Fernando Pazos Miguélez no sabe cómo se pudo contagiar, pero el coronavirus entró en sus pulmones con tanta virulencia que tuvo que ser ingresado en la Unidad de Cuidados Intensivos del CHUO. “Creo que en total permanecí allí 10 días, aunque no me entubaron”, explica intentando hacer memoria desde la habitación en planta en la que se recupera ahora.

Reniega de hacer cábalas sobre si la vacuna le salvó la vida o no –tiene dos dosis puestas– pero se muestra tremendamente agradecido por los cuidados recibidos. “En casa también se contagiaron mi mujer y mi hijo pequeño. De hecho, el niño estuvo ingresado un par de días por fiebre y vómitos. Pero nada grave. Y el mayor dio negativo en las pruebas. Nos resulta raro porque convive con nosotros igual que el pequeño”, relata sobre todas esas incógnitas que aún continúan sin resolverse sobre el virus.

“Pasas miedo cuando te dicen que entras en la UCI porque no sabes si vas a salir y estás solo”

Tiene la esperanza de despedir el año con su familia porque una de las cosas que más factura pasa a los pacientes es que no pueden recibir visitas y él lleva sin ver a los suyos –más que por videollamada– desde el 13 de diciembre. “Pasas miedo cuando te dicen que entras en la UCI porque no sabes si vas a salir y estás solo”, relata sobre los días recluido. “Además, yo no soy una persona sedentaria ni tengo patologías previas. Me gusta hacer deporte, pero me cogió muy fuerte”, narra a sus 50 años y aún con restos de tos después de más de dos semanas con medicación.

Con él comparte habitación otro paciente que también pasó por la unidad de críticos y que estaba a punto de recibir la tercera dosis cuando el COVID-19 lo pilló por sorpresa en plena sexta ola. Aurelio Saínza Costa tiene 61 años y, aunque se encuentra todavía algo débil, las ganas por volver a casa son más fuertes que el cansancio.

“Creo que a lo mejor lo cogí trabajando con un compañero que había dado positivo. Después de que me lo contara, me hice una prueba en la farmacia y estuve 10 días con síntomas leves. Pero cuando me dijeron que entraba en la UCI pensé que ya no iba a salir de ahí. Mi hija me animaba para que estuviera tranquilo pero yo sé que también se preocupaba y tenía miedo. Se te hace un nudo en la garganta y no entiendes nada”, rememora sobre el mal trago.

Su mujer, que vive con él, dio negativo en las pruebas diagnósticas y sus hijos –que asistieron al domicilio a comidas familiares– tampoco se contagiaron. “¡Qué ganas de que desaparezca el virus!”, finaliza afirmando entre el agotamiento y la tranquilidad de saberse en el camino de la recuperación.

Fernando Pazos Miguélez, en el CHUO. // FDV FdV

Después de que el sábado se superase el récord de nuevos casos diagnosticados en 24 horas –desde que comenzó la pandemia– con 434 pacientes nuevos registrados, los profesionales sanitarios enfrentan con temor los próximos días por el posible aumento de ingresos hospitalarios.

En la jornada del domingo la capital contaba con un total de 1.311 personas pasando la enfermedad, siendo el núcleo con más contagiados con COVID-19. Le siguen –aunque muy por detrás en las cifras– O Barco de Valdeorras, con 187 casos activos; O Carballiño, con 143 y Verín, con 136.

Por debajo del centenar están los demás concellos y ya solo quedan seis en toda la provincia libres del virus.

El Complejo Hospitalario Universitario de Ourense es el que más sobrecarga asistencial está sufriendo a lo largo de esta sexta ola. En la actualidad hay un total de 34 personas hospitalizadas, de las cuales 7 permanecen en UCI por revertir gravedad. El hospital comarcal de Verín tiene 4 ingresados en planta y el de Valdeorras, tan solo 2.