Suscríbete

Faro de Vigo

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

El preso asesinado recibió “al menos" 4 golpes en la cabeza con un objeto como una barra de hierro

El cotejo con una radiografía de una fractura de la que había sido operado ayudó a la identificación de Iglesias Espiño. Datan la muerte en el mes de su último permiso. "La valoración permite excluir cualquier duda razonable de que el cadáver pertenezca a otra persona"

Los forenses, en segundo plano, durante el traslado del cadáver para la autopsia. BRAIS LORENZO

Los forenses no tienen duda de que Fernando Iglesias Espiño, un preso condenado por matar a su mujer y a sus dos hijos en Gran Canaria en 1996, fue víctima de un homicidio.

Por el estado de descomposición en el que se encontraba el cuerpo, que fue soterrado en una fosa en una mina de agua, envuelto en un plástico y con dos bolsas atadas en la cabeza, los expertos datan el fallecimiento violento, de manera aproximada, en unos 4 meses antes de diciembre de 2018, cuando su cadáver fue localizado en un monte de difícil acceso en el municipio de Piñor, después de que uno de los acusados, Óscar G. L., revelara a la Guardia Civil el lugar del enterramiento, en una finca propiedad de una familiar del otro encausado, Francisco Javier G. H. Es decir, la muerte tuvo lugar en agosto, el mes del último permiso de salida de la víctima del centro penitenciario.

Los especialistas forenses Ana Losada y Fernando Serrulla detallaron este jueves, ante el jurado popular, cómo fue su intervención en el levantamiento del cadáver, así como las conclusiones sobre las causas de la muerte.

El recluso asesinado recibió “al menos” 4 impactos en la cabeza que le causaron “mucho estallido craneal”, es decir, la rotura de los huesos del cráneo en varios fragmentos. La causa fundamental de su muerte fue un traumatismo craneoencefálico.

“El traumatismo en la cabeza fue de suficiente entidad como para descartar la causa accidental, sino que fue violenta. Hay varios golpes”, subrayaron.

El cadáver fue localizado en un monte de Piñor, en diciembre de 2018. BRAIS LORENZO

"Es más fácil producir esas lesiones con un instrumento de hierro"

¿Con qué le causaron esas lesiones potencialmente mortales? Así lo explicaron los forenses: “No sabemos con certeza el objeto. Los cadáveres en descomposición son especialmente difíciles a la hora de valorar. Este tipo de fracturas en el cráneo suelen producirse con instrumentos contusos, con cierta masa o con cierta energía. El más compatible es un objeto tipo barra de hierro, y es menos probable que fuera un bate de béisbol, porque requeriría más energía. Es más fácil producir esas lesiones con un instrumento de hierro”, expusieron.

En el estudio del cadáver no se localizaron lesiones cortantes, lo que indica que el objeto utilizado no tenía filo, sino que era romo o redondeado. Si no, habría dejado marca.

Los forenses afrontaron “un pequeño problema” a la hora de identificar el cadáver. Su ADN fue comparado con el de un medio hermano –madre en común–, con lo que el resultado genético arrojó “una probabilidad no altísima, como es habitual, sino un poco más baja”, introdujeron los expertos del Instituto de Medicina Legal de Galicia (Imelga).

Los forenses: "La valoración permite excluir cualquier duda razonable de que el cadáver pertenezca a otra persona"

Se llevaron a cabo técnicas complementarias de investigación. Hubo la “fortuna”, admitieron los forenses, de que la víctima había sido operada en su día de una fractura en el fémur, tras la que le colocaron unos tornillos. Pudieron hacer un cotejo con una radiografía.

“Comparamos y confirmamos que eran exactamente la misma fractura y los mismos tornillos”, expusieron los forenses. A mayores, “tuvimos en cuenta la compatibilidad entre el sexo, edad y talla de Fernando Iglesias Espiño y el cadáver, y coincidía plenamente. También hay otro elemento importante, el circunstancial”.

El investigado Óscar G. L. condujo a la Guardia Civil “a un lugar concreto donde apareció un cadáver concreto. La valoración en conjunto permite excluir cualquier duda razonable de que el cadáver pertenezca a otra persona que no sea Fernando”.

En los análisis de ADN no se encontró ningún vestigio de los encausados

Además, la investigación de laboratorio concluyó que el cadáver era del preso. Coincidía con el perfil genético de la maquinilla de afeitar recogida en la celda, así como con un papel de su vehículo.

Tal y como certificaron los peritos en su declaración de este jueves ante el jurado, en todos los análisis de ADN no se encontró ningún vestigio físico de los encausados, tampoco en los distintos objetos que fueron incautados por si pudieran ser el instrumento homicida.

La granja de Maside gestionada por el acusado Francisco Javier a la que acudía la víctima, y donde la Guardia Civil sitúa el crimen. BRAIS LORENZO

Había serrín bajo el cadáver, pero no era de la granja de uno de los acusados

El cuerpo sin vida de Iglesias Espiño estaba en una fosa en una zona húmeda, una mina de agua. Estaba envuelto en plástico, con dos bolsas en la cabeza y soterrado con unos 40 centímetros de tierra por encima, según los forenses (a 60 de profundidad, según una guardia del servicio de criminalística).

Los forenses que acudieron al levantamiento recogieron muestras de tierra y de agua. Además, en la fosa había serrín. La cinta de embalar era de una marca de pienso de pollos. Las pruebas descartaron que el serrín coincidiera con el que se comparó en la granja de Maside, gestionada por el acusado Francisco Javier G. H., donde los investigadores creen que tuvo lugar el crimen, y donde estuvieron realizando un exhaustivo registro durante dos días, tras las detenciones.

“Nos hizo pensar que pudiera pertenecer a la granja. Se comprobó si era el mismo y se confirmó que no, había elementos morfológicamente distintos”. Los forenses añadieron que “podía ser serrín originado en el mismo lugar, por ejemplo si allí se había talado un árbol” antes de los hechos.

Últimos peritos y conclusiones

Antes de los peritos, declararon los últimos testigos. Entre ellos, una camarera que aseguró haber visto a Iglesias Espiño en su restaurante de Allariz. Según las defensas esto ocurrió después del 11 de agosto de 2018, cuando la Guardia Civil sitúa la muerte. La testigo identificó a Espiño sin duda, pero no pudo indicar la fecha exacta.

Otra de las personas que declararon fue la tía de Francisco Javier, dueña de la finca donde fue enterrada la víctima. Los posicionamientos telefónicos ubican a los acusados en la zona, el sábado 11 a mediodía. Consta una llamada de Francisco a su tía sobre las 12.

Los acusados del asesinato, en la sesión de este jueves. BRAIS LORENZO

La mujer afirma que él solía ir a comer y que Óscar también lo hizo un par de veces, además del propio Fernando. La tía negó que su sobrino sea agresivo.

Este viernes declararán varios peritos propuestos por las defensas y después está previsto que las partes –la fiscal en la acusación y las dos defensas de los acusados– expongan su informe de conclusiones ante el jurado.

Compartir el artículo

stats