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Dolores y Dorinda, la suma de dos siglos de longevidad

Estas hermanas de Beariz de 102 y 98 años son dos de los rostros del envejecimiento activo –tienen animales y huerta– de Ourense, que cuenta con el doble de centenarios que hace una década: 367

Dorinda (de pie) y Dolores Barros Rivas, hermanas de 98 y 102 años, en su casa de Beariz. // FERNANDO CASANOVA

Luce el anticiclón de octubre y la estampa radiante de las primeras horas de la tarde es una buena metáfora de la saludable longevidad que atesoran las hermanas Dolores y Dorinda Barros Rivas, de Doade, una aldea de unos 75 habitantes en el municipio de Beariz. Suman memoria y edad, dos siglos en el mundo entre ambas, con una vitalidad física y mental que engaña al paso del tiempo.

Con 102 y 98 años, son dos de las protagonistas del envejecimiento saludable y activo en Ourense, el territorio que, después de Zamora, presenta la edad media más elevada de toda España: 51,28 y 50,99 años, respectivamente. El dato de todo el país es de 43,82 y la media de Galicia, 47,77.

En la última década, el número de centenarios de la provincia se ha duplicado: había 172 en el año 2010, 274 en 2015 y 367 en 2020, el último ejercicio del que ofrece datos, por el momento, el Instituto Galego de Estatística (IGE). Beariz es, junto a Gomesende, el municipio de Ourense que tiene una mayor proporción de centenarios: un 1% del censo. Hay diez personas que superan el siglo de vida en Beariz, cuya cifra de población no llega al millar de vecinos. En Gomesende, donde residen unos 700, el número de centenarios asciende a ocho.

“Os domingos, algunhas veces, toman viño sen alcol e, outras veces, con gasosa”

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Dorinda recoge las nabizas para cocinar, este sábado, uno de sus platos favoritos: el caldo. Con la espalda desgastada por una vida de trabajo desde bien joven –entre otras labores, estuvo en la mina– ya no usa el sacho –de esa labor se encarga su hija Fe Merelles, de 74 años–, pero todavía ayuda a retirar los hierbajos de la huerta de la casa, una despensa de proximidad que ofrece una alimentación equilibrada a estas dos centenarias de larga vida: cebollas, pimientos, berzas, puerros, garbanzos, lechugas...

Dorinda Barros, de 98 años. // F. CASANOVA

Las dos hermanas han vivido juntas siempre, salvo durante el periodo de emigración en Venezuela de la mayor, Dolores, que cumplirá 102 años el próximo 1 de diciembre

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¿Cuál es la fórmula de este envejecimiento con salud, el secreto de las hermanas Barros Rivas? “O estilo de vida, estar no monte sempre”, zanja Dorinda. Su hija Fe admira su capacidad de esfuerzo desde niña. “Traballou desde sempre. Con 14 ou 15 anos foi xa para a mina, ás estradas, a facer labores do campo”, señala.

Dos veces por semana –cuenta la septuagenaria–, su madre y su tía comen pescado. “O caldiño gústalles moito”, añade. En una vida saludable que alcanza los tres dígitos queda margen, ocasionalmente, para darse algún capricho. “Os domingos, algunhas veces, toman viño sen alcol e, outras veces, con gasosa”, dice Fe.

“Casarme? Non ho! Nin nada perdín por iso”

Dolores Barros - 102 años

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“Eu non coñecín a miña nai. Somos fillas de solteira e eu tiña 20 meses cando ela morreu”, cuenta la mujer de 98 años. Las dos hermanas han vivido juntas siempre, salvo durante el periodo de emigración en Venezuela de la mayor, Dolores, que cumplirá 102 años el próximo 1 de diciembre. “Mellor estaba alí, pero houbo que vir porque os anos ían caendo encima. Alí facía as cousas da casa, cociñaba, ía de compras cando non ían os señores... Cando me fartei de estar alí, porque de cartos non me puxen rica, viñen”, recuerda esta centenaria de Beariz. “Cando marchou para Venezuela tería trinta e tantos anos, botou alí máis de vinta e despois volveu”, completa su sobrina Fe.

Agora, aínda que me manden traballar, perden o tempo. Na horta hai anos xa que non boto a sacha. Teño tanto descanso que xa non levo a conta”, contesta con retranca Dolores, siempre soltera en su vida, y tan feliz. “Casarme? Non ho! Nin nada perdín por iso”, sonríe.

Dolores Barros cumplirá 102 años el 1 de diciembre. // F. CASANOVA

Las hermanas se levantan entre las nueve y las diez de la mañana, antes de que llegue una trabajadora que se encarga de la limpieza y de hacer las camas. Porque Dorinda aún cocina y también cuida de las cuatro gallinas y el gato de la casa. Nada exigente en comparación con momentos duros que, en un siglo de vida, han conocido de cerca.

“Na vida hóuboas negras, como tres anos de guerra e as necesidades. Pasábase estreitamente moitas veces. Se agora nos queixamos é de broma”

Dorinda Barros - 98 años

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Son testigos de la transformación de España, desde los años veinte del siglo pasado hasta el presente. Con la huerta, el aire libre y el apoyo familiar han superado sin sobresaltos otro momento histórico: la pandemia de coronavirus.

“Grazas a Deus non se contaxiaron. Arredor de casa teñen un sitio moi bo, cunha eira grande que é onde botan as galiñas. E por alí andaban sen máscara, sen ter que saír da súa normalidade, porque ao súper e aos recados ía eu, e a consulta co médico era por teléfono”, explica la hija y sobrina.

“Na vida hóuboas negras, como tres anos de guerra e as necesidades. Pasábase estreitamente moitas veces. Se agora nos queixamos é de broma”, finaliza Dorinda.

Las hermanas Barros, dos siglos de vida entre las dos. // F. CASANOVA

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