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Buciños, escultor de afectos y emociones

El artista, definido por su estilo personal e inconfundible, recibió de la Diputacin el título de Fillo Adoptivo de la provincia: “É un honor grandísimo que non vou esquecer na vida”

Baltar entrega el título de Fillo Adoptivo al escultor Buciños. | // IÑAKI OSORIO

El escultor Manuel Buciños es desde ayer hijo adoptivo de la provincia de Ourense, una distinción que le concede la Diputación por una trayectoria plagada de méritos y por ser uno de los grandes artistas vinculados a este territorio. Nacido en 1938 en Buciños, la aldea del municipio lucense de Carballo de la que tomó el nombre, fue uno de los integrantes del Grupo Sete Artistas Galegos, con Acisclo Manzano, Arturo Baltar, Virxilio Fernández, Xaime Quessada, Jose Luís de Dios y Xavier Pousa, conocido como ‘os artistiñas’. Hizo su vida en Ourense y fue en el Museo Municipal donde colgó su primera exposición individual.

El nombramiento como Fillo Adoptivo de la provincia se celebró en el salón de plenos de la Diputación, en un acto solemne que arrancó con el sonido de la gaita entonando en el Himno do Antigo Reino de Galicia y la presencia de los seis hijos de Buciños y de representantes de sector de la cultura ourensana, institucionales y políticos, entre ellos el conselleiro de Cultura, Educación, FP e Universidades, Román Rodríguez.

En su intervención, el presidente del gobierno provincial, Manuel Baltar, le deseó “moito ánimo para que poda seguir soñando e traballando”, y salud y fuerza “para que Ourense siga desfrutando e presumindo dun creador excepcional, dun dos grandes bos e xenerosos”.

“É un honor grandísimo que non vou esquecer na vida”, agradeció Buciños, emocionado al sentirse tan arropado y querido. Solo le faltaron sus nietas, que estaban en la escuela, y Carlos Martínez, su “amigo del alma”, a quien mencionó con la voz quebrada.

La ‘laudatio’ corrió a cargo del director del Arquivo Histórico Provincial de Ourense, Pablo Sánchez Ferro, que destacó el estilo personal e inconfundible de Buciños y su libertad creativa, que ya muy joven fue elogiado por Eduardo Blanco Amor. Fue en la aldea natal de Buciños, muy de niño, cuando comprendió que su destino era ser escultor, relató Sánchez Ferro: “Un escultor de emocións e afectos capaz de captar a alma das cousas”, dijo, señalando que uno de los pilares de su vida y su escultura es la familia, que recreó en piedra, madera y bronce en grupos escultóricos.

Su primer monumento público lo colocó a principios de los setenta en Luíntra, dedicado al afilador, una obra en bronce que plasma su evolución desde la madera hasta este material, que aun hoy sigue siendo la base principal de su escultura. La excelente acogida de esta pieza le trajo encargos desde diversos puntos de Galicia y España. Destaca el monumento al libro, el primero del mundo según la Unesco con tal objeto, que se colocó en 1976, en los jardines Méndez Núñez de A Coruña, y con réplicas posteriores en Valladolid y Madrid.

Soy suyas las esculturas de Ramón Otero Pedrayo en la Praza do Correxidor; la de Blanco Amor en Bispo Cesáreo o la de Castelao en la Praza da Imprenta, en la capital, y las de Beato Sebastián Aparicio en A Gudiña o San Rosendo en Celanova.

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