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“La pandemia acentuó la precariedad pero el riesgo de exclusión ya estaba ahí”

800 personas con necesidades son atendidas en Ourense por la Fundación Juan Soñador, desde apoyo escolar a menores a inserción laboral de adultos | “Debemos acompañar a vivir, no solo a sobrevivir”

Profesionales de la Fundación Juan Soñador y uno de sus beneficiarios, en un aula del centro. // FERNANDO CASANOVA

En el vestíbulo de la sede ourensana de la Fundación Juan Soñador –una ONG vinculada al colegio Salesianos–, hay picas con una pequeña bandera sobre un mapa del mundo que marcan los países de procedencia de las personas atendidas por esta entidad debido a su situación de vulnerabilidad y riesgo de exclusión social. En lo que ha transcurrido de 2021, la fundación, en la que ejercen dieciséis profesionales de distintas disciplinas –educadores y trabajadoras sociales, abogada o psicóloga– ha trabajado con unas 800 personas, entre adultos y menores de edad, ofreciendo acompañamiento y prestando asistencia personalizada, desde apoyo escolar a la infancia –entre los 6 y los 12 años–, a clases de español y de habilidades sociales para adultos, más la búsqueda de una inserción laboral.

“Una vez se hayan cubierto necesidades básicas como la comida o la vivienda, debemos acompañar a vivir –dignificando a la persona, haciéndola protagonista de su proceso y también sensibilizando a la sociedad–, no solo a sobrevivir”, destaca Nuria García, la directora de la plataforma de Ourense de la Fundación Juan Soñador.

"Estamos notando que personas que en 2013 y 2014 ya tenían una autonomía o un proceso avanzado vuelven a sentir necesidad. La pandemia ha dejado fuera de nuevo a los que sobrevivían con un hilo muy fino"

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La finalidad principal de esta entidad del tercer sector es la promoción integral y el desarrollo personal y social de niños, adolescentes, jóvenes, familias y personas en situación de mayor vulnerabilidad por su riesgo de exclusión social.

“Intervenimos en tres ámbitos: el de la inclusión, con una atención a las personas migrantes; en el área de infancia, dando apoyo escolar, orientación familiar y apoyo psicosocial; y también en la búsqueda de empleo, mediante orientación y capacitación laboral”, explica la responsable. En lo que va de año han atendido a unas 400 personas en el área de inclusión, a 200 menores y a unas 300 personas en el itinerario de empleo.

“La pandemia no nos trajo las situaciones de riesgo, que ya existían, pero las ha acentuado todavía más, llevando a la precariedad a mucha gente”, aclara Nuria García. “Estamos notando que personas que en 2013 y 2014 ya tenían una autonomía o un proceso avanzado vuelven a sentir necesidad. La pandemia ha dejado fuera de nuevo a los que sobrevivían con un hilo muy fino”.

Los migrantes atendidos por la ONG llegan en su mayoría de lugares como Brasil, Marruecos, Venezuela o Colombia. En el último mes, la entidad está recibiendo a más personas de estos dos países latinoamericanos, “con situaciones de mucha necesidad”.

A la infancia, entre las franjas de edad de 6 y 12 años, Juan Soñador le presta apoyo escolar con actividades por la tarde, en las instalaciones de Salesianos y en el CEIP Virxe de Covadonga. Con los menores se lleva a cabo una intervención familiar, apoyo educativo e iniciativas de ocio y tiempo libre.

“Trabajamos desde su perspectiva y su protagonismo, de forma integral con los adultos. Por ejemplo, pueden estar los mayores en el programa de búsqueda activo de empleo, por la mañana, y haber atención por la tarde con los menores. Además, tenemos reuniones para una intervención familiar integral u orientación”, detalla García.

"Ahora mismo, en general, existe una gran dificultad de acceso a una vivienda digna, cada vez se está poniendo más complicado cuando no hay una nómina o existen prejuicios"

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Los migrantes atendidos por la ONG llegan en su mayoría de lugares como Brasil, Marruecos, Venezuela o Colombia. En el último mes, la entidad está recibiendo a más personas de estos dos países latinoamericanos, “con situaciones de mucha necesidad”. Juan Soñador cuenta con una vivienda de acogida con seis plazas para personas o familias en proceso migratorio, estén o no en situación administrativa regular. Lo más habitual es que primero se produzca la llegada de un miembro con idea de reagrupación familiar, pero a veces también viajan adultos y menores.

Un usuario de Juan Soñador, junto a técnicos de la ONG. // FERNANDO CASANOVA

Tener un techo es una necesidad básica cuya resolución es clave para proseguir con la evolución hasta el objetivo, la búsqueda de la autonomía. “Ahora mismo, en general, existe una gran dificultad de acceso a una vivienda digna, cada vez se está poniendo más complicado cuando no hay una nómina o existen prejuicios. Tenemos que hacer mucho acompañamiento, mediación y apuesta por la persona”, dice la directora de Juan Soñador.

La acogida a nivel social en Ourense es buena, aunque siempre falta sensibilización y educación social. Es importante seguir trabajando en esa meta y propiciar momentos de encuentro, que enriquecen y hacen abrir la mente”.

Una de las barreras para los que llegan puede ser el idioma. Entre las acciones del plan de inclusión hay formación en español, informática o habilidades sociales. En el área laboral se enseñan técnicas y habilidades para la búsqueda de un trabajo, y se organizan cursos profesionales sobre el manejo de carretillas, manipulación de alimentos u hostelería, por ejemplo.

Desde Juan Soñador instan a la administración a que recupere la atención presencial. “La brecha digital va a más, se han generalizado los trámites telemáticos. La administración está acomodada en la digitalización que trajo la pandemia y eso deja a mucha gente fuera. La presencialidad debe volver”, reclama la directora.

“Se hace un acompañamiento de la persona a través de un itinerario personalizado de inserción. Se marcan unos objetivos iniciales según su situación y desde ahí vamos trabajando con acompañamientos presenciales, citas y formación, con un itinerario”, resume García.

El tiempo de permanencia depende, incluido en el piso de acogida, de cada historia y evolución. “Estamos para atender una necesidad y acompañar en el proceso. Nuestro papel es promover la autonomía, para que puedan integrarse y hacer cada uno su proceso vital. Ponemos información, contexto y herramientas, pero las decisiones son suyas y nosotros las respetamos”, indica la directora. “El objetivo es que pasar por nuestro recurso les permita dar un paso. Si vienen de una situación de calle, que salgan al menos a una habitación. Si están en una habitación, que consigan un piso o una vivienda”, señala.

Desde Juan Soñador instan a la administración a que recupere la atención presencial. “La brecha digital va a más, se han generalizado los trámites telemáticos. La administración está acomodada en la digitalización que trajo la pandemia y eso deja a mucha gente fuera. La presencialidad debe volver”, reclama la directora.

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