriendo", recuerda José Luis Troitiña, gerente de una entidad cultural que ha cumplido 175 años de historia.
"Compartimos presentaciones, conversaciones, algún cabreo, y recuerdo especialmente la tarde que presentamos La soledad de la vocales, en mayo de 2008, con José Luis Cuerda. Quizás ahora los dos recorran el casco viejo de Ourense; Chesi para escribir una nueva novela, Cuerda para dirigir una nueva película", sueña Troitiña, emocionado en la despedida.
«Probablemente es uno de los mejores novelistas contemporáneos, ya no solo de Ourense, sino de toda España», introduce el periodista Paco Sarria. «Teníamos una muy buena relación, de gastarnos bromas y ver el mundo desde una perspectiva canalla. En una de sus últimas novelas me representó así», recuerda el experimentado comunicador.
«Escribió de espaldas a las modas, fue fiel a la pasión literaria»
Entre 1994 y 2004, Chesi dirigió El libro de la semana en la SER, un programa de divulgación literaria. Supervisó la colección 'La letrería', de la editorial Duen de Bux, desde 2007 a 2011. Su gran talento literario resultó reconocido en numerosos certámenes. Ganó los premios Mor de Fuentes, Hucha de Plata, Gabriel Miró, El Golpe, Ramón Sije, Felipe Trigo y el Constitución de novela larga. Con una de sus grandes obras, La soledad de las vocales, se alzó con el Premio Bruguera de Novela, en el año 2008. Las estaciones de la muerte, Tela de araña, Predicciones catastróficas o Examen final son otros libros imprescindibles de su biblioteca de autor, obras de culto.
«Él afirmaba que todo autor está al servicio de la literatura y no al revés. Pero, en su caso, sucedía todo lo contrario», valora el escritor ourensano Manuel de Lorenzo. Juan Tallón destaca que Chesi «levantó desde los márgenes una obra bastante radical, más admirada y reconocida fuera que aquí (como vergonzosa y comúnmente ocurre siempre en este lugar), muy coherente, y obstinadamente exigente. Escribió de espaldas a las modas, fue fiel a la pasión literaria y se entregó a ella con una ética que ya habría querido yo para mí y para otros», aprecia Tallón.

Manuel de Lorenzo acompañó a Chesi en la presentación de 'El arte del puzle', una de sus últimas novelas. / BRAIS LORENZO
«Mi religión es la literatura», subrayaba Pérez Álvarez. «Si establecemos un paralelismo, para mí dios, Jesús, sería Cervantes. Y los apóstoles, los autores que me gustan: el problema es que no podría reducirlo a doce nombres». José Ángel Valente dejó claro que «el día en que este juego sin fin con las palabras se termine, habremos muerto». Y Chesi, prolífico desde joven delante de un folio en blanco (era capaz de escribir obras densas y extensas en pocos meses), decía algo en consecuencia: «Para mí la literatura siempre ha sido un juego. La literatura, aunque sea algo muy serio, es mi juego preferido».
Chesi, un intelectual con una férrea convicción de izquierdas, ha inspirado a generaciones posteriores de escritores, ha iluminado con su talento el camino que otros han querido recorrer. Amaba la alta literatura y la veneraba en sus textos, cuidados, piezas de arte en cada párrafo. Stendhal, Flaubert, Borges, Onetti, Joyce, Beckett, Cortázar, Cunqueiro... fueron algunos de sus referentes. Prestigiaba también la buena música, como el jazz, le gustaban deportes de estética y pasión, como el tenis. Afable y dotado de un gran sentido del humor, la demostración más clara de inteligencia, con su marcha deja una ausencia que duele, pero que sus libros y su legado mitigan en cierto modo. Como él escribió, «se conoce qué es la felicidad cuando se termina».
Pérez Álvarez inicia el tránsito a la inmortalidad. Con su manera de ser y de vivir, haría propio el epitafio de Ben Cho Shey, que reposa en el cementario ourensano de San Francisco, uno de los camposantos históricos, enclaves del patrimonio cultural, que Chesi consideraba un lugar de visita esencial en Ourense. «Quedan suprimidas todas as homenaxes post mortem porque as cousas ou se fan ó seu tempo ou non se fan».

Chesi ante el cementerio de San Francisco, un lugar de Ourense que le gustaba. / INAKI OSORIO
José María Pérez Álvarez sembró la admiración desde sus libros e inculcó el amor entre los suyos, entre familiares y amigos. El velatorio tiene lugar hoy y mañana, 24 y 25 de diciembre, en el tanatorio de As Burgas, hasta las 16:30 horas. Este miércoles se realizarán actos litúrgicos en su despedida. FARO DE VIGO y el grupo editorial Prensa Ibérica trasladan un cariñoso abrazo a su esposa Pilar, sus hijas Beatriz y Elena, su hijo político Rubén, su nieta Nora y demás familia.
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