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«La empatía en la atención sanitaria reduce la percepción del dolor»

Iria Salgado Fernández (Ourense, 1983), politóloga, mediadora y especialista en comunicación sanitaria, ha escrito un libro que establece 11 principios para mejorar la comunicación entre los profesionales y los pacientes. «En momentos complicados, la presencia, la escucha y la empatía se convierten en el mejor alivio», subraya. «Cuando una persona se siente comprendida y tratada con respeto, afronta mejor la enfermedad»

Iria Salgado.

Iria Salgado. / DANIEL ATANES

Javier Fraiz

Javier Fraiz

Ourense

¿Cómo surge este libro?

Quienes nos dedicamos a la comunicación en salud percibimos un aumento de la demanda de formación en habilidades de comunicación empática por parte de los profesionales sanitarios, que coinciden en señalar, con demasiada frecuencia, la necesidad de mejorar la manera en que se relacionan con sus pacientes. Al mismo tiempo, esos profesionales denuncian la creciente deshumanización en el trato clínico. En segundo lugar, el libro surge de algo que todos compartimos: la vivencia del sistema sanitario en primera persona como pacientes o acompañantes. Todos hemos sentido miedo, incertidumbre, en una consulta, una urgencia o una hospitalización. Y todos hemos recibido respuestas y presenciado gestos o actitudes que, lejos de acompañarnos en un momento de vulnerabilidad, aumentan el estrés o el malestar. Esas experiencias evidencian la necesidad de recuperar un estilo de comunicación más humano, respetuoso y consciente. Este libro pone el foco en una dimensión que casi nunca aparece en el debate público: la comunicación como elemento clave para la sostenibilidad del sistema sanitario. La comunicación empática no solo mejora el bienestar emocional de pacientes, familiares y profesionales, sino que también reduce el gasto sanitario, evita actuaciones innecesarias, disminuye reclamaciones, favorece la adherencia a los tratamientos y lo que, al menos para mí, me parece fundamental ahora mismo: fortalece la educación en salud de la población. Cuanto más sepamos todos de autocuidado, de prevención de enfermedades y de gestión de nuestras patologías, mejor.

¿Es una guía para profesionales sanitarios que también puede aportar a otras disciplinas?

El libro está dirigido principalmente a profesionales sanitarios porque es el ámbito en el que llevo trabajando años. Sin embargo, los principios que recoge no son exclusivos de la sanidad. De hecho, son aplicables a cualquier ámbito en el que existan relaciones sociales, es decir, en todos los ámbitos de nuestra vida. La comunicación empática, la escucha activa, la validación emocional, la claridad al transmitir información o la capacidad de adaptar el mensaje al interlocutor son habilidades que deberían entrenarse desde la escuela. Funcionan en una consulta médica, pero también en un despacho de abogados, en un aula, en un equipo de trabajo, en el comercio, en la familia y con amigos. Al final, de lo que se trata es de favorecer entornos respetuosos y eficientes.

¿Qué importancia tiene cuidar además de curar?

Cuidar es tan importante como curar, e incluso infinitamente más en muchas situaciones. Acudimos al sistema sanitario exigiendo a los profesionales soluciones; sin embargo, la ciencia, la tecnología y los propios profesionales no siempre pueden ofrecer una cura. Y es ahí donde el cuidado tiene un papel fundamental. Cuando ya no se puede curar, lo que realmente importa es que el enfermo y su familia se sientan acompañados, comprendidos y tratados con respeto. En momentos complicados, la presencia, la escucha y la empatía se convierten en el mejor alivio. Cuidar significa reconocer la dignidad de la persona más allá de su enfermedad, ver su historia, su sufrimiento, sus necesidades emocionales y no solo sus síntomas. Significa estar, sostener, explicar, escuchar, aliviar en la medida de lo posible.

¿En qué medida cree que influyen la empatía y el trato humano del profesional sanitario en el éxito de la atención y en el proceso de salud del paciente?

A veces tengo la sensación de que se entienden la empatía y el buen trato como un extra en la atención sanitaria, cuando deberían ser ejes de cualquier acto sanitario. La literatura científica es muy clara al respecto. La empatía reduce la percepción del dolor y mejora la percepción de calidad de vida. Sentirse escuchado modula la respuesta fisiológica del paciente, disminuyendo la intensidad del dolor y la ansiedad asociada. Cuando una persona se siente comprendida y tratada con respeto, afronta mejor la enfermedad y se adapta con más facilidad a los tratamientos. Los pacientes que confían en su profesional sanitario cuentan con más detalles sus síntomas y aportan información que tal vez sea relevante y que, sin un clima de confianza, no hubieran mencionado. Cuando entienden las explicaciones y perciben un trato humano, siguen mejor las recomendaciones y cumplen los tratamientos con mayor constancia. Hay estudios que muestran una correlación entre sentirse entendido y experimentar menos síntomas físicos en el caso de enfermedades leves. Además, la empatía, reduce las reclamaciones por mala praxis.

¿Suponen obstáculos la saturación de los profesiones y la sobrecarga diaria que afrontan?

La mejora de la comunicación y del trato humano no puede analizarse al margen de la realidad asistencial. Los profesionales sanitarios trabajan en un contexto marcado por la sobrecarga asistencial, la escasez de recursos, la falta de tiempo y la presión emocional. No se puede pedir a un profesional que escuche con calma, que valide emociones, que explique con detalle y mantenga una comunicación empática cuando en una mañana tiene un elevado número de pacientes, está pendiente de los resultados de otros tantos y, además, es probable que hoy esté en una consulta y mañana, tal vez, en una planta de hospitalización con pacientes que nunca ha visto antes. Por eso, cuando hablamos de comunicación, hay que enmarcarla en la gestión sanitaria. La comunicación tiene mucho de habilidad individual que puede entrenarse pero depende, también, de crear las condiciones necesarias para permitirla. Pedir a un profesional sanitario que escuche más sin proporcionarle más tiempo por paciente es pedirle que haga magia.

«La humanización tiene límites»

Los sistemas sanitarios cuentan con servicios de humanización. ¿Cree que debería ahondarse en ese camino?

Los centros hospitalarios cada vez más apuestan por medidas de humanización para hacer más llevaderos especialmente los ingresos, y eso es positivo. Intervenciones como la musicoterapia, el voluntariado adecuadamente formado, los espacios agradables… ayudan a mejorar el estado emocional de algunos pacientes y hacen que la experiencia hospitalaria sea menos dura. Pero la humanización tiene sus límites y, a veces, quienes nos dedicamos a la comunicación sanitaria podemos correr el riesgo de cruzar la línea hacia todo lo contrario. Hace un tiempo, un hospital compartió en redes sociales una fotografía de una sala de oncología donde los pacientes recibían su tratamiento mientras escuchaban la actuación de una conocida cantante. La intervención en sí puede ser muy positiva: está demostrado que la musicoterapia tiene efectos emocionales y fisiológicos beneficiosos. Si los pacientes lo aceptan y se sienten acompañados, puede ser positivo. Pero me pregunto si hacer pública esa imagen, por supuesto con consentimiento expreso los pacientes, en la que se les ve en un momento vulnerable, recostados, con vías, en una sala compartida que a veces te lleva a tener que escuchar historias que no te apetece o te generan incluso más tensión, es realmente necesario. Me planteo si eso es cuidar al paciente, humanizar la atención, o simplemente se está utilizando su imagen para dar a conocer una medida o reforzar la imagen del centro.

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