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Admite una paliza a otro joven al que rompió la mandíbula: «Me arrepiento, estaba borrachísimo»

La víctima vio al acusado increpar a una chica en el exterior de una discoteca de Ourense, intervino y el imputado y el hermano de este, un menor ya condenado, «me reventaron la cabeza»

El acusado, en el juicio en la Audiencia Provincial de Ourense, este jueves. |  Roi Cruz

El acusado, en el juicio en la Audiencia Provincial de Ourense, este jueves. | Roi Cruz

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Javier Fraiz

Javier Fraiz

Ourense

Pasadas las 5:30 de la madrugada del 20 de mayo de 2022, J. H. P. T. y su hermano, que aún era menor de edad, golpearon a otro joven en el exterior de una discoteca de Ourense. El perjudicado les había reprochado que estuvieran, según su parecer, increpando a una chica, la pareja de J. Los dos hermanos le propinaron puñetazos en la cara. Cayó al suelo, se levantó aturdido, tambaleándose, pero le pegaron otra vez, según declararon el perjudicado y un conocido que lo ayudó a levantarse. Los agresores lo acometieron hasta tres veces según la acusación particular, incluso cuando ya se iba a casa, sangrando de manera abundante y sujetándose la mandíbula. Sufrió un traumatismo craneoencefálico, un traumatismo facial y una fractura mandibular múltiple. «No acabé de decir la frase de que estuvieran tranquilos y ya me reventaron la cabeza», relata el perjudicado, que cree que en algún momento llegó a quedarse inconsciente.

En julio de 2023, el menor fue condenado, con su conformidad, a dos años y medio de internamiento en régimen semiabierto. El hermano mayor fue juzgado este jueves en la Audiencia Provincial. Está acusado de las lesiones graves de esa paliza, un delito que admite. Hay grabaciones del exterior de la discoteca, imágenes que además muestran la pasividad de numerosas personas que contemplaron la paliza sin intervenir. La víctima identificó al acusado ante la Policía, mostrándole cuál era su perfil de Instagram. Los agentes le mostraron una composición fotográfica y el perjudicado señaló a J. «sin ningún género de dudas», afirma un investigador. La Policía tuvo que interactuar con el afectado por escrito, porque no podía hablar tras los hechos, debido a la inmovilización de la mandíbula después de ser operado. El sospechoso de la agresión «era activo en la noche, en aquel momento, y estaba implicado en peleas», señaló en el juicio el agente instructor del atestado. El encausado se sienta en el banquillo por la paliza, que propinó en conjunto con su hermano, así como por el robo del móvil del perjudicado, un hecho que J. niega.

«No robé nada», reiteró en su derecho a la última palabra del juicio. La víctima echó el móvil en falta cuando, tras recobrar la consciencia, pretendía llamar a su madre para avisarla. La defensa hace hincapié en que no denunció en concreto el robo hasta tres meses después. Incluyendo los dos delitos, se enfrenta a una petición de condena de la Fiscalía de 5 años de cárcel, mientras que la acusación particular solicita hasta 10 años y medio, en una calificación más gravosa que el defensor ve «exagerada». Al contrario, la abogada del afectado sostiene que el agresor actuó con «ensañamiento» y una «gran brutalidad», porque tras la primera acometida la víctima estaba aturdida e indefensa.

El agresor reconoce su implicación en la paliza —«sí lo hice», manifestó—, pero se escudó en que se encontraba «borrachísimo». Además, sostiene que no estaba increpando a la chica, sino hablando con ella, que era su novia en aquel momento, expareja en la actualidad. Cuando su defensa le preguntó si estaba arrepentido de la agresión en la que participó, él aseguro que sí, que «muchísimo».

La Fiscalía, que mantiene la acusación por el presunto robo violento, solicita que, en el caso de condena, este encausado, nacido en Brasil, sea expulsado de España y no pueda volver antes de 12 años, una vez cumplida la mitad de la pena. La defensa, por adelantado, alega que el joven tiene arraigo. Su padre adoptivo, su madre y dos hermanos viven en Ourense, como él. El letrado interrogó a su cliente para tratar de probar, también, que carece de medios económicos porque le retiraron el DNI y el pasaporte tras los hechos. «No puedo trabajar, no puedo hacer nada».

Las peticiones de indemnización son elevadas, por las lesiones, las secuelas y la agravación del problema de ansiedad que padecía el perjudicado. En la sentencia condenatoria del hermano, de 2023, el menor y su madre —ella, responsable civil solidaria— se mostraron conformes con una indemnización a favor del perjudicado de 35.000 euros. La Fiscalía solicita que el hermano mayor pague más de 29.000 euros a la víctima —incluye el valor del móvil—, y casi 5.500 euros al Sergas, por los gastos sanitarios del lesionado. La acusación particular pide una indemnización de más de 35.700.

Sus problemas de ansiedad fueron a más tras los hechos, corroboró la forense en su informe. Los daños en la mandíbula le impiden tomar bebidas frías y comer ciertos alimentos, asegura él, porque la mordida le deja la boca abierta, sin oclusión completa. La especialista de medicina legal cree que la masticación le resulta «un poco más dificultosa». El afectado dice que carece de sensibilidad en el labio inferior. A consecuencia de la cirugía, perdió una pieza dental.

«Solo se podía alimentar con una pajita o una jeringa. Estaba en la cama tirado, hacia arriba, con la mirada perdida. De la cama al sofá, parado, con dolor y la mirada perdida. La mesa del salón era una farmacia. Ese era el día a día», relató la madre en alusión a cómo afectó a su hijo la paliza de aquella noche. Cuando timbraron de madrugada en casa se preocupó. La aparición del joven, malherido, confirmó el augurio. «Sangraba abundantemente, se sujetaba la mandíbula y repetía: ‘Yo no hice nada’», contó la señora en la sala.

En su escrito, la acusación particular sostiene que «los episodios agudos de ansiedad se hicieron más frecuentes, desarrolló insomnio, falta de apetito y anhedonia, y ansiedad social unida al miedo de que el episodio se pueda repetir».

La defensa solicita las atenuantes de dilaciones indebidas y de embriaguez, que las dos acusaciones rechazan. «Era totalmente consciente de cómo y dónde golpeaba», dice la letrada particular.

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