Condenado un profesor por violar a una alumna menor y vulnerable a la que sometió a sadismo
Contactó por Instagram con la víctima, sin identificarse, y tras desvelarle su identidad empezó a abusar de ella dentro y fuera del colegio | En una ocasión, le dio una paliza y la abandonó

El juicio se celebró el pasado mes de junio, a puerta cerrada, en la Audiencia Provincial. | // ALAN PÉREZ
J. F.
La Audiencia Provincial de Ourense ha condenado a 13 años y medio de cárcel a un profesor nacido en 1975 que –según considera probado el tribunal– abusó sexualmente y violó a una alumna menor de edad –a la que impartía música desde la etapa de Infantil–, con la que contactó cuando la perjudicada tenía 11-12 años, a través de la red social Instagram, sin que el adulto se identificase en esa fase inicial de la relación virtual.
El tribunal inhabilita al acusado durante 21 años y medio para ejercer cualquier profesión u oficio, sea o no retribuido, que conlleve un contacto regular y directo con personas menores de edad. Además, se le imponen 8 años y medio de libertad vigilada y la prohibición de comunicarse por cualquier medio y aproximarse a la víctima, a su domicilio, lugar de estudio o trabajo, durante 20 años y medio. Tendrá que indemnizarla con 30.000 euros. La sentencia no es firme. Cabe recurso de apelación al Tribunal Superior de Xustiza de Galicia (TSXG). El encausado negó los hechos e incluso haber sido él la persona que contactó por Instagram.
La Audiencia Provincial considera que este profesor es autor de un delito del artículo 183.2 del Código Penal, que castiga a aquella persona que “a través de internet, del teléfono o de cualquier otra tecnología de la información y comunicación contacte con un menor de dieciséis años y realice actos dirigidos a embaucarle para que le facilite material pornográfico o le muestre imágenes pornográficas en las que aparezca o se represente un menor". Además, es autor de un delito continuado de abusos sexuales a una víctima menor de dieciséis años, así como de un delito de violación.
El encausado fue el profesor de la víctima desde Educación Infantil hasta Primaria. Contactó con ella a través de Instagram cuando la menor estaba en Sexto. Lo hizo “ocultando su verdadera identidad y su aspecto”. Entre la víctima y el encausado comenzó a partir de entonces “una relación virtual en la que el acusado se presentaba como un apoyo emocional para ella, intentando ayudarla a solucionar sus problemas para, después, pedirle fotos desnuda y vídeos”. Desde que la menor tenía 12 años envió al adulto fotos desnuda y vídeos sexuales. Entonces aún desconocía que el receptor era su profesor.
Tiempo después, tras la insistencia de la víctima para que le revelase su identidad, el encausado le pidió que fuera al aula de música. Así descubrió que la persona con la que había estado comunicándose había sido su profesor de música. “La menor se quedó en estado de shock, el acusado la abrazó, le dijo que la quería mucho, que él la apoyaba, la sentó sobre sus piernas y la besó en la boca. A partir de ese momento, consiguió quedar con ella en varias ocasiones en el colegio”, indican los magistrados. Dos veces en el baño de las chicas, una ocasión en el aula de música y otra en el aula de informática.
Escondida en el maletero
La Audiencia señala que, durante esos encuentros, el acusado agredió sexualmente a la estudiante, además de propinarle “bofetadas y azotes, a modo de práctica sádica”. Posteriormente, según los hechos probados en la resolución, quedó fuera del centro escolar con ella en tres ocasiones, durante las cuales abusó de ella de forma continuada y la violó. Para citarse, le daba instrucciones, precisándole dónde estaba su coche estacionado para que se metiese en el maletero y, de esta forma, viajase escondida.
“Desde el parking la llevó a un monte y, en la segunda ocasión, cerca de una capilla, lugares donde le pegaba como práctica sádica”, afirma el tribunal en la sentencia. En una tercera ocasión, en 2021, cuando la menor había cumplido ya los 16 años, “tras quitarle la ropa, le dio fuertes puñetazos en el pecho, culo y costillas, implorándole varias veces la víctima llorando que parase, cesando el acusado finalmente en su práctica sádica”, dice la Audiencia Provincial. A continuación, la agredió sexualmente y la abandonó, “postrada, en el lugar, sin preocuparse por su estado”, añade la sala.
Fue "perfectamente conocedor de la edad y de la fragilidad emocional de la menor"
Tras este último episodio, la menor decidió bloquear al acusado en las redes sociales para no tener más contacto con él. Cuando se reanudó el curso escolar, en septiembre de 2021, expuso los hechos en el colegio. Acompañada de su padre, formuló una denuncia ante la Guardia Civil.
La Audiencia señala que el profesor fue “perfectamente conocedor de la edad y de la fragilidad emocional de la menor, derivada, principalmente, de una grave problemática familiar, presentándose como una figura de referencia y apoyo, aprovechándose de estas circunstancias”.
El tribunal recuerda que el condenado “ostentaba una posición de superioridad derivada de la diferencia de edad, su condición de docente y el ascendente que ejercía sobre la menor”.
Los magistrados destacan que la declaración de la víctima “va más allá de la verosimilitud, siendo verídica por su vívido y descriptivo relato, avalado por múltiples elementos de juicio, como son la prueba pericial tecnológica, las testificales de sus compañeras y amigas y la pericial de credibilidad del Instituto de Medicina Legal de Galicia (Imelga)”.
“Abusó de la vulnerabilidad de la víctima, de la que era perfectamente conocedor”
La sentencia considera probado que este profesor “contactó con varias menores, alumnas del mismo colegio, ocultando su identidad, sabiendo perfectamente quiénes eran ellas, así como que eran menores de 16 años, deduciéndose por el contenido de las conversaciones que el acusado se presentaba inicialmente como una figura de apoyo, para después ya pretender que las menores le enviasen fotografías o vídeos de ellas desnudas o en prácticas sexuales”.
La Audiencia Provincial de Ourense concluye que el docente “abusó de la vulnerabilidad de la víctima, de la que era perfectamente conocedor”. La sala alude, además, a que cometió un “abuso de superioridad derivado de la notable diferencia de edad, de la manipulación del acusado, que fue profesor de la menor, y del ascendente incontestable que ejerce sobre ella”.
Los jueces exponen que, si bien la paliza que el acusado dio a la víctima, “fue una práctica sádica y no para doblegar su voluntad”, no cabe duda de que con ella “creó un claro contexto de intimidación ambiental, habida cuenta de la natural reacción de la menor, implorándole llorando en varias ocasiones que cesase”.
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