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El trabajo precario y la vulnerabilidad de los migrantes elevan la afluencia al comedor social

Entre 550 y 600 raciones al día de media este año | Cuarenta voluntarios –en verano son menos– prestan una labor solidaria en el servicio: “Merece la pena ayudar a quien lo necesita”

Personal del comedor social de Ourense y uno de los voluntarios, Antonio Álvarez, en el centro de la imagen.

Personal del comedor social de Ourense y uno de los voluntarios, Antonio Álvarez, en el centro de la imagen. / IÑAKI OSORIO

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Javier Fraiz

Javier Fraiz

Ourense

“Hay mucha gente trabajadora que no llega a final de mes y necesita venir al comedor social para llevarse la comida a casa”, advierte Ana Vázquez, una de las responsables del equipo que mantiene en Ourense este servicio de Cáritas, que cubre las necesidades básicas de la población más vulnerable. Este año, el comedor social reparte una media de 550 a 600 raciones diarias, con un pico de 629 registrado el 17 de mayo. Se aprecia un descenso en la afluencia desde el pasado 23 de julio –esa jornada hubo 488 usuarios–, puede que debido al cobro de la extra por parte de quienes perciben un salario o una prestación, así como por el impacto de las contrataciones de verano en sectores afectados por la estacionalidad como la hostelería.

Además del colectivo de entre treinta a cuarenta personas diarias que se quedan a comer en las instalaciones, porque carecen de un hogar o solo disponen de una infravivienda o una habitación –la mayoría son hombres, y suele haber factores asociados como problemas de salud mental o adicciones–, los perfiles habituales son los de trabajadores precarios, con ingresos bajos y que necesitan ayuda para poner un plato de comida en la mesa.

También demandan el servicio personas migrantes que sufren dificultades para hacer frente a los gastos de su nueva vida en España. Problemas que, en algunos casos, agrava la burocracia de la administración, con plazos lentos por falta de medios suficientes para acelerar el trámite.

“Desde finales de 2022 no ha habido un mes en que la media no estuviera en 550 o 600 raciones al día. Seguimos en cifras que no son normales”

“El aumento de llegadas de personas de Venezuela o Colombia ha sido constante. Si solicitan protección internacional el trámite tarda unos ocho o nueve meses. Quienes tienen una titulación de su país también deben esperar por la homologación. La demora para poder trabajar con contrato retrasa el momento de su autonomía, pero mientras tanto necesitan cubrir sí o sí unos mínimos como la alimentación”, expone Óscar Diéguez, del equipo de coordinación de programas de Cáritas.

“Desde finales de 2022 no ha habido un mes en que la media no estuviera en 550 o 600 raciones al día. Seguimos en cifras que no son normales”, avisa este profesional.

En el comedor se atienden las necesidades alimentarias básicas de las personas que piden ayuda, y además los técnicos ofrecen a los usuarios la participación en itinerarios de la ONG de la Iglesia para reforzar las competencias en formación y búsqueda de empleo, con el objetivo de lograr la autonomía.

"Siempre necesitamos manos, nunca sobran"

La labor de los trabajadores cuenta con el apoyo solidario de una red de voluntarios. Unas cuarenta personas colaboran de forma desinteresada con el comedor social de Ourense. En verano el número se reduce, por las vacaciones o, en el caso de los jóvenes, porque regresan a sus localidades tras pasar el resto del año en Ourense estudiando o trabajando. “Siempre necesitamos manos, nunca sobran, agradecemos mucho su labor”, afirma Óscar Diéguez.

Personal de Cáritas sirve una ración, ayer, en el comedor social de Ourense.

Personal de Cáritas sirve una ración, ayer, en el comedor social de Ourense. / IÑAKI OSORIO

“Prestan una ayuda impagable”, valora Beatriz Justo, responsable de voluntariado de Cáritas en Ourense. “Es muy satisfactorio ver que tanto gente joven como mayores y de mediana edad comparten, conviven y dedican su tiempo disponible a otras personas que lo necesitan”.

"Me siento útil y recibo mucho más cariño y valores que los que puedo aportar con el voluntariado"

Antonio Álvarez

— Voluntario en el comedor social

Uno de estos colaboradores desinteresados es Antonio Álvarez, un ourensano ya jubilado. Él acude al comedor social desde 2020, seis días a la semana. Su motivación es “ayudar y dedicar tiempo a otras personas que lo necesitan. Me siento útil y recibo mucho más cariño y valores que los que puedo aportar con el voluntariado”, asegura.

Antonio Álvarez es voluntario en el comedor social de Cáritas en Ourense.

Antonio Álvarez es voluntario en el comedor social de Cáritas en Ourense. / IÑAKI OSORIO

Desempeñar esta labor –enlaza– “merece mucho la pena por ayudar a quien más lo necesita”. Desde que comenzó a colaborar se siento mejor de ánimo y salud, más motivado para salir de casa y saber que tiene una tarea social que cumplir.

“Aquí siempre necesitamos manos”, reitera la responsable de voluntariado de Cáritas, “porque el comedor social es un servicio que funciona los 365 días”, recuerda. Un recurso que, pese a la mejoría de los datos macroeconómicos, sigue mostrando, con la media de 550 a 600 raciones diarias en Ourense, que la vulnerabilidad de una parte de la sociedad es aún acusada.

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