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Faro de Vigo

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La música que el coronavirus no consiguió apagar: 535 alumnos estudian en el conservatorio

Los profesores disponen de material para poder impartir sus clases de forma virtual. // Fernando Casanova

Con leyes educativas que asfixian a todas las materias pertenecientes a las artes y las humanidades, muchos encuentran aliento en la formación extraescolar. Y aquellos que se decantan por la música en Ourense no son pocos puesto que solo el Conservatorio Profesional de Música este curso tiene 535 alumnos matriculados –algunos de ellos cursando dos especialidades–.

“El número es parecido al de los años anteriores aunque con algún descenso en especialidades en las que en principio se contaba con más estudiantes. El hecho de pasar prácticamente dos años sin poder hacer conciertos públicos, unido a la carga de trabajo cada vez mayor de los colegios e institutos, hace que muchos se planteen si son capaces de compaginar las dos enseñanzas, sobre todo en los cursos más altos de Grado Profesional”, explica José Manuel Valugo, vicedirector del centro.

Actualmente se imparten las especialidades de: acordeón, canto, clarinete, clave, contrabajo, fagot, flauta de pico y travesera, gaita, guitarra, oboe, órgano, percusión, piano, saxofón, trombón, trompa, trompeta, tuba, viola, viola da gamba, violín y violonchelo.

“La demanda casi siempre va hacia el mismo lado. Piano, sobre todo; percusión, guitarra y cuerda. Este curso no fue diferente. Pero depende también de las plazas ofertadas”, enumera.

“Durante unos cuantos cursos llegamos a tener un alumno que pasaba de los 65 años”

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En cuanto a la edad de los que se forman entre las paredes de este edificio la gran mayoría son menores de edad –desde los 8 años (algunos empiezan con 7 al cumplir en los meses finales) hasta los 17–. Sin embargo, no existe límite y en estos momentos varios alumnos superan los 40 años. “Durante unos cuantos cursos llegamos a tener un alumno que pasaba de los 65”, recuerda el también músico.

María del Carmen Valugo, antes de un concierto. // FDV Edith Filgueira

Adaptarse al COVID-19

La pandemia requirió un esfuerzo de adaptación, por parte de docentes y estudiantes del conservatorio, extraordinario. “Antes de que se produjera el confinamiento, estábamos trabajando en aulas virtuales para completar la formación del alumnado y tener a su disposición recursos on-line. Pero todo se tuvo que acelerar”, rememora.

Actualmente, el centro dispone de espacios con proyectores, ordenadores y equipos de audio suficientes para poder dar clases colectivas presenciales y a través de internet al mismo tiempo. El profesorado tiene, además, material para impartir sus clases virtualmente y se está mejorando la señal WIFI para que la conexión de múltiples dispositivos no cause problemas y lentitud en la comunicación.

“Durante estos dos años, el profesorado se ha estado formando con diversos cursos ofrecidos por la Consellería para el manejo de plataformas con las que poder ofrecer al alumnado la mejor educación posible, en caso de estar de nuevo confinados, y que pueda servirle de apoyo y complemento”, resume Valugo.

Especialmente delicada fue la adaptación a los nuevos tiempos para aquellos que están estudiando instrumentos de aire. La mascarilla es incompatible con tocar, así que los profesores disponen de pantallas protectoras individuales en las grandes agrupaciones –orquesta– y se establecieron separaciones fijas para las clases colectivas y de instrumentos de viento.

“Respecto a las formaciones, este año hemos conseguido prescindir de la semipresencialidad y los alumnos pueden acudir a clase todas las semanas al ubicarlos en otras salas que a partir de ahora comparten su uso, como la biblioteca o la sala de profesores”, valora sobre la reorganización.

Sin límites de edad

A sus 46 años, María del Carmen Valugo, no le pone límites a la música. Imparte la materia a alumnos de ESO y ya acabó piano y órgano por el conservatorio. Espera continuar siendo alumna muchos años más porque hace poco se metió de lleno en clave –otro instrumento de cuerda percutida pero que guarda bastantes diferencias con el piano–.

"Creo que la gente debería animarse a estudiar cualquier instrumento tenga la edad que tenga. Sin vergüenza”

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“Empecé en clave porque quería mantener un cierto nivel profesional que estaba perdiendo al dedicarme a la docencia. Mi trabajo es muy bonito, pero a nivel instrumental no me exige seguir mejorando. Una vez que te matriculas en algún instrumento sí necesitas dedicarle horas de estudio y perfeccionar la técnica”, explica sobre lo que la mueve a seguir formándose.

“Hay especialidades en las que los alumnos son mayores por la dificultad que implica tocarlos, como es el caso del órgano. Pero yo creo que la gente debería animarse a estudiar cualquier instrumento tenga la edad que tenga. Sin vergüenza”, finaliza.

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