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«Los políticos nos prometieron mucho pero tres meses después del incendio seguimos abandonados»

Vecinos de San Vicente, una aldea de Valdeorras arrasada por el fuego en agosto, denuncian las «trabas» burocráticas que frenan la reconstrucción de sus casas: «El rural no se merece esto»

Ver arder las casas propias y de los familiares fue «como enterrar, nuevamente, a nuestros bisabuelos y abuelos, a nuestros seres queridos; una huella imborrable»

Vecinos de San Vicente (Vilamartín), este jueves en Ourense, para recoger el premio 'Millo'. En las otras imágenes, la destrucción que causó el fuego.

Vecinos de San Vicente (Vilamartín), este jueves en Ourense, para recoger el premio 'Millo'. En las otras imágenes, la destrucción que causó el fuego. / BRAIS LORENZO / EFE y ROI CRUZ

Javier Fraiz

Javier Fraiz

Ourense

Dominga Álvarez, Elsa Fernández, Regina López, Rosana Fernández, Tania Rodríguez, Antino Rodríguez y Christian Barrio representan el alma de un pueblo, San Vicente de Leira (Vilamartín de Valdeorras), cuya devastación, con numerosas casas arrasadas, incluidas viviendas habituales, visibilizó a escala nacional el poder destructivo de los incendios que arrasaron Ourense en agosto. Por su dignidad, su capacidad de resistencia y por la lucha que emprendieron solos contra el fuego en una situación límite, fueron elegidos por el jurado de los premios ‘Millo e Carozo’, que convoca el café cultural Ceres 1894, para representar a todos los afectados por las llamas. A los damnificados y trabajadores de extinción reconoce el jurado, integrado por periodistas.

El ‘Millo’ recompensa una labor social encomiable en Ourense. El ‘Carozo’ pone el foco en aspectos negativos, perjudiciales o criticables. El tema central en esta segunda edición del evento fueron los incendios, que calcinaron 105.000 hectáreas en agosto, además de causar cuantiosos daños en viviendas, bienes y el medio, llevando el pánico a muchas aldeas, como pasó en San Vicente de Leira.

La destrucción de San Vicente de Leira.

La destrucción de San Vicente de Leira. / BRAIS LORENZO / EFE

«Tres meses después estamos igual. Cuando fueron allí los políticos, nos prometieron mucho pero, a día de hoy, aún no tenemos nada», lamentaba, en la recogida del premio, Dominga Álvarez, que se queja de obstáculos burocráticos. «El pueblo ayuda y reacciona, pero las administraciones solo ponen trabas para todo. Es la sensación que me da a mis 70 años», critica.

«San Vicente quedó completamente arrasado, no nos recuperamos, lo pasamos muy mal y seguimos pasándolo muy mal. La sensación que tenemos en la aldea es de abandono total», indica Dominga. «Mi padre murió luchando por la carretera sin poder verla hecha. Creo que me voy a morir viendo nuestra aldea destruida. Es la sensación que me da a mí con 70 años que tengo», expresa.

El premio ‘Millo’ recae en las víctimas de los incendios forestales, en los vecinos que vieron arder casas, montes y otras propiedades, así como en los bomberos forestales, brigadas municipales, militares de la UME y otros servicios de emergencia, como bomberos urbanos, fuerzas de seguridad o Protección Civil. El galardón reconoce de forma especial, asimismo, a las 200 personas que fueron atendidas o resultaron heridas en la provincia por causa de los incendios.

El fotoperiodista Brais Lorenzo, uno de los integrantes del jurado, entrega el premio 'Millo' a los vecinos de San Vicente.

El fotoperiodista Brais Lorenzo, uno de los integrantes del jurado, entrega el premio 'Millo' a los vecinos de San Vicente. / ROI CRUZ

«Eran unas llamas inmensas, avanzaron muy rápido», recuerda Dominga. «La aldea ardió por todos los lados, era una ratonera», añade. El incendio arrasó numerosas casas, devastó la localidad y devoró naturaleza única. «Ardieron castaños milenarios, alguno de ellos catalogados de 1.600 años. Los más jóvenes eran árboles centenarios. Eso es irrecuperable, mis nietos no van a poder verlo. Fue una destrucción muy grande», relata. «Era un pueblo precioso pero intentaron quitárnoslo y lo van a conseguir. Porque, si no tenemos casas...», expuso esta mujer.

