Un eximán de Xinzo de Limia, M. N., de 53 años, acusado en otro procedimiento por la que fue considerada en su día como la mayor operación en España contra la falsificación de ropa, ha sido condenado en otra causa a 6 meses de prisión y 1.800 euros de multa, por un delito contra la propiedad industrial. En el juicio no comparecieron ni él, que reside en Marruecos, su país de nacimiento, ni otro acusado, que sale absuelto por falta de pruebas. La vista se celebró en ausencia de ambos, el pasado octubre.

Agentes de la Guardia Civil de Calvos de Randín le dieron el alto cuando circulaba, la madrugada del 27 de febrero de 2015, en una furgoneta en la que llevaba más de un millar de chándales, polos y pantalones falsificados. Los traía desde Portugal. El perjuicio a las marcas superó los 26.000 euros. Ralph Lauren, afectada con 9.207,44 euros, es la única que se personó. El acusado deberá indemnizarla. La sentencia no es firme y admite apelación a la Audiencia Provincial.

Las prendas tenían “un signo distintivo idéntico o confundible” con las originales, dice la sentencia. “Eran falsificaciones aptas para inducir a error”

La Fiscalía y la acusación particular solicitaron un año de prisión más multas de distinta cuantía. La defensa alegó en el juicio que el transportista acusado no sabía que los artículos fueran falsos. Para el caso de una condena, pedía la aplicación de la atenuante muy cualificada de dilaciones indebidas. La magistrada la acepta, pero como ordinaria.

El eximán llevaba en su furgoneta 341 chándales y 50 pantalones deportivos de imitación de Adidas, 400 polos de Lacoste y otros 400 de Ralph Lauren, así como dos sudaderas de Vans y seis polos de Emporio Armani. Le dieron el alto en la carretera OU-304, a la altura del kilómetro 7. El letrado de Ralph Lauren dijo en el juicio que la imitación de su marca del caballo era difícil de distinguir.

El análisis pericial de las empresas concluyó que las prendas no habían sido fabricadas por ellas. Tenían “un signo distintivo idéntico o confundible” con los originales, dice la sentencia. “Eran falsificaciones aptas para inducir a error”.

La magistrada afirma que el acusado sabía que lleva ropa de imitación. La propia defensa aportó una factura de compra de los artículos “a precios ínfimos; es evidente que era conocedor” de la falsedad, argumenta la jueza, que además recuerda que “no es la primera vez” que el eximán está involucrado en delitos similares, y que circulaba de madrugada, “en un marco de clandestinidad”. Podría haber obtenido con su venta –presumiblemente, en mercadillos– un beneficio económico de 26.050,61 euros.