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La Xunta declara el castro de San Cibrao de Las como Ben de Interés Cultural

Tras más de una década de excavaciones, restauración y gestión del parque arqueológico, el castro recibe la máxima protección patrimonial y se consolida como uno de los asentamientos más completos del noroeste

Una visita al Castro de San Cibrao de Las en 2016.

Una visita al Castro de San Cibrao de Las en 2016. / Iñaki Osorio

Ourense

Su construcción llevó siglos. La construcción de un centro de interpretación para dar a conocer su valor, más de diez años desde su anuncio. El pleito y posteriores negociaciones por determinar la propiedad de sus terrenos sumó una década más. Pero ayer, el texto del Diario Oficial de Galicia parece haber puesto punto y final al largo tránsito administrativo del castro de San Cibrao de Las, que por fin obtuvo la ansiada declaración de Bien de Interés Cultural.

El comunicado que emitió este lunes la Xunta de Galicia detalla que el conjunto situado entre los términos municipales de San Amaro y Punxín será protegido a partir de ahora con la máxima distinción de patrimonio «polo seu interese científico e a súa importancia histórica, sendo un dos xacementos arqueolóxicos máis sobranceiros e coñecidos da Comunidade». Y es que el sobrenombre de «A Cidade», por el que se conoce popularmente al conjunto, no se otorga sin motivos: con más de nueve hectáreas de superficie y dos recintos amurallados, el de San Cibrao de Las es uno de los poblados castrexos de mayor tamaño y complejidad urbanística del noroeste peninsular.

Un yacimiento excepcional por su tamaño y planificación

Su entramado de calles pavimentadas, las viviendas organizadas en barrios y construidas alrededor de un patio central o el sistema de canalización de agua que presentaba en su momento lo convierte en una de las construcciones más planificadas de su época, y uno de los vestigios más valiosos para poder conocer cómo se vivía en la Edad de Hierro en esta parte de la península. Además, «A Cidade» puede presumir también de un magnífico estado de conservación.

El expediente necesario para iniciar el trámite para convertirla en BIC (publicado en el DOG en junio de este año y en el BOE el último septiembre) destaca que el 15 % del poblado está excavado y musealizado, y que su integridad morfológica se ha preservado «de forma excelente», por lo que no se ha visto alterada substancialmente a lo largo de los siglos.

Una protección máxima con fuertes restricciones

La declaración del Castro de San Cibrao de Las como Bien de Interés Cultural (BIC) implica a partir de ahora su máxima protección legal, al quedar integrado en la categoría de yacimiento arqueológico según la Ley de Patrimonio Cultural de Galicia. Desde ayer, cualquier actuación que se lleve a cabo tanto en los elementos de los castros como en todo el entorno, quedan prohibidas o fuertemente restringidas actividades que puedan alterar el terreno o afectar a la integridad del sitio, como movimientos de tierras, explotaciones forestales agresivas o construcciones de nueva planta.

Incluso con la modificación de la Ley de Patrimonio que la Xunta pretende llevar a cabo en 2026 para descongestionar los infinitos trámites que muchos proyectos afrontan, el BIC de «A Cidade» seguirá con gran dependencia autonómica: la nueva normativa solo permitirá a los concellos hacer obras menores en los alrededores y con previo aviso a la Dirección Xeral.

Problemas de abandono y riesgos recientes

Una protección extra estrictamente necesaria si se tiene en cuenta el grave estado —que algunos incluso tachan de «semiabandono»— que se documentó hace un mes en la zona. Un artículo del medio Galicia Press recopiló las diferentes problemáticas que cualquier turista se encontraría en una visita actual: tojos del tamaño de una persona, maleza que rodea todas las excavaciones, paneles desgastados hasta ser ilegibles o pasarelas semiderruidas son algunas de las quejas que recoge la noticia, a la que se suma un abandono digital en cuanto a comunicación de horarios e información en web, Google Maps y redes sociales.

Esta problemática no solo afecta al turista, sino también a la conservación del entorno: el propio DOG reconoció en el expediente previo a la declaración BIC que «la masa forestal alóctona» y «el desarrollo de la vegetación sin mantenimiento y limpieza en el interior del castro» suponían un «foco importante de riesgo de incendio». Afortunadamente, San Amaro y Punxín, al igual que el resto de la comarca de Carballiño, se libró de los principales focos que golpearon a la provincia de Ourense este verano.

Una nueva etapa para su conservación

La limpieza y restauración de las infraestructuras con mayor deterioro serán uno de los principales retos a asumir por la Dirección Xeral de Patrimonio ahora que el castro de San Cibrao de Las ya es oficialmente el BIC número 793 que declara la Xunta, y el primero que registran tanto el concello de San Amaro como el de Punxín. Con esta declaración, «A Cidade» no solo consolida su legado histórico, sino que abre una nueva etapa en la que su protección y puesta en valor estarán, por fin, a la altura de su grandeza milenaria.

Décadas de pleitos por los terrenos

La potestad de la Xunta sobre el Castro de San Cibrao de Las no se gestó de la noche a la mañana. El gobierno autonómico anunció su intención de construir un centro de interpretación en 2003, con la intención de poner en valor uno de los castros más relevantes del noroeste peninsular. En marzo de ese año el DOG publicó la licitación de las obras, para las que estimaba un plazo de ejecución de 30 meses, pero los plazos se alargaron unos cuantos periodos más. Más del cuádruple, para ser exactos, pues no fue hasta marzo del 2014 que se inauguró el Parque Arqueológico de la Cultura Castrexa, para el que se invirtió un total de 8,6 millones de euros.

Y todo ello sobre la marcha, pues durante todo el proceso los terrenos del castro estuvieron en disputa entre la Xunta y el Man Común de Cristimil y A Torre. El conflicto, iniciado formalmente en 2011, duró más de una década. La Xunta consideraba que los terrenos habían sido cedidos por el Concello, mientras que los comuneros reclamaban su propiedad, apoyados en resoluciones judiciales previas. Los litigios se sucedieron, con recursos, audiencias y sentencias parciales que mantuvieron la incertidumbre y provocaron que el castro funcionara en precario.

La disputa tuvo su punto y final el pasado septiembre, cuando después de múltiples rifirrafes por una compensación que el Man Común consideraba insuficiente, se llegó a un acuerdo de expropiación amistosa aún en proceso por casi 242.000 €, que permitió iniciar con seguridad los trámites de la actual declaración BIC.

Eso sí, el presidente de los montes vecinales, Modesto Rodríguez Alén, no se ha olvidado de los años de conflicto al valorar la actualidad de «A Cidade». Aunque se alegra por la actual Xunta y el impacto que la distinción va a tener en la comarca, considera que el trámite «xa tiña que estar feito hai moitos anos. Se o goberno anterior actuara da forma debida, o castro xa sería BIC dende 2012».

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