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Emotivo reencuentro anual de los alumnos de la década de los sesenta en Salesianos

También participaron antiguos profesores del centro y celebraron una misa por los fallecidos

Antiguos alumnos y profesores de Salesianos reunidos en el centro educativo. | // IÑAKI OSORIO

Cada año, desde el 2003, más de un centenar de antiguos alumnos y profesores del colegio Salesianos de Ourense se reúnen en las instalaciones del centro para no perder el contacto y rememorar viejas anécdotas y momentos. Todos estudiaron o estuvieron internos allí entre los años 60 y 63. “Todo empezó cuando Casimiro, un profesor que tuve, me llamó hace 20 años para decirme si nos veíamos con otros cuatro o cinco alumnos de la pandilla. Él vivía en León, pero tenía que viajar a Ourense por motivos personales. Ahí, fue cuando se me ocurrió contactar con los 190 alumnos que pasamos por el colegio en aquella época”, explica Luis Rey, uno de los impulsores de esta iniciativa.

En esta ocasión, a las diez de la mañana, cuando ya estaban todos los asistentes presentes, se reunieron con el actual director de Salesianos, Lucipino Peña. Después, Casimiro trajo al presente numerosas anécdotas que vivieron en aquellos años y nombró a los alumnos y profesores que fallecieron. A las 12.30 celebraron una misa en la capilla del colegio y para terminar se desplazaron a las instalaciones de Aixiña para comer y continuar riendo como emoción.

Este año la cifra de asistentes descendió a 77, pues los problemas de salud empiezan a ser notorios en algunos de los participantes de las ediciones pasadas, mientras que otros ya tenían compromisos cuando se les avisó de la fecha. Sin embargo, esto no desanima a Luis, sino todo lo contrario. “Voy a mantener vivo este encuentro mientras vivamos”, confiesa con orgullo. Otro de los motivos que le impulsa a mantener esta tradición es que hay alumnos que incluso se trasladan desde Oviedo, León, A Coruña y Vigo, entre otras ciudades, para no perderse la cita anual.

Una cita que Luis define como “entrañable” porque recuerdan vivencias de hace más de sesenta años “que nunca se borran de la memoria”. “Fue una época diferente, hubo momentos muy felices, pero también tristes. Yo estaba interno y solo volvía a casa en Navidad y a final de curso. Pasaba muchos meses sin mi familia, aunque los compañeros siempre nos ayudábamos entre nosotros y creábamos otra gran familia. Siempre comparo esto con la mili, pues allí también estaba solo y mis compañeros me ayudaron y ahora conservo grandes amigos”, concluye Luis.

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