Nueve horas en quirófano y otra vida

Raúl Añón recibió en abril una inesperada llamada desde la unidad de trasplantes del hospital de A Coruña: tras años de espera, había un donante para él

Raúl Añón, recién trasplantado de hígado y riñón.

Raúl Añón, recién trasplantado de hígado y riñón. / ALAN PÉREZ

Raúl Añón paseaba por Pontevedra una tarde de finales de abril cuando le sonó el teléfono inesperadamente. “Soy Charo, no te pongas nervioso, pero tienes que venirte ya a Coruña”, sonó al otro lado de la línea. Era una de las sanitarias de la unidad de trasplantes del Complexo Hospitalario Universitario de A Coruña (CHUAC). Por fin, tras años de espera, había un donante de hígado y riñón para él. “Mi mujer y yo estábamos a punto de venirnos para Ourense, pero nos tuvimos que ir directos a Coruña. Fueron dos horas de viaje con muchos nervios”, recuerda Añón. Al llegar al CHUAC, dio dos vueltas alrededor del edificio. “Tenía muchas cosas en la cabeza, en ese momento te viene todo, las cosas buenas, pero también las malas. Yo en ese momento estaba bien físicamente, y pensaba en que si me metía en la operación podía pasar algo... Pero al final, dije que sí, y todo fue bien”, valora.

La operación duró casi nueve horas. “Me hicieron los dos trasplantes a la vez, y solo puedo agradecer su trabajo a los dos equipos de médicos que intervinieron”, apunta. Tras la cirugía, estuvo tres semanas hospitalizado, hasta que pudo volver a casa. “La recuperación está siendo muy rápida, aunque todavía me queda recuperar bastante fuerza, puedo pasear, pero me canso. Necesito descansar y no coger peso durante un tiempo hasta que todo cicatrice”, comenta. Como paciente de patología renal desde hace más de una década, su dieta llevaba años siendo ya muy estricta. “Ahora tengo un poco más de libertad con la comida, aunque bueno, como ya estoy acostumbrado a comer sin sal sigo comiendo sin ella, que es mejor para la salud”, señala.

Gratitud

Añón reconoce la dificultad de asumir, a nivel emocional, la donación. “Lo he hablado con otras personas trasplantadas y creo que le pasa a la mayoría. Hay una parte de ti que se siente culpable porque piensas en que alguien ha tenido que fallecer para que tú puedas recibir los órganos. Se te pasan muchas cosas por la cabeza y estás en un momento muy sensible, sobre todo cuando todavía estás en el hospital”, explica. En ese sentido, agradece el papel del asesoramiento psicológico. “Es importante hablarlo, porque todo el proceso te deja muy revuelto, al menos a mí me dejó revuelto durante semanas. La verdad es que no sabría cómo agradecerle al donante, lo que siento es una gratitud inmensa”, señala.

Recibir los dos órganos le ha permitido dejar atrás “muchas cosas”. Desde hace más de un año, Añón realizaba la diálisis por la noche, en su domicilio. “Es cierto que era un tratamiento muy llevadero, yo me conectaba a la máquina y dormía con normalidad porque no hacía ruido, o al menos, yo no me enteraba. Por la mañana me despertaba y me desconectaba y hacía vida normal. Los médicos me dejaban descansar los fines de semana, por lo que incluso teníamos algo de libertad para irnos y dormir fuera una noche. Pero aun así, no la echo nada de menos claro, la libertad que te da no tener que conectarte cada noche no tiene nombre, el cambio de vida es muy grande”, asegura.

Estos días, los operarios de la máquina ya se la llevaron, por lo que su dormitorio también ha vuelto a la normalidad. “Estoy muy contento y muy agradecido por la donación, la verdad. Poquito a poco podré recuperar mi vida normal”, comenta.

Durante el primer año después del trasplante, Añón permanecerá a seguimiento médico por parte de los profesionales del CHUAC y, si todo evoluciona correctamente, en 2025 recibirá, por fin, el alta definitivo.

Un largo proceso

Hace más de 10 años que Añón llegó a la consulta de nefrología por molestias en el riñón. La patología fue a más, y con el paso de los años tuvo que empezar a cambiar hábitos y dejar de comer ciertos alimentos hasta, finalmente, necesitar el tratamiento de diálisis. En 2022, la situación empeoró, cuando el riñón sano comenzó a darle problemas. “La verdad es que tuve mucha suerte porque empezó a llevarme la doctora Millán, que se movió mucho para todo el tema del trasplante. Fue muy acogedora conmigo, y le agradezco mucho todo lo que ha hecho por mí en todos estos años”, explica.

Otra apoyo fundamental ha sido la Asociación para la Lucha Contra las Enfermedades Renales (Alcer), donde Añón encontró asesoramiento, terapia, compañía y amistades.

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