«Es una huella que quedará»

Tras ella intervino Rosana Fernández, alcaldesa pedánea de la aldea. «La gente del rural no se merece lo vivido y todo lo que pasó este verano. Es catastrófico», afirmó, en un discurso muy emotivo. Ver arder las casas de los ancestros «es como enterrar, nuevamente, a nuestros bisabuelos y abuelos, a nuestros seres queridos. Es imborrable. Es una huella que nos va a quedar a todos por delante. Y, por desgracia, esto es noticia verano tras verano. Ya no arden nuestros montes, nuestra fauna y ecosistema, arden los pueblos, las casas y nuestras vidas, que no son piedras. Nuestra casa tenía alma y no la vamos a recuperar. A diez días de cumplirse tres meses, San Vicente está igual», expuso Rosana.

«Llevo tres meses de papeleo, luchando con los seguros, rechazándome una ayuda. Está igual, no avanzamos», lamenta. «Estamos haciendo vida en el garaje, sin luz, y tramitando todo para poder recuperar la vida normal de un pueblo. Los vecinos que quedan están paseando entre escombros. No lo merecen, el rural no lo merece», resaltó Rosana en su intervención.

Rosana Fernández, durante su intervención.

Rosana Fernández, durante su intervención. / ROI CRUZ

A las personas «sentadas en grandes sillones en oficinas», les pide que adapten las normativas de las ciudades «a la vida del rural». El pueblo denuncia que «nos están poniendo muchísimas trabas con esa burocracia y no se está facilitando a los vecinos del rural poder recuperar su vida», reitera.

Tras tres meses sin ver avances y con estos sinsabores, no obstante la lucha no decae. «Seguimos luchando, necesitamos recuperarnos lo antes posible». Rosana dice a la Xunta que «es muy bonito venir a nuestro pueblo, hacerse fotos, prometer y prometer y sacar una orden, y ya está, pero el rural no funciona así», afirma la vecina. «Los pueblos existimos y debemos seguir existiendo, porque sin el rural no hay ciudades». Teme que tras los incendios, «un atentado contra la naturaleza y el rural», la inacción institucional aboque a la desaparición de aldeas.

El incendio redujo la aldea de San Vicente a escombros.

El incendio redujo la aldea de San Vicente a escombros. / BRAIS LORENZO / EFE

«Nunca nos enviaron ayuda, llamáramos desde donde llamáramos. Nuestro pueblo nunca estuvo perimetrado en la zona de riesgo de incendios. Nunca vinieron a apagar, la única orden que había era la de evacuar un pueblo con personas mayores, pero nunca nos enviaron ayuda. Evacuar fue muy complicado y difícil», describe Rosana al recordar aquellos días terribles.

«Las personas mayores ni siquiera pensaban que el incendio fuese a llegar al pueblo, porque están acostumbradas a que el fuego se apague en el monte. Estaba descontrolado», manifestó la vecina. El incendio de mayores dimensiones de la historia de Galicia arrasó 32.000 hectáreas en Valdeorras, y entre los daños en propiedades destaca la destrucción que sufrió San Vicente.

«Lo vivido es terrorífico. Que esto sirva para reconocer a estas personas y a tantos pueblos que vivieron las consecuencias de los incendios por una mala gestión. Que la siguiente campaña de incendios no vuelva a pasar», finalizó, en una intervención que hizo brotar lágrimas a los presentes.

El ‘Carozo’, para la Xunta

El jurado de estos premios enfocó el ‘Carozo’ en la Xunta, como administración responsable de las políticas de prevención y extinción, así como de la gestión del medio ambiente y el rural. La entrega del premio se personalizó en el delegado territorial, que no acudió.

La concesión de los galardones coincide con la inauguración, en el Ceres, de una exposición con imágenes de incendios de este verano del fotoperiodista Brais Lorenzo.

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