Entrevista | Sabela Gondulfes Escritora. Autora del poemario «Afouteza & Certeça»
«La poesía me salva de situaciones terribles»
Ha residido en lugares muy distintos del planeta, desde la Patagonia y el desierto de Atacama, a Nueva York, Lisboa o Madrid pero, en su nombre artístico, Sabela lleva a su aldea: Gondulfes, en el municipio ourensano de Castrelo do Val. El poemario ‘Afouteza & Certeça’ es su último libro, recién publicado. Está escrito «en un proceso de múltiples duelos»: la muerte repentina de la madre, el alzhéimer del padre y una enfermedad grave de uno de sus hijos

Sabela Gondulfes, durante una grabación de audio-poemas, en O Grove, este año. / Cedida

«Siempre digo que Dios, y más el Demonio, ambos, dan grandes retos a las personas que somos capaces de soportarlos. Sin duda alguna, la poesía me salvó y salva de situaciones terribles, profundamente dolorosas, como se puede comprobar a lo largo de estos versos escritos desde el amor y el dolor desgarrador, desde el firme compromiso social y ecológico, el cual siempre acompaña a la totalidad de mi obra, y desde el canto al arte y a la creación en todas sus vertientes». Son las palabras de la escritora multidisciplinar Sabela Gondulfes sobre el poemario recién publicado ‘Afouteza & Certeça’.
«Escribo desde que no sabía escribir, desde que lo hacía a garabatos. Si no escribiera moriría de inanición», afirma esta autora. Muchos de sus poemas han sido musicalizados y traducidos a varios idiomas, como el chino, ruso, italiano o georgiano. En su último libro aborda realidades que le han tocado cerca, como el alzhéimer de su padre Pepe: «Tengo la memoria r e s b a la d i z a por eso / escribo para no olvidarte tú que existo / para que me recuerdes qué soy, quién soy, / y saber si tú sabes lo que yo no sé».
—‘Afouteza & certeça’ da título, en gallego y portugués, a un poemario escrito en castellano. ¿Cuál es el propósito de este juego y diálogo entre las lenguas?.
Es un guiño a la Península, soy ibérica por convicción. Al escribir casi todo en español acostumbro a meter palabras en gallego, no galego do meu pobo, principalmente, y algún poema completo y su versión en castellano al lado. Me siento ligada a Portugal por cercanía e historia, voy a menudo y viví un tiempo en Lisboa, donde escribí una noveleta coral, inédita, Andrómeda. Lo he recorrido casi todo, menos el Algarve. Jugar con las distintas lenguas da cuerpo a la obra y cuenta al mundo que existen hablas más allá del inglés. Al buscar sinónimos en portugués de certeza salieron segurança y confiança, entre otros. Escogimos con la editorial certeça con ç para diferenciar la terminación -eza en ambas palabras y crear así un título único y poético. Y porque la certeza que me mantuvo en pie durante la etapa de creación de esta obra fue única e inenarrable. Sobre afouteza, los gallegos sabemos qué es: esa fortaleza de carácter y la firmeza ante la adversidad.
—¿Cuáles son los temas de fondo de esta obra?
Desde los universales amor-dolor hasta una zanahoria cruda. También hago poesía de lo cotidiano, como descorrer unas cortinas y mirar por la ventana. Y hay ecología, denuncia social, conciliación de las distintas culturas y pueblos. Siento el papel de la persona, mujer y madre nacida en la segunda mitad del siglo XX en un mundo que manifiesta su amplia diversidad, que apoyo y legitimo. Esta obra fue escrita en una etapa de duelo tremendo.
Mis primeras maestras de literatura fueron mi abuela paterna y mis tías abuelas
—¿Qué exigencias supuso el proceso a nivel personal y artístico?
