Un comedor escolar con buena onda

En el CEIP Albino Núñez también se aprende a comer y la buena conducta en la mesa tiene premio: una divertida cata a ciegas que escondía delicias de remolacha y coliflor

El alumnado del CEIP Albino Núñez trata de identificar los alimentos en una cata a ciegas.

El alumnado del CEIP Albino Núñez trata de identificar los alimentos en una cata a ciegas. / Iñaki Osorio

En el CEIP Albino Núñez el comedor es mucho más que un espacio al que el alumnado acude a comer al finalizar la jornada lectiva. En este centro de O Pino, los estudiantes siguen aprendiendo cuando se sientan a la mesa y cogen cuchillo y tenedor. “Para nosotros el comedor es un aula más donde aprenden a estar, a comer y a relacionarse, y lo que hacemos es fomentar las conductas positivas”, explica Maite Sotelo Vázquez, profesora de Religión del centro y encargada del comedor.

Todo comenzó con el reto de conseguir que el alumnado fuese más colaborador y bajase el volumen a la hora de comer para atenuar el ruido. Lo que han conseguido es un espacio agradable en el que se habla bajito, se prueban alimentos poco atractivos para los niños y se celebra la dieta sana bailando con la cocinera.

"Boa onda"

La campaña se llama “Boa onda” y el objetivo se ha cumplido porque en este comedor hay muy buena onda. Como recompensa y coincidiendo con el final del curso, este jueves se celebró una cata a ciegas en la que participaron los alumnos voluntarios que dedican su tiempo de recreo a colaborar con la cocina. Como colofón, hoy todos recibirán de postre un brownie vegano de calabacín con helado de cholocate y vainilla.

Los chavales se atrevieron con todo lo que les sirvieron.

Los chavales se atrevieron con todo lo que les sirvieron. / Iñaki Osorio

Aunque ella es todo motivación, la docente Maite Sotelo atribuye el mérito a Belén Fernández Rodríguez, la nueva “supercocinera” que camufla las verduras y pone todo el cuidado en la presentación de los alimentos para que nadie rechace un plato. “Está muy implicada en la educación y eso se nota, se preocupa por que coman sano y aprendan a comer lo que les gusta menos, cuida mucho la presentación y los trata como si estuviera en el mejor restaurante del mundo”, detalla Maite. Incluso sale a bailar con ellos para celebrar que han probado algo nuevo. De hecho, el baile es parte de la rutina de “buena onda” que se ha creado en este comedor, ya que el alumnado entra con música y al final la cocinera sale a bailar una canción.

Se ha generado tal confianza entre ellos que este jueves los alumnos se atrevieron a taparse los ojos con pañoletas y comer a ciegas para adivinar los ingredientes de un menú digno de los mejores chefs en el que se sirvió brocheta de mango bañada en chocolate, brocheta de cherry, champiñón relleno de atún, bombón de remolacha, snack de garbanzo y colifor crocanti.

Los comensales tenían que adivinar los ingredientes.

Los comensales tenían que adivinar los ingredientes. / Iñaki Osorio

Esta prueba se organizó como regalo para los alumnos que durante el curso ayudaron de forma desinteresada en el comedor. “Son un grupo voluntarios permanentes, que tanto en el recreo como después de comer, echan una mano ayudando a recoger y a colocar las mesas”, explica Maite. “Desde el principio pensamos que es una conducta muy positiva para ellos, dentro de lo que es la formación integral que pretende el centro; que tengan la capacidad de ver que alguien los necesita y de echar una mano”, añade. El regalo, a propuesta de la cocinera, fue esta cata a ciegas en la que, por mayoría aplastante, triunfó el bombón de remolacha, toda una sorpresa para estos pequeños comensales.

“Tenían que probar lo que estaba en la carta y distinguir los alimentos, en cuanto los adivinaban se les destapaban los ojos y seguían comiendo. El objetivo era premiar esta buena conducta de cooperación”, explica Maite.

Olimpiadas por la convivencia

La fiesta en el comedor llegó tras la celebración de las primeras olimpiadas por la convivencia, el colofón a un proyecto integral que se desarrolló durante todo el curso en este centro y en el que cada aula trabajó sobre un país. Para finalizar, cada clase eligió un juego típico y ayer se pusieron en común en el patio.

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