Un animal con mucha historia pero futuro incierto
Los burros ayudaron en labores agrícolas y en muchas comunidades aún son un medio de transporte, pero aún así sufren el abandono. Afortunadamente, hay quienes ven sus méritos y les protegen.

Terapia con burros en la asociación Andrea. | Brais Lorenzo
Los burros están en peligro de extinción. Tras muchos años siendo de gran utilidad para labores del agro, han sido relegados, abandonados e incluso maltratados. Pero la Asociación Andrea de Allariz considera que esta especie aún puede aportar mucho y lo está demostrando con su utilización en terapias para personas con discapacidad. Hace 20 años que realiza este programa asistido con animales y también hace de mediadora para buscarles un hogar en adopción. De hecho, en estas dos décadas han dado mejor vida a unos 700 burros, aproximadamente.
Al principio, en 2005, esta asociación se fundó porque había una gran cantidad de burros abandonados en Galicia. Empezaron en la provincia de Pontevedra, y en 2006 llegaron tener casi 50 con necesidades de rehabilitación. «Nos colapsamos, había muchos y ninguna ayuda», lamenta David Lema, responsable de Bienestar Animal de la asociación. Obligados a pedir ayuda internacional, fue Inglaterra quien se ofreció y se llevó a cabo un convenio que no constaba de dinero pero sí de muchos servicios. Tenía en Málaga una sede que se llama el «Refugio del burrito», y allí se les daba rehabilitación: «los venían a recoger a Pontevedra», apunta.
Muchos burros fueron dados en adopción, y «seguimos sin apoyo de las administraciones, pero ponemos en contacto a los que los quieren adoptar con los que quieren darlos. Es una mediación de trueque sin dinero. El año pasado colocamos bastantes pero la cabaña de burros desciende en Galicia y España». Apunta que en los años 80 había un censo de casi 27.000 cabezas y ahora está por debajo de los 4.000 en Galicia. Explica que ahora los pocos ejemplares que quedan son de propietarios mayores y «nos llaman para buscarles familias».
Lema señala que «nacimos acogiendo burros y rehabilitándolos para darlos en adopción pero sin ayudas institucionales y con gastos veterinarios grandes. Para evitar el abandono ahora les buscamos familias y de esta forma ya no pasan por nuestras instalaciones y así seguimos». Indica que tienen un programa de adopción y en Galicia «nos conocen y tenemos solicitudes de adopción pendientes». Destaca que a diferencia del año 2006 en que tenían más de 40 burros esperando a ser adoptados, ahora la lista de espera es de gente que quiere uno.
Actualmente la asociación tiene una manada de 17 burros para terapias y «ya no acogemos más». Recuerda que «nacimos haciendo terapias con muchos animales pero nos quedamos con el burro porque nos daba todo lo que necesitábamos». Dice que es un animal, con una gran memoria, aprende rápido, es muy sociable, entrañable y noble.
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