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El abandono de tierras, el monocultivo forestal y la pérdida del paisaje mosaico, gasolina para el fuego

Más de cien entrevistas realizadas en Galicia en el marco del proyecto europeo Storcito, que lidera la UVigo, revelan la necesidad de dar voz al rural, así como más formación, participación y cultura preventiva ante los incendios forestales

Amigas das árbores coordinó voluntarios en labores de reforestación en Maceda. |  Brais Lorenzo

Amigas das árbores coordinó voluntarios en labores de reforestación en Maceda. | Brais Lorenzo

Ourense

Un reciente estudio cualitativo llevado a cabo en Galicia, en el marco del proyecto europeo Storcito, liderado por la Universidade de Vigo, pone de manifiesto la importancia de dar voz a quienes viven, trabajan y gestionan el territorio en zonas de alto riesgo de incendios forestales. La investigación, coordinada por María Isabel Doval, investigadora del Grupo HC1 y de la Facultade de Educación e Traballo Social del campus de Ourense, se basó en más de cien entrevistas en profundidad con agricultores, ganaderos, cooperativas, brigadistas, personal jurídico y policial, ecologistas, activistas rurales, ayuntamientos, jóvenes y especialistas universitarios. Entre los problemas más señalados por los entrevistados destacan el monocultivo forestal, la pérdida del paisaje en mosaico, el abandono de tierras y el envejecimiento de las prácticas agroganaderas tradicionales, que favorecen la acumulación de biomasa y elevan el riesgo de incendios. Además, los participantes reclamaron reforzar la participación en la gobernanza local y en la definición de planes de riesgo y prevención, mayor flexibilidad normativa adaptada a la realidad rural, apoyo a la innovación y al aprovechamiento multifuncional del monte, fortalecer las comunidades de montes y garantizar el relevo generacional, y reconocimiento económico de los servicios ecosistémicos.

Fractura social

Doval subraya en las conclusiones que uno de los hallazgos más contundentes es la percepción de inseguridad y falta de preparación de la población, con ausencia de protocolos claros, escasa cultura comunitaria de autoprotección y desconocimiento de medidas básicas o uso de herramientas simples. Según la investigadora, esto genera desorganización, dependencia de la iniciativa individual y cierta descoordinación institucional, reforzando la necesidad de formación y educación en todos los niveles.

El estudio también evidencia una doble fractura social: por un lado, una brecha generacional entre quienes han vivido incendios de cerca y quienes solo los conocen por los medios; por otro, una brecha territorial entre habitantes del mundo rural y de zonas periurbanas cada vez más expuestas, pero sin cultura preventiva.

«Esta combinación afecta directamente a la capacidad colectiva de respuesta y refuerza la necesidad de más educación, sensibilización y formación para todas las edades y en todos los espacios de la sociedad», apunta Doval.

La investigación alerta de fenómenos como la eco-ansiedad, cada vez más presente en la sociedad y poco estudiada en el rural gallego. Asimismo, señala la falta de una cultura preventiva consolidada en el sistema educativo, donde la formación inicial y continua del profesorado carece de contenidos sobre incendios forestales, resiliencia o gestión de riesgos naturales, comparando la situación con países como Japón, Suecia o Estados Unidos.

Tres ‘p’ como respuesta

Como propuesta, el estudio recomienda el enfoque PPP: paisaje, paisanaje y profesionales, reconociendo al profesorado del rural como agente clave para fortalecer la resiliencia comunitaria, junto con un apoyo integral postincendio que combine acompañamiento psicológico, trabajo social y actualización técnica para profesionales de educación, servicios sociales y emergencias.

Así se indicó en los principales resultados que se presentaron en el Centro Integral de Loita contra o Lume de Toén, en el marco del proyecto Firepoctep+, coordinado por Juan Picos, profesor de la Escola de Enxeñaría Forestal del campus de Pontevedra. Allí , especialistas de España y Portugal compartieron innovaciones, buenas prácticas, oportunidades de financiación europea y demostraciones técnicas de prevención y extinción de incendios.

«Escuchar al territorio es la mejor estrategia para protegerlo y fortalecer la resiliencia de las comunidades», manifestó Doval reivindicando una mayor participación del rural en la gestión de los incendios porque «escuchar es el primer paso para prevenir».

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