Un encuentro con misioneros de Ourense organizado por el Obispado se celebró este sábado desde las 10.30 horas de la mañana en la casa diocesana de ejercicios. En el acto participó el obispo, Leonardo Lemos, y cuatro misioneros ourensanos que llevan a cabo su labor en diferentes países: Adolfo Zon, que es obispo del Alto Solimoes, en Brasil; Miguel Sotelo Dapía, misionero diocesano en Bolivia; Odilo Cougil Gil, misionero de Asia, así como Carmen Rodríguez Villar, misionera en Camerún.

Actualmente, la diócesis de Ourense cuenta con 89 misioneros repartidos por todo el mundo. Tras dos años en los que no se pudo celebrar esta jornada anual, la 43 edición de este encuentro vuelve con el lema de “Con ellos vamos todos”, una frase que resume la unión de la Iglesia para contribuir a que los misioneros puedan anunciar el Evangelio y ayudar a las personas que lo necesitan en países y zonas de riesgo que viven una grave situación de pobreza económica y crisis humanitaria.

Los protagonistas de este encuentro vuelven de los países en los que ofrecen su ayuda con motivo de las vacaciones. Se reunieron en un acto cuyo objetivo es, según la delegación de misiones de la diócesis de Ourense, “acoger, celebrar, agradecer y compartir en un clima festivo, con los misioneros que están presentes” y, además, escuchar el testimonio y las vivencias de estas personas.

Quién no se emociona al tener la presencia, un abrazo, una conversación con las personas conocidas y, sobre todo, con la familia. Las vacaciones son un momento muy bonito porque además de descansar nosotros recuperamos otras energías de los lazos más profundos que nos ayudan a vivir con más consistencia”, comenta el misionero javeriano Adolfo.

"El hambre mata más que el coronavirus y la gente prefiere luchar en la vida y no morir de hambre"

Hay un total de 10.893 misioneros españoles en todo el mundo, según la institución de Obras Misionales Pontificias (OMP). Casi el 70% se encuentran en América. Como Miguel Sotelo, que lleva 42 años siendo misionero y trabaja actualmente con presos en cuatro cárceles del sur de Bolivia, sobre las que comenta que “son el reflejo” de lo que está pasando en la sociedad, que se encuentra en una situación caótica. “Durante la pandemia, nunca hemos usado mascarilla, porque no se puede, el hambre mata más que el coronavirus y la gente prefiere luchar en la vida y no morir de hambre”, explica Miguel.

Gracias a su labor, junto con el apoyo de la Iglesia y de países como Francia, Suiza o España, han conseguido crear un centro multifuncional para el desarrollo de los presos con biblioteca, sala de escucha y psicoterapia, capilla, etcétera.

Carmen Rodríguez trabaja en el ministerio de la salud de Camerún y destaca que a pesar de que la vida es muy diferente, lo más gratificante en su caso es ver cómo las personas que acuden a los hospitales como última opción, “porque allí creen mucho en los curanderos y la medicina tradicional”, acaban curándose gracias a su trabajo.

Los misioneros corren riesgos al adentrarse en zonas conflictivas, pero para Odilo Cougil merece la pena solo por vivir con la gente, hablar su idioma y ser uno más entre ellos.

“Tratamos de testimoniar con nuestra vida, aunque no lo hagamos perfecto"

La tarea de los misioneros no es fácil, pero los cuatro que asistieron al encuentro de este sábado en Ourense coinciden en que su motivación viene de su amor por el ser humano y de su necesidad de hacer algo por los demás para ser felices.

“Tratamos de testimoniar con nuestra vida, aunque no lo hagamos perfecto. Intentamos jugarnos el tipo para ayudar a los seres humanos a ser personas y no destruirse”, apunta Miguel Sotelo.

Asistentes al encuentro con los misioneros ourensanos, celebrado en la casa de ejercicios de la diócesis. INAKI OSORIO