Mar Blanco: «Mi próximo techo a derribar es tocar el órgano de la catedral»
La única profesora de este instrumento en un conservatorio en Galicia, es homenajeada por la Diputación por superar vetos de genero, bajo el lema «rompiendo teclas de cristal»

María del Mar Blanco, sentada al órgano del Conservatorio de Música de Ourense. | Roi Cruz
M. J. A.
María del Mar Blanco Moreno atesora, pese a su juventud, una carrera profesional de vértigo, como pianista y clavecista y como profesora de órgano en el Conservatorio de Ourense, la única que imparte este instrumento en Galicia, lo que no ha impedido que en sus principios en Salamanca se le negara tocar en alguna iglesia por ser mujer o por no lucir hábitos, aun teniendo una formación académica infinitamente superior a la mayoría de los organistas.
Por esta razón, por triunfar en la música saltando vetos de género, el área de Igualdad de la Diputación Provincial de Ourense, dirigida por la diputada Teresa Barge, ha concedido una de las distinciones de su campaña «8M, mes a mes» a María del Mar Blanco, coincidiendo además con la celebración del Día de la Música, el 22 de noviembre, y en su caso bajo el lema «Rompiendo el techo de cristal con las teclas».
La homenajeada considera que «es verdad que tenemos muchos retos por delante como mujeres, no solamente tienes que estar bien formada, sino que tienen que permanecer siempre aprendiendo más, y ahí donde aparece el mínimo resquicio, entrar», afirma María del Mar Blanco, que se muestra «muy agradecida por este reconocimiento».
Madrileña de nacimiento y gallega, María del Mar Blanco Moreno es una reconocida pianista, clavecinista e investigadora musical cuya trayectoria se distingue por la excelencia y su compromiso con la igualdad. Licenciada en Historia y Ciencias de la Música y máster en Investigación Musical, ha desarrollado su carrera docente en diversas regiones de España, desde Béjar (Salamanca) hasta Vigo, donde fue profesora de clavecín.
«En mi caso he ido desarrollando curiosidad por otros instrumentos no me quedé solo con el piano; me interesó la música antigua, empecé a descubrirla y con ella otros instrumentos. Así me formé en clave, órgano, en musicología. Me gusta ir ampliando horizontes, porque son los que luego te permiten decidir a qué te dedicas. Qué prefieres».
Si bien responde al perfil de esa profesional que ha llegado a la excelencia en su ámbito «ahora estoy no solo dando conciertos, sino enfocada en mi labor pedagógica», explica, con alumnos de los más diferentes perfiles y edades, «incluso un excompañero profesor del Conservatorio ya jubilado que ha decidido ahora aprender órgano», indica.
El Conservatorio de Ourense y María del Mar es la única de la comunidad que forma en la materia. Sin embargo, «hay una peculiaridad que tienen que cumplir aquellos que quieran aprender a tocar el órgano». «Ahora mismo cualquiera que se interese por el órgano y hay muchos, no puede empezar en primero de grado elemental, porque no existe la ley, nunca lo permitió. Tienen que empezar con el cuarto elemental de piano o de clave, y luego se meten a grano, cuando en otros países de Europa pueden empezar desde niños. Aquí los técnicos y los ministros que han legislado el tema, consideran que un niño no llega a los pedales, porque la banqueta está muy alta, y es mucho para un niño que tenga que coordinar las manos, los teclados y los pedales». Sin embargo, en opinión de la verdadera experta «y solo mi opinión, si tú formas en el manejo coordinado a un niños en el uso de todo eso, el aprendizaje se produce de forma natural, como cuando mamá y papá hablan distintos idiomas y el niño los aprende de forma natural. Cuando el alumno llega de adulto le cuesta más manejar este instrumento y sus pedales», afirma.
La vida y trayectoria profesional de María del Mar están marcadas, según explica la Diputación de Ourense en la semblanza profesional y humana de la homenajeada «por episodios que evidencian la persistente desigualdad de género en el mundo de la música. Desde la negativa de un sacerdote a dejarla tocar el órgano en el santuario de Béjar, hasta comentarios condescendientes antes de actuar como solista en un auditorio, María del Mar denuncia con valentía el peso del patriarcado «en una profesión donde las mujeres músicas, históricamente relegadas a los conventos, siguen luchando por ocupar espacios de visibilidad y reconocimiento». Su voz, firme y lúcida, «invita a reflexionar sobre el camino que aún queda por recorrer para alcanzar la verdadera igualdad en conservatorios, catedrales y escenarios», explica Teresa Barge.
De hecho, uno de los «techos de cristal que me queda por derribar y me haría una enorme ilusión, que espero que se cumpla, es poder tocar en el órgano de la catedral de Ourense, y también mis alumnos».
En algunas seos gallegas esta posibilidad está reservada solo a hombres o sacerdotes, aun cuando sean autodidactas. Es de esperar que dada la sensibilidad de todo el cabildo catedralicio con el arte sacro y con la música ese primer concierto en la seo ourensana, no se hará esperar».
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