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El CEIP Rosalía de Castro reduce los conflictos con una convivencia pionera

El colegio de Xinzo recibió el segundo premio «Tolerancia cero contra el acoso» por un proyecto que, dando voz al alumnado, disminuyó un 30% los incidentes entre compañeros

Rita Reza y Noemí Anta, con los protagonistas del Consello da Infancia.

Rita Reza y Noemí Anta, con los protagonistas del Consello da Infancia. / Iñaki Osorio

Ourense

En el CEIP Rosalía de Castro de Xinzo de Limia la convivencia no es un lema ni un programa puntual, sino una línea de trabajo que se ha ido construyendo durante años y que hoy forma parte de la identidad del centro. La dirección y el claustro llevan tiempo asentando un modelo propio, basado en la participación, la educación emocional y las prácticas restaurativas, un modelo que este curso ha recibido el respaldo institucional a través del segundo premio «Tolerancia Cero contra o Acoso», concedido por la Xunta de Galicia.

Los pequeños ante el puente en el que se llega a acuerdos que evitan conflictos. |  Iñaki Osorio

Los pequeños ante el puente en el que se llega a acuerdos que evitan conflictos. | Iñaki Osorio

La diversidad de la comunidad educativa —368 alumnos procedentes de 28 nacionalidades— fue uno de los puntos de partida para la transformación del centro. Así lo explica su director, Jose Manuel García, quien desde hace 15 años está al frente de este colegio en el que «detectamos que el alumnado necesitaba nuevas herramientas para comprender lo que siente y afrontar los desacuerdos de otra manera».

Así lo recogen también las memorias que presentaron a la Xunta para participar en un concurso que les ha otorgado 4.000 euros y, sobre todo, el reconocimiento al trabajo diario porque «a convivencia trabállase todos os días, non só cando aparece un problema», resume la orientadora del centro y una de las promotoras de la iniciativa, Rita Reza. El proyecto premiado, «Camiños de convivencia», nace precisamente de esa necesidad de educar desde las emociones para evitar que un simple malentendido escale.

Consello da Infancia

La figura clave del proceso ha sido el Consello da Infancia, creado el pasado curso para que los estudiantes tengan un espacio estable en el que trasladar inquietudes, formular propuestas y comprender cómo se organizan las decisiones en un centro educativo. Para Noemi Anta, docente de Infantil y coordinadora del plan de convivencia por el que se rige el centro, el objetivo es que los niños y niñas entiendan que son parte activa de la convivencia y no simples receptores de normas: «queremos que comprendan cuál es el motivo de que se tomen unas decisiones y no otras, que sepan que tienen voz y que los adultos también los escuchamos, que no sea siempre la sensación de ‘me dicen y tengo que hacer’, no, que sea ‘me dicen y sé porqué tengo que hacerlo’, pero, además, ‘yo también puedo decir’».

Para hacer factible coordinar tantas opiniones se creó este órgano de participación infantil al que acude un representante de cada aula de primaria, desde primero hasta sexto, en el que las reuniones se han convertido en un espacio donde se mezclan la responsabilidad y la naturalidad con la que los más pequeños afrontan los asuntos comunes.

Durante una de esas sesiones, David, alumno de cuarto de Primaria, expresaba con espontaneidad lo que significa para él: «es la primera vez que vengo y me gusta mucho. Quiero ayudar a que el cole sea mejor». No es la única muestra de participación activa. A través del Consello, cada representante de un aula es el portavoz de sus compañeros en un entorno en el que comparten aquello que puede mejorar, pero también es el encargado de explicarles después porqué motivo algunas ideas no salen adelante. «Nos lo tomamos en serio, tenemos hasta actas y a los niños les encanta porque se sienten importantes», explica Anta.

Tanto así que las propuestas no se quedan en el colegio, llegan a elevarlas a una administración superior: el concello. A los mandatarios locales los alumnos del CEIP Rosalía de Castro le piden premura en «la instalación de césped artificial en el campo de fútbol», una demanda muy cotizada entre todos los cursos y a los que los más mayores suman «una cubierta más en el patio de quinto y sexto para jugar al fútbol y al baloncesto cuando llueve», defiende Aya, de quinto curso.

No todo versa sobre el patio, el Consello da Infancia también se preocupa por el comedor y allí los niños «han pedido pulpo y kebap» y el director cuenta que «hemos aceptado la sugerencia». Otros cambios son más difíciles, la convivencia la gestionan mejor con el estómago lleno, pero para algunos también sería importante que a la hora de comer «hubiese más silencio». A corto plazo tendrán cefalópodo en el menú, pero la banda sonora seguirá siendo las conversaciones, procurando que ninguna suene más alta que la otra.

Un puente que evita disputas

Otro de los pilares del plan es el «Ponte da Convivencia», una herramienta que combina un espacio físico y un procedimiento para abordar los conflictos entre iguales desde una perspectiva restaurativa. Se trata de un recorrido simbólico que los alumnos realizan acompañados por un docente cuando surge un problema. El proceso comienza por el reconocimiento de la emoción: «O primeiro é poñer nome ao que un sente. Se non sabes que che pasa, é moi difícil chegar a un acordo», explica la orientadora. Tras esa identificación inicial, ambos caminan hacia un punto intermedio que representa el acuerdo, donde verbalizan compromisos para evitar que el conflicto se repita. El objetivo no es solo resolver la situación concreta, sino enseñarles a manejar desacuerdos, trabajando la escucha activa y paciente.

Ese «puente» ocupa una pared del patio escolar y se emplea al término de los recreos porque «suele ser cuando se genera algún conflicto». Para evitarlos el centro tiene otra propuesta más, los patios dinámicos e inclusivos, con juegos pautados y acompañamiento docente para garantizar que todo el alumnado tenga un espacio de participación y que nadie quede aislado.

Los resultados son visibles tanto en los indicadores internos como en la percepción del propio alumnado. La dirección constató una reducción del 30% en los partes disciplinarios, así como un incremento en la participación de todos los estudiantes en actividades. Un dato que el centro interpreta como prueba de que los estudiantes perciben un clima seguro. Todo ello ha sido posible, subrayan, gracias a que el claustro al completo «comparte el mismo enfoque, así todo fluye mucho mejor».

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