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Transformar ruinas en una aldea turística: el audaz proyecto del joven Alejandro López en la Ribeira Sacra

Alejandro López recibe el premio al mejor Proyecto de Fin de Grado en Arquitectura Técnica por convertir un pueblo en ruinas de Parada de Sil en casas rurales.

Alejandro López Álvarez.

Alejandro López Álvarez. / Iñaki Osorio

Ourense

Alejandro López Álvarez elige un bar céntrico para hacer esta entrevista, a la que llega, dice, sorprendido tras el aluvión de llamadas que ha recibido en el día. Se viste, habla y comporta como cualquier otro chaval de su edad: confiesa que entró en la carrera de Arquitectura Técnica «por probar» tras la recomendación de un profesor de Bachillerato, y que escogió el marco de su Proyecto de Fin de Grado por resultarle más fácil al estar familiarizado con él. Pero lo que Alejandro ha conseguido está lejos de lo ordinario: el Consello Galego de Aparelladores acaba de reconocer su trabajo de fin de carrera como el mejor de su promoción en toda Galicia, después de que decidiera graduarse con un proyecto para transformar una aldea en ruinas de la Ribeira Sacra en un conjunto de uso turístico.

Muros visigodos en una aldea sumergida

Concretamente, Alejandro se fijó en el concello de Parada de Sil. Allí, en la parroquia de Sacardebois se encuentra el pueblo de San Fiz, a escasos metros del cañón del Sil. Con las investigaciones que llevó a cabo, descubrió que la aldea tuvo actividad en 1748 como mínimo. Pero a mediados del siglo XX, Iberdrola expropió los inmuebles para construir el actual embalse de San Esteban, por lo que San Fiz, como otros pueblos, quedó sumergido por debajo del nivel del pantano, propiciando el abandono y el estado en ruinas que presenta actualmente.

«Todas las viviendas de la aldea poseen escombros procedentes de la cubierta y de los entramados interiores, excepto una de ellas, que aún conserva, en mal estado, ambos elementos», explicaba en la redacción de su proyecto. Del conjunto de 17 habitáculos que conformaban la aldea, Alejandro escogió cuatro casas orientadas hacia el valle, en cuyos muros encontró marcas que desvelaban que los entramados eran de origen visigodo-medieval.

Respetar el pasado, modernizar el interior

Escogido el entorno, tocaba decidir qué quería hacer para su proyecto, y Alejandro tuvo claro que no quería desvirtuar nada de lo poco que quedaba: «Intenté recuperar la tipología constructiva de la Ribeira Sacra, que se hace con granito y teja cerámica, y luego modernizar un poco el interior para que sea habitable y el huésped no tenga problemas en vivir allí», explica.

Entre esas modernizaciones está el «termochip», un panel sándwich de madera y aislante que permite ahorrarse viguetas para construir el tejado. Pero la joya de la corona está en el ventanal exterior, que Alejandro proyectó inspirado en las cabañas típicas de las webs de alquiler vacacional: «Buscaba un conjunto de casas orientadas hacia el río, y aprovechando los antiguos balcones creé unas cristaleras que simulan el balcón original», cuenta.

Un proyecto listo para ponerse en marcha

El completo trabajo que presentó incluye todo lo necesario para poder materializarlo en cuanto se quiera. El presupuesto que estima no está nada mal: unos 545.000 euros («aunque seguramente habría que ajustarlo con mano de obra y maquinaria», incide) para transformar las ruinas de cuatro viviendas en tres casas rurales modernas con un potencial turístico considerable.

Pero, ¿podremos llegar a hablar en un futuro de la aldea de San Fiz como destino rural? Solo el tiempo lo dirá. Tanto el tribunal como el Consello Galego de Aparelladores le recomendaron presentar la opción al ayuntamiento, pero el nuevo arquitecto técnico está en un momento de calma. Aún recién graduado, y tras pasarse un verano entero trabajando en el proyecto, Alejandro está afrontando los primeros meses de su carrera laboral con un merecido descanso.

Tampoco tiene razones para agobiarse, pues al ser uno de los mejores expedientes de su promoción en un sector con necesidad constante de profesionales cualificados, no tendrá problemas para encontrar trabajo cuando termine su pausa, de la que —confiesa— «ya me estoy aburriendo un poco».

El ayuntamiento da su visto bueno

Sea como sea, con lo que ya cuenta el proyecto es con el visto bueno municipal. El alcalde de Parada de Sil, Aquilino Domínguez, se muestra entusiasmado con que se piense en la parroquia para un proyecto así, y más aún al tratarse de restauración de patrimonio. Aunque no contempla financiarlo por parte del concello, sí que «estaría encantadísimo de acollelo, e axudariamos no que fixera falta», razona.

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