Soy incapaz de dar algo a luz de forma rápida. Necesito masticar las vivencias, tragarlas y digerirlas, a veces con buen tino, otras no tanto. Las exigencias son comunes a todas las obras: autodisciplina, horarios muy largos de trabajo, puesto que para comer y pagar las facturas también hago otras cosas, y soy de ritmo tortuga. Pequeños rituales de aseo, ejercicio, alimentación. A fecha de hoy, canto y bailo al amanecer, es una forma estupenda de comenzar con buena energía, sobre todo si madrugas mucho. Paso mucho tiempo a solas en casa, en la naturaleza. Amo esta soledad creativa, no la cambio por nada ni nadie, la necesito para mi equilibrio integral. Suelo decir que, si no escribiera, moriría de inanición. Soy afortunada habiendo nacido con este talento, su desarrollo y aprendizaje me ha salvado de situaciones tremendas. No puedo estar más que agradecida al noble oficio de escribir. Amo profundamente mi profesión.
Me siento una escritora que viaja, una viajera que escribe. Vaya a donde vaya, a 500 kilómetros o a 15.000 de distancia, Galicia siempre está presente en mi obra
—Ha vivido y escrito en varias ciudades del mundo, muchas de ellos grandes urbes como Nueva York, Lisboa o Madrid. ¿En qué medida influyen, en su obra y su forma de crear, esa experiencia previa y la vida del presente en el rural, en la aldea de Gondulfes?
Me siento una escritora que viaja, una viajera que escribe. Soy viajera hasta en mi propia casa, me cambio de habitación a menudo, subo y bajo las escaleras porque sí, muevo los muebles. Soy incapaz de crear estática. El movimiento es muy inspirador para mí. Salir de la zona de confort es algo que vivo con inocencia y sin expectativas, me dejo llevar, no tengo miedo. Sí, quizá, un poco de vértigo, o un mucho. Siempre que viajo a otra cultura voy con fecha de ida, pocas veces de vuelta, me sumerjo en ella y convivo con la gente del lugar, ya sea en una gran urbe o en una localidad pequeña, o en medio del desierto. Deshilachando Banderas, mi anterior obra, la creé a altitudes de entre 2.400 y 3.700 metros. Vaya a donde vaya, a 500 kilómetros o a 15.000 de distancia, Galicia siempre está presente en mi obra: sus paisajes meigos, su arquitectura, la gastronomía, las viñas de treixadura, godello y mencía, sus vacas. Amo este animal, este y todos, la defensa de ellos y sus hábitats está muy presente también en mi literatura.
En agosto y parte de septiembre «mi mascota» fue una serpiente que huyó de las llamas y se refugió en la finca delante de casa. Aquí estuvo tranquilita. Y, sin duda alguna, mis ancestros son las referencias más importantes. Mis primeras maestras de literatura fueron mi abuela paterna y mis tías abuelas. La materna murió siendo mi mamá pequeña pero es como si la hubiera conocido, me hablaron un montón de ella. Todas eran grandes contadoras de historias alrededor del brasero, a lareira, debajo de las parras en verano.
—¿La libertad de crear, con independencia del formato, o la versatilidad a la hora de crear?
Ambas, libertad y versatilidad. Todas mis obras incluyen varias disciplinas, aunque la marque una en su totalidad, como en este caso la poesía. Cuando hago crónica, narrativa o ensayo, también agrego poemas. Es algo que fluye en mí de forma natural. La literatura infantil me resulta el género más difícil, las incursiones que hago son sólo ‘caseras’, para mis hijos en su día, ahora para mi sobrina y sobrino, y para amistades. Siento mucho respeto por este género. Es el público más inteligente.
«La catástrofe de los incendios postergó la edición del libro»
La aldea de Sabela se vio afectada por los incendios devastadores de agosto en Ourense.
—El gran impacto del fuego ¿marcó un cambio en su obra, nota que la haya atravesado?‘
'Afouteza&Certeça’ ya estaba escrita en los incendios de agosto, pero la catástrofe postergó su edición. Estaba en shock. Me pilló de viaje y me vi rodeada de llamas por guiarme por el GPS. Escapé por carreteras locales haciendo caso a la intuición y observación. Añadí un guiño después, en las correcciones del fichero tripa de la editorial. Cualquier atentado criminal a nuestra tierra, a la naturaleza, me atraviesa, esto es así ocurra lo que ocurra. Hemos de ser conscientes de que maltratar nuestro hogar, la Tierra, es maltratarnos a nosotros mismos. Todas las especies nos necesitamos. Los elementos son necesarios en esta gran convivencia. El progreso ha de ir ligado a un respeto profundo por la naturaleza y, al fin y al cabo, por nuestra especie.
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