Para alcanzar algunos lugares no es suficiente con desplazarse, con devorar carretera compulsivamente e invertir un par de horas, o más, hasta presentarse en persona. Las ganas de estar allí y ahora, en una ubicación determinada, están condicionadas por una necesidad. Por revivir –al menos igual, pero a poder ser mejor– una situación que nos hizo felices.

Esos sitios, pocos, se quedan con nosotros cuando nos marchamos. “Nunca pienso en el pasado / pero, a veces, / el pasado piensa en mí, / y se sienta / siempre muy suavemente en mi cara”, escribió Leonard Cohen en uno de sus poemas, ‘Días escolares’.

No son unas coordenadas exactas las que satisfacen un deseo, sino el proceso. Cuando se permitía la movilidad dentro de la provincia, aunque no en todas, en uno de los ejemplos del caos normativo con el que los gobiernos intentaban contener la pandemia al principio, como queriendo retener el aire con abrazos, recuerdo un tuit de Manuel Rivas que me emocionó.

En mayo de 2020, después del encierro en casa, el escritor pudo reconciliarse con la naturaleza en la soledad de la playa de Soesto, en Laxe, frente al océano Atlántico, que le contestaba con bocanadas de espuma, salvaje como es habitual en la Costa da Morte.

Aunque, en la publicación, él no identificaba dónde estaba, yo reconocí el lugar; viajé en un milisegundo y anhelaba el regreso. Aquel vídeo de Rivas con el mar rugiendo, con el eco del viento en el arenal, vacío, erigió en mí un deseo imperioso.

“O mar cos beizos secos. / O mar percorrendo a distancia dun puño. / O mar só como un só de jazz. / Un paxaro chego, / un cabalo azul a beber nos espellos. / O mar. / Afogando o meu corazón, / un peixe abisal, eléctrico e antigo. / Levándome como un animal dormido na area”, improvisó el escritor en la red.

Para querer un destino antes ha habido que idealizarlo, dejando que un recuerdo barnizado por la nostalgia, o una construcción mental que se basa en las referencias de lo que nos cuentan, o de lo que hemos visto por televisión o en las redes sociales, o de lo que hemos leído, hagan su trabajo durante un tiempo.

“Ya comprendo la verdad, / estalla en mis deseos”, empieza el poema ‘Solamente’, de Alejandra Pizarnik.