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Adriana Domínguez: «Las empresas son una epopeya»

Adriana Domínguez, hija y presidenta ejecutiva de Adolfo Domínguez, se acercó ayer a la Facultad de Empresariales para hablar con los alumnos de ADE sobre las decisiones que marcaron la expansión de la firma de moda: «Es una pena fabricar en Asia, pero mandan los consumidores, no las empresas».

Adriana Domínguez, en un momento del ‘brunch’ con los alumnos de la Facultade de Ciencias Empresariais e Turismo.

Adriana Domínguez, en un momento del ‘brunch’ con los alumnos de la Facultade de Ciencias Empresariais e Turismo. / Iñaki Osorio

Ourense

Llenar las plazas disponibles al poco de anunciarse una actividad universitaria totalmente opcional es, a día de hoy, una noticia en sí misma, pero el encuentro que la Facultade de Ciencias Empresariais e Turismo organizó ayer reunía todos los requisitos para ser un éxito. Y es que si organizas un coloquio con comida incluida para que estudiantes de ADE puedan conversar con la actual líder de la empresa ourensana más internacionalizada de todos los tiempos, poco puede fallar.

La Universidade de Vigo celebró ayer, en colaboración con el Colexio de Economistas de Ourense, un brunch profesional en el que 25 universitarios pudieron charlar con la hija y presidenta ejecutiva de Adolfo Domínguez, Adriana Domínguez, en el que les habló de su trayectoria en la compañía, las claves que llevaron a la firma a estar presente en 51 países en la actualidad (de hecho, tiene más tiendas en el extranjero que en España) y los diferentes inconvenientes que los estudiantes afrontarán a lo largo de su vida.

Un sector inestable por naturaleza

La empresaria, recién llegada de Madrid con un paso previo por Los Ángeles, comenzó su intervención explicando las vicisitudes que rodean al sector textil, y que hace que el mundillo de la moda sea especialmente inestable: «Aquí el producto cambia cada 6 meses, mientras que en otros sectores una misma idea bien hecha, como un tornillo, puede dar ventas durante toda la vida». Y es que en el estilismo no solo es imprescindible renovar el catálogo constantemente, sino que es la propia marca la que se puede quedar desfasada.

Como explica Adriana, «que una marca se mantenga con prestigio durante más de una generación es rarísimo, solo lo consiguen las de lujo, hay como 20 o 30 en el mundo». Precisamente ese es el cometido que la presidenta de A.D. persigue con su gestión: «Tengo el cometido de mantenerla en el tiempo, el año que viene hacemos 50 años, 65 si contamos la trayectoria de El Faro».

De una sastrería familiar a una marca global

Y es que no se puede entender la situación actual de Adolfo Domínguez sin hablar de sus raíces, con los abuelos de Adriana y su sastrería en la Avenida da Habana, en la que años de compraventa de tejidos y décadas de confección de trajes a medida sentaron las bases para que Adolfo Domínguez (hijo) pudiera transformar el negocio familiar en una marca distinguida.

Fue ahí cuando nació Adriana, y cuando ya empezó a aprender los obstáculos que conlleva una expansión de tantas dimensiones: «Una cosa muy importante que me enseñó mi padre es que es mucho más fácil producir que vender. Distribuir es dificilísimo, y más en los locales céntricos de las mayores ciudades del mundo en las que nos situamos», cuenta.

Estos inconvenientes fueron los que llevaron a la empresa a cambiar su modelo de producción en los 2000. Frente al sistema vertical integrado basado en la fábrica de San Cibrao (ahora convertida en oficinas y diseño de prototipos) a las que se sumaban cooperativas de Celanova y Maceda cuando no daban abasto, pasaron a trasladar parte de la confección a Portugal, y más tarde, con la presión del resto de gigantes, al mercado asiático: «Es una pena tener que hacerlo, pero no mandan las empresas, sino el consumidor».

Entrar en la empresa en el peor momento

Adriana tuvo también tiempo de explicar cómo fue su entrada en la empresa. «Podéis pensar que se me dieron las llaves como una princesita, pero yo entré en la crisis del 2008, el peor momento de la empresa desde que cerró la fábrica».

El colapso de la banca americana coincidió con un momento de máxima expansión de la compañía, y los contratos millonarios en locales masivos en los que nadie podía consumir transformaron su mejor momento histórico en una década de pérdidas que obligó a buscar un consejero delegado externo.

«En 2012 llega esa ayuda, y tenemos varios años de reflote, pero al tercero caemos en las peores deudas históricas y se decide que entre yo a ocupar ese cargo».

La entrada de la tercera generación al mando provocó una estrategia para sanear cuentas que culminó en 2020, tan solo un mes antes de que la pandemia mundial volviera a desmoronar todo. Y es que, como comentó Adriana, «las empresas son una epopeya, espero que os gusten las aventuras».

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