La vida de la mano de un perro guía

Rosie, Taxo y Rico son los tres únicos canes de la ONCE que viven en la ciudad de Ourense | Su función es fundamental para que los invidentes puedan desplazarse

Julio, Alfredo y Marina con sus perros guías Rico, Taxo y Rosie. |   // FERNANDO CASANOVA

Julio, Alfredo y Marina con sus perros guías Rico, Taxo y Rosie. | // FERNANDO CASANOVA / aixa r. carballo

El Día Internacional del Perro Guía se celebra cada 26 de abril para divulgar el importante papel que juegan estos nobles seres vivos en la vida de una persona con discapacidad visual. En España hay novecientos cincuenta y siete. Sin embargo en la ciudad de Ourense solo viven tres: Rosie, Taxo y Rico. Llegaron desde muy lejos para cambiar la vida de Marina, Alfredo y Julio. Ahora, son sus ojos y el apoyo incondicional que les permite vivir con total autonomía.

Julio lleva más de veinticinco años confiando en un perro guía. De hecho, fue el primero de la ciudad en tener uno. “Al principio me daba miedo porque no deja de ser un animal el que te lleva, pero a día de hoy, prefiero ir con Rico antes que con cualquier persona”, confiesa este ourensano que se quedó ciego con veintiocho años por una retinitis que dañó su nervio óptico.

La situación de Alfredo es diferente, pues Taxo es el primer perro que tiene. Perdió su visión hace tan solo diez años y en poco tiempo tuvo que desarrollar la orientación y aprender a desenvolverse con el bastón. “Fue un cambio muy duro, es muy complicado saber llegar a los sitios sin ver nada. Ahora Taxo es parte de mí, si yo me doy un golpe o me hago daño noto que él lo siente, es increíble el vínculo que se crea, desde 2019 que el está conmigo no he vuelto a coger un bastón”, destaca.

Marina también lleva cuatro años con Rosie. Nació con una enfermedad genética que le redujo prácticamente la visión y en cuanto pudo solicitar el apoyo de un perro guía no lo dudó. “Es uno de los seres que más quiero en el mundo, es especial, una parte de mí. Desde que conseguí tenerla supe que nos íbamos a ayudar mutuamente”, explica.

Llegar hasta aquí no fue tarea fácil, pues aunque les entregaron a los perros adiestrados, ellos mismos tuvieron que continuar educándolos para conseguir congeniar. “La mayoría de las cosas tenemos que enseñárselas nosotros poco a poco. Con los años aprendemos a guiarlos mejor. Cuando Rico hace algo mal, vuelvo atrás, le digo ‘¡no!’ y le explico como lo tiene que hacer”, comenta Julio, el más veterano. “Además ellos entran a todos los lugares con nosotros y tienen que saber comportarse. Por eso, al principio tenemos que ser muy estrictos. No pueden llegar a un hospital y ponerse a saltar o ir a un restaurante y pedir comida”, añade Alfredo. También se tuvieron que esforzar para conseguir que los perros entiendan a donde quieren llegar cuando se desplazan por la calle. “Somos como un GPS para ellos. Si le decimos quiero ir a la farmacia ellos no saben ir. Tenemos que ir indicándole cruce derecha, cruce izquierda, busca paso de peatones y así constantemente. Son como una especie de comandos que les enseñamos previamente para que nos guíen”, indica Alfredo.

Inconvenientes en su camino

Estos tres ourensanos con discapacidad visual ahora pueden vivir con autonomía. Aun así, cada día se enfrentan a numerosas dificultades que el resto de la sociedad no contempla. “Una de las cosas que más me molesta son los dueños de algunos perros, pues muchos los llevan sueltos y no los agarran cuando nosotros pasamos por delante. Entonces se acercan a Rosie, le saltan encima, la interrumpen y es un peligro para mí. Tienen que entender que ella va concentrada y que en ese momento no es igual que el resto”, protesta Marina. Con respecto a este tema, Julio resalta que otras veces es la propia gente la que entretiene a Rico cuando están en la calle: “Hay personas que se paran a acariciarlo o lo llaman. Cuando eso pasa, sufrimos el riesgo de chocar porque el animal se desconcentra”. Alfredo cree que la educación y la incultura es otro problema añadido: “Hay personas muy agradables, pero otras no se apartan cuando pasamos. Si hay mucha gente Taxo intenta esquivar todo lo que puede, pero a veces es muy complicado”.

La situación urbanística de la ciudad tampoco les ayuda. “A día de hoy hay muchas obras empezadas que no están bien señalizadas para nosotros. Yo he chocado muchas veces e incluso me he caído”, indica Marina. “En la ciudad hay muchos semáforos con una acústica muy mala. Si hay tráfico o ruido no se escucha el sonido que nos avisa que podemos cruzar y los perros no distinguen entre rojo y verde. También hay muchos bordillos y cruces sin rebaje que les dificulta a los animales entender que realmente es un cruce”, concluye Alfredo. Sin embargo, estas dificultades no consiguen borrarle la sonrisa y continúan luchando para conseguir que se solucionen.

¿Cuándo y cómo se jubila un perro guía?

La ONCE se encarga de gestionar y conceder la ayuda de un perro guía a las personas invidentes. Los suelen entregar con un año y medio (después de que el perro esté adiestrado) y los retiran cuando cumplen aproximadamente los once años. Durante todo ese tiempo hacen diferentes revisiones para comprobar que el animal continúa cumpliendo bien sus funciones y que los dueños están contentos con él.  

Una campaña para concienciar a la sociedad

Con motivo del Día Internacional del Perro Guía la ONCE acaba de lanzar una campaña para reclamar a la sociedad la importancia de no distraer la atención de estos animales mientras caminan junto a una persona ciega, una acción que requiere de su concentración para garantizar seguridad. Para ello, ilustrará cinco millones de cupones bajo el lema ‘Ahora no. Estoy guiando’, donde un dibujo muestra cómo una persona ofrece un hueso a un perro guía con arnés para jugar con él. Además, también elaboraron una serie de recomendaciones destinadas a la ciudadanía para que sepan como comportarse. Entre ellas se incluyen no distraer a un perro guía si va con el arnés, no dale nunca de comer, no dejar nunca a otro perro suelto cerca de él, no tirar de la correa del perro a la hora de darle indicaciones a una persona invidente y jugar con ellos cuando estén en su momento de descanso.

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