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Nace el primer Ribeiro criado en ánfora de granito

El vino ‘Napedra’, de la bodega D’Vagar, se ha hecho en piedra de su propio viñedo

Los bodegueros Alberto y Antonio García Soto, con dos ‘Napedra’.

Los bodegueros Alberto y Antonio García Soto, con dos ‘Napedra’. / FdV

Leiro

Arriesgarse a innovar con un producto milenario de éxito no es fácil, pero cuando se hace con sentido, cuidando el producto y con materiales de calidad, el atrevimiento tiene todas las papeletas para convertirse en un éxito. De ello pueden presumir Alberto y Antonio García Soto, que con su parcela de la zona oeste del Val do Avia han creado el primer vino denominación Ribeiro que se cría en ánfora de granito.

Se trata de ‘Napedra’, la propuesta con la que las bodegas D’Vagar llevan un paso más allá a la zona con más patrimonio histórico vinícola. Esta botella, elaborada únicamente con variedad de uva Treixadura fermentada durante 11 meses, no sólo tiene la peculiaridad de reposar en un huevo gigante de cuarzo, feldespato y mica, sino que dicho recipiente está además construido con piedra de su mismo viñedo. Aunque no se trata de la primera bodega en experimentar esta opción, con menos de ocho años de antigüedad en Galicia, sí parece una de las de más sentido histórico: la cultura granítica de Leiro, con su variedad propia «Grissal», es innegable, y si se le suma la gran cantidad de sábrego (granito descompuesto) que rezuma por sus montes, la posibilidad de utilizarlo como sello distintivo se antojaba demasiado interesante como para no realizarse.

La ánfora de granito en la que se elaboró el vino.

La ánfora de granito en la que se elaboró el vino. / FdV

La idea de elaborar ‘Napedra’ nació en el 2023, cuando los hermanos García Soto descubrieron a través de un reportaje la iniciativa Ánforum, la marca que la empresa Epetrum, el enólogo Cayetano Otero y la bodega Santiago Roma lanzaron en 2017, con la intención de lanzar al mercado barricas de vino ovoides, fabricadas con piedra gallega y que introducían materiales como el granito, nunca explorados en Galicia hasta el momento. Las bodegas D’Vagar les propusieron trabajar con el propio monte que crece en las parcelas en las que cultivan Godello, Treixadura, Sousón y Caíño, y tras varios estudios sobre su viabilidad, el ovoide llegó a Leiro en agosto de 2024, mes desde el que lleva reposando el mosto que ahora se embotella en una de las propuestas más curiosas del año.

Ahora bien, ¿qué aporta esta especial barrica al vino? El secreto está en realzar lo ya existente. La alta presencia de sábrego en el Val do Avia hace que la tierra, y por consecuencia, los viñedos, tengan una gran mineralización. Cuando el zumo pasa a reposar en el ovoide, la porosidad de la piedra de granito hace que la microoxigenación (el proceso por el cual el vino se oxida de manera controlada) sea más potente que en madera o acero, lo que resulta en una botella más moldeada. «Es, literalmente, el vino descansando en la roca madre que lo vio nacer», explican sus bodegueros.

Quien desee hacerse con un ejemplar de ‘Napedra’, tendrá que darse prisa. La preventa está abierta desde ayer, y a partir del próximo martes se podrá adquirir en la web de D’Vagar a un precio de 50 euros la botella, pero la bodega sólo ha sacado una edición limitada de 2.000 unidades.

Alberto y Antonio García Soto comenzaron el proyecto de D’Vagar. En 1970, sus abuelos América González y Antonio Soto adquirieron A Vasqueira, una parcela de unas 2 hectáreas en el lugar de Ibedo (Leiro). Allí cultivaron las variedades autóctonas durante años, y en 2021, sus nietos decidieron asumir el relevo con el compromiso de seguir el legado familiar.

Una botella del 100% Treixadura.

Una botella del 100% Treixadura.

Una filosofía de familia y mimo

Desde el principio, pensaron D’Vagar con la intención de fusionar la tradición que le inculcaron los abuelos con las corrientes vinícolas más contemporáneas, para aunar en sus botellas lo mejor del ayer con lo interesante del futuro. Eso sí, teniendo siempre un alto respeto por el entorno, y practicando una viticultura sostenible y de minifundio, que les lleva a producir propuestas salidas de la misma finca de 2 hectáreas con uvas recogidas a mano, y en las que la seña de identidad es siempre la paciencia. Es este mismo factor el que le ilusiona Martín Busto, responsable comercial de Ánforum, pues considera un éxito que también bodegas pequeñas se sumen a las más de 10 de Galicia que apuestan por el granito como lugar de reposo.

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