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Una investigada por el crimen de una joven en O Barco atribuye a sus gatos unos arañazos

Niega implicación y afirma que no estuvo en el piso y que acudió cuando la otra sospechosa la alertó de que la víctima estaba muerta | La Guardia Civil hará un estudio de posicionamientos

La investigada, tras ser detenida en noviembre de 2021. IÑAKI OSORIO

E., una de las dos mujeres investigadas por el homicidio en O Barco de Valdeorras de Leticia Sanabria –la joven paraguaya de 29 años fue asfixiada en su domicilio en septiembre de 2021– declaró ayer en el juzgado tras la solicitud de su nuevo abogado.

La sospechosa, detenida junto a una compañera de piso de la víctima en noviembre de 2021, niega haber participado en la muerte violenta.

Asegura que no estuvo en el piso de la chica en la hora en la que se calcula que ocurrieron los hechos, sino que acudió cuando F., la otra investigada, la avisó de que había sucedido algo y era preciso avisar a una ambulancia.

En cambio, los investigadores de la Guardia Civil esgrimen la ubicación de los móviles de ambas. Alertaron a emergencias y los agentes creen que presuntamente fingieron haber intentado reanimarla y dieron aviso a las autoridades horas después del homicidio.

Los agentes especializados harán un estudio más pormenorizado de los posicionamientos. Es una de las últimas diligencias pendientes –también se permanece a la espera del informe definitivo de la autopsia– antes de que finalice la instrucción de un procedimiento cuyo enjuiciamiento competerá al jurado.

En noviembre se cumple un año de la estancia de ambas investigadas en prisión provisional. La Audiencia Provincial ha ratificado la medida en más de una ocasión, la última hace pocos meses en relación a E. En una de las ocasiones en las que el tribunal decidió mantener la privación de libertad, los magistrados apuntaron a los “indicios incriminatorios frente a la investigada de la comisión de un delito de homicidio/asesinato”.

Entre esas evidencias citaba la sala “la ubicación de la investigada en el domicilio de la víctima a través de los posicionamientos del teléfono móvil en el momento del fallecimiento, tras un elaborado estudio por parte de los agentes de la Guardia Civil instructores de las diligencias”.

Además, la Audiencia Provincial aludía a “unos arañazos en el brazo, compatibles con la participación en una riña con la víctima”. Sobre esta última cuestión, la versión que ayer manifestó la investigada es que tiene gatos en casa, y que en ocasiones la arañan.

F., la compañera de piso de la víctima, se dedicaba a la prostitución, al igual que la fallecida. E., una conocida que de vez en cuando tomaba café con ella –según sus manifestaciones de este martes–, trabajaba en el club como cocinera.

Según detalles de la investigación que trascendieron tras las detenciones, los móviles ubican a las investigadas en el lugar del crimen durante toda la noche anterior a que decidieran alertar a los servicios de emergencia y fingieran reanimar a la víctima. Además, una grabación en vídeo contradiría la versión de la compañera de piso: presuntamente volvió a la escena. Se calcula que el asesinato tuvo lugar entre unas ocho y diez horas antes de que las presuntas homicidas avisaran de su propio crimen, fingiendo además estar afectadas.

En el juzgado, F. dijo que intentó reanimar a su compañera siguiendo las indicaciones del operador de emergencias a través del teléfono. Declaró que ella y la joven estuvieron cenando juntas en casa y después se fueron a dormir a sus habitaciones.

Según su versión, se despertó y se marchó, para ir al banco y para tomar café, suponiendo que su compañera Leticia dormía. Declaró que, al regresar, la encontró muerta. Una grabación indicaría, presuntamente, que, la mañana previa a que alertara de los hechos, volvió al lugar del crimen.

La Guardia Civil bautizó el caso como ‘Operación Horus’ y practicó las detenciones de las dos investigadas dos meses después de los hechos. Entre los móviles que ha barajado la Policía Judicial figuran el económico –la víctima era el sostén de varios miembros de su familia y solía enviar cantidades a través de terceras personas–, las rencillas o los celos de índole profesional en el ámbito de la prostitución, pues la fallecida ganaba más.

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