Setenta comunidades de montes exigen a la Xunta medidas urgentes contra los incendios
Los comuneros del Distrito XIV, Verín-Viana, se reunieron para elaborar un decálogo de acuerdos que piden que cumpla Medio Rural | Solicitan «ser escuchados», la donación de material básico contra el fuego y mayor prevención

Representantes de las comunidades de montes, ayer, antes de la asamblea. | | IÑAKI OSORIO
La ola de incendios que arrasó la provincia el pasado mes de agosto ha encendido la chispa de la movilización vecinal. Cerca de setenta Comunidades de Montes del Distrito XIV (Verín-Viana) se reunieron ayer en el salón de actos de la Casa da Cultura de Verín con un objetivo común: exigir a la Xunta de Galicia y a la Diputación medidas urgentes para prevenir nuevos desastres forestales y reclamar su participación directa en las decisiones que afectan al monte.

Xosé Manuel y Rosa Nóvoa, al frente de la convocatoria. | | I. OSORIO
El encuentro, promovido por Xosé Manuel Rodríguez, presidente de una comunidad de montes verinesa, y Rosa Nóvoa, desde las comunidades de Laza, reunió a "representantes de alrededor del 70% de las más de cien comunidades contactadas en los doce municipios del distrito", según los cálculos de Rodríguez —desde A Gudiña hasta Viana do Bolo, pasando por A Mezquita, Castrelo do Val, Cualedro, Laza, Monterrei, Oímbra, Riós, Verín, Vilariño de Conso y Vilardevós—. En conjunto, los asistentes representaron más de 100.000 hectáreas de terreno mancomunado, más de la mitad de la superficie total del distrito que quiere hacerse oír en la Consellería de Medio Rural, en el Distrito Forestal y en la Mesa Provincial de Incendios. A todos ellos les harán llegar las conclusiones de la asamblea en los próximos días.
«Ser escuchados»
Los comuneros coinciden en señalar que el verano ha dejado una sensación de abandono. Tres meses después de los incendios, lamentan que la Xunta no se ha puesto en contacto con ellos para conocer el alcance real de los daños en sus montes. «Non se pode combater o lume sen falar cos donos do monte», resumió Rodríguez, visiblemente satisfecho con la respuesta obtenida por parte de las comunidades del distrito, pero alicaído por la falta de interlocución institucional. «A día de hoxe, ninguén nos preguntou canto ardeu ou nos confirmou o dato. Non temos información oficial de nada», asevera.
Precisamente por ello, la primera conclusión de la reunión fue «la necesidad de ser escuchados». Los representantes consideran inaceptable que se tomen decisiones sobre los terrenos comunales sin contar con sus propietarios legítimos. «Se somos os que xestionamos, os que limpamos e os que primeiro saímos a apagar o lume, tamén temos que estar nas decisións», valoran. Reclaman por tanto que las comunidades de montes tengan voz y presencia real en la planificación forestal de cara a evitar próximas emergencias.
Al hilo, otra de las grandes preocupaciones abordadas en la reunión fue la prevención. Los comuneros defienden que los montes vecinales están, en general, en buen estado de limpieza y gestión, y creen que el foco «se encuentra en las fincas privadas abandonadas que los rodean». «Por moi limpo que estea un monte comunal, de pouco serve se está rodeado de parcelas cheas de maleza e silvas que nunca se tocan», subrayan. Consideran imprescindible una actuación decidida de la Xunta sobre esas propiedades, muchas de ellas sin dueño conocido o con herencias sin resolver, que se convierten en polvorines.
Cortafuegos naturales
El documento consensuado plantea también que las franjas de protección previstas alrededor de las aldeas se extiendan a los montes comunales. Argumentan que la creación de cortafuegos naturales y la limpieza perimetral de los grandes montes, «algunos de más de tres mil hectáreas», puede evitar la quema masiva de miles de hectáreas y reducir la extensión de los incendios. En esa misma línea, solicitan a la administración autonómica que «estudie la donación de equipos de protección individual y material básico de extinción para las comunidades que carecen de recursos». La petición nace de la experiencia de este verano, en el que fueron, en muchos casos, los propios vecinos quienes sofocaron las llamas con medios precarios. «A maioría dos incendios deste verán apagáronse cos veciños e unhas pólas na man, gustaríanos ter unhas pequenas ferramentas a disposición, como batelumes e lanternas, por non ter que ir con xestas», apuntan.
Una mesa de trabajo
El balance de pérdidas en el distrito es devastador. Solo las comunidades presentes en la asamblea calculan haber perdido más de 10.000 hectáreas, aunque reconocen que la falta de datos oficiales impide precisar la cifra. «Eu sei a do meu monte porque o levo eu, foron 30 hectáreas, pero polos datos meus, non porque mo dixera ninguen. Igual que no 2004 cando o resultado do lume foi o 100% arrasado, inda a día de hoxe ninguen me diu cifra oficial», expone Rodríguez.
Lo que sí es oficial es que la magnitud de los daños ha reforzado la convicción de que es necesario un cambio en la gestión del territorio. Para llevarlo a cabo la asamblea concluyó con la elaboración de una mesa de trabajo formada por cinco representantes de distintas comunidades, elegidos por consenso. Ellos y ellas se encargará de ultimar el documento y presentarlo a las instituciones, algo que confían en que suceda en «próximos días».
Además, el movimiento no se detiene aquí: ya se prepara una nueva reunión con el propósito de incorporar más comunidades, no solo las 100 de ayer— entre presentes y citadas que no se pudieron acercar, pero firman igual—sino muchas más, «es por el beneficio común, aquellas que se quieran adherir son bienvenidas. Nosotros invitamos en esta reunión a Vilar de Barrio, por proximidad», indican.
Los comuneros sostienen que su objetivo no es confrontar, sino cooperar. «Non é unha queixa, é unha proposta. Queremos ser parte da solución, non o problema», resume Rodríguez, porque en una comarca que cada verano convive con las llamas, los propietarios del monte comunal reclaman que se les reconozca el papel que les corresponde. «O monte comunal é a nosa casa e se non nos deixan falar dela, o lume volverá chamarnos á porta, que é o que hai que evitar».
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