Cano, de voluntario a gestor en guerras

Este cooperante de la Cruz Roja lidera operaciones en Ucrania y otros países

Visitó Cruz Roja Ourense para hablar de su trabajo

Rubén Cano, durante su conferencia en Ourense.

Rubén Cano, durante su conferencia en Ourense. / Alan Pérez

El chaleco rojo de la Cruz Roja está presente en países en guerra. Detrás de esta vestimenta están profesionales como Rubén Cano, cooperante desde hace 25 años. Ayer protagonizó una tertulia en Ourense que acerca la labor de estos profesionales a voluntarios y trabajadores de la entidad social. Medio centenar de asistentes quisieron escuchar la historia de este burgalés.

Felipe Ferreiro, presidente de la Cruz Roja en Ourense, dio la bienvenida al ponente y valoró la labor de Ourense en la cooperación, misión para la que se aporta dinero desde la provincia.

Mercedes Casanova, presidenta de Cruz Roja Galicia, indicó que lo mejor que hace Cruz Roja es “prevenir y aliviar el sufrimiento humano”. “El chaleco rojo nos identifica, también en países complicados”, añadió Casanova, que recordó que Ourense fue un punto “especialmente caliente” de llegada de personas que huían de la guerra de Ucrania.

Rubén Cano, protagonista de estos cafés-tertulia, es gerente regional de operaciones en Ucrania y países afectados de la Federación Internacional de Sociedades Nacionales de la Cruz Roja y la Media Luna Roja, con base en Hungría.

Rubén Cano, durante su intervención en Cruz Roja.   | // ALAN PÉREZ

Rubén Cano, durante su intervención en Cruz Roja. | // ALAN PÉREZ / elisabet fernández

Cano habló de su labor de cooperante en 14 países durante 25 años. Estuvo en el terremoto que causó 18.000 muertos en Turquía, en las diversas crisis de Haití, en el tsunami que devastó Asia.. Más recientemente, acudió a Grecia para apoyar al millón de sirios que llegaron a Europa. “El tratamiento de los refugiados sigue siendo deplorable”, anotó.

A Turquía volvió para gestionar el programa más grande de la federación de sociedades nacionales de Cruz Roja, con intervenciones para paliar la situación de los cuatro millones de refugiados sirios.

A pesar de este currículo, Cano se quita méritos: “Me da mucho pudor, yo tengo un trabajo normal como el resto, solo soy un gestor”.

Ahora vive en Hungría supervisando la operación de Cruz Roja ante el conflicto de Rusia y Ucrania, con programas de intervención en los países de alrededor que también han sufrido el impacto de la guerra. “He comprobado que Cruz Roja allí no estaba preparada, estaban en los años 60”, confesó.

Cano recuerda que empezó en el voluntariado cuando Cruz Roja tenía una ambulancia en cada pueblo de España, en los noventa. “Mi labor de cooperante no hubiera sido posible si mi familia no me hubiera acompañado estos 25 años en la experiencia de vivir en tres continentes distintos”, subrayó el ponente, que conoció a su mujer en Cruz Roja.

Atraer a los jóvenes

Cano abordó con medio centenar de usuarios, trabajadores y voluntarios de Cruz Roja Ourense las reflexiones de 25 años en países difíciles. “La resiliencia del ser humano es infinita, lo que yo he visto frente a la guerra, a los terremotos y otros desastres es que la vida sigue, los niños siguen jugando en la calle y la gente sale adelante”, argumentó.

El cooperante añadió otra reflexión: el papel de la Cruz Roja fuera de España. “Es una gran organización, pero necesita evolución en otros países del mundo, sobre todo para llegar a los jóvenes”.